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Alguien preguntó cierta vez
a 'Abdu'l –Bahá:
¿Porque los santos
eran santos?
Él respondió:
"Porque ellos estaban radiantes
cuando era difícil estar radiante,
paciente,
cuando era difícil ser paciente
y porque ellos continuaron
cuando querían parar
y silenciaron
cuando querían hablar
y fueron armoniosos
cuando querían ser discordantes.
Esto era todo.
Era bien simple y siempre será."
Ahora cabe preguntarnos ¿es fácil ser santo?, cada uno tiene
la respuesta, pero no podemos negar que es un reto emocionante y a la
vez necesario si queremos
transformar y mejorar el mundo.
“El mejoramiento del mundo puede ser logrado por
medio de hechos puros y hermosos, por medio de una conducta loable y
correcta”.[i]
Durante toda la historia de la humanidad, el hombre siempre ha
buscado llegar a la santidad,
y ha seguido muchos caminos, entre los cuales tenemos a aquellos que se
aislaron del mundo y se alejaron de todo para desarrollar solos la
santidad, viviendo en las montañas, en cuevas o en los bosques. Pero,
¿es posible desarrollar la santidad aislándose del mundo?, dejemos que
‘Abdu´l-Bahá nos oriente al
respecto:
“Algunas de las criaturas de la existencia pueden
vivir aisladas y solas. Un árbol, por ejemplo, puede vivir sin ayuda y
cooperación de los otros árboles. Algunos animales son solitarios y
llevan una existencia separada de los miembros de su clase. Pero esto es
imposible para el hombre. En su vida y existencia la cooperación y la
asociación son esenciales. Mediante la asociación y la reunión
encontramos felicidad y desarrollo, tanto colectivo como individual”.[ii]
…El hombre ahora
ha de imbuirse con nuevas virtudes y poderes, nuevas pautas morales,
nuevas capacidades. …Los
dones y bendiciones del periodo de juventud, aunque apropiados y
suficientes durante la adolescencia de la humanidad, ahora son incapaces
de satisfacer los requerimientos de su madurez.”[iii]
Desarrollar la santidad es quizás la etapa más alta de
desarrollo espiritual en un ser humano y ese desarrollo sólo puede
lograrse viviendo en una comunidad, como nos dice ‘Abdu’l-Bahá en
la cita anterior.
También tenemos ejemplos de aquellos santos del pasado que se
desprendieron de todo y se dedicaron a servir a sus semejantes.
Cabe preguntarnos ¿Es necesario buscar la santidad en esta época?
o como dicen muchos ¿los santos son para el pasado?
Es necesario encontrar respuestas a muchas preguntas
para las que el hombre nunca encontró una respuesta
satisfactoria; por ejemplo ¿Qué es el hombre?
“El hombre es el talismán supremo. Sin embargo, la
falta de una educación adecuada le ha privado de aquello que
inherentemente posee. Por una sola palabra procedente de la boca de
Dios, fue llamado a existir; por una palabra más, fue guiado a
reconocer la fuente de su educación; por otra palabra aún, su posición
y destino fueron asegurados”.[iv]
También nos
preguntamos ¿Cuál es nuestra posición y cuál es nuestro destino?
Son interrogantes difíciles de responder, pero sigamos
acudiendo a los Escritos Sagrados:
“Habiendo creado el mundo y todo lo que en él vive
y se mueve, Él, por intermedio
de la acción directa de su irrestringida y soberana Voluntad, escogió
conferirle al hombre la singular distinción y capacidad de conocerle y
amarle, una capacidad que debe necesariamente ser considerada el impulso
generador y el objetivo primordial que sostiene la creación entera...
Sobre la más íntima realidad de cada cosa creada, Él ha derramado la
luz de uno de Sus nombres y la ha hecho un recipiente de la gloria de
Sus atributos. Sobre la realidad del hombre, sin embargo, Él ha
concentrado el esplendor de todos Sus nombres y atributos y ha hecho a
ésta un espejo de Su
propio ser. De todas las cosas creadas sólo el hombre ha sido escogido
para recibir tan grande favor y tan perdurable generosidad”.[v]
Ahora, cabe preguntarnos ¿Por qué el hombre fue escogido
para recibir tan grande favor? y ¿Qué debemos hacer entonces?
“...No descanséis, no busquéis reposo, no estéis
apegados a las lujurias de este mundo efímero, libraos de todo apego, y
esforzaos con corazón y alma para estableceros completamente en el
Reino de Dios. Ganad tesoros celestiales. Día tras día sed más
iluminados. Acercaos más y más al umbral de la
unidad”.[vi]
Y es más:
“Es decir, tiene que reducir a nada todo lo visto, oído
o entendido para poder así entrar al reino del espíritu, que es la Ciudad de Dios. Es necesario el
esfuerzo, si hemos de buscarlo; necesario es el fervor, si hemos de
gustar la miel de la reunión con Él; y si
probásemos de esta copa, desecharíamos el mundo”.[vii]
¿No creen que todo lo estudiado hasta ahora nos hace ver que
es nuestro deber desarrollar la santidad?
Ahora bien, para tener un mejor entendimiento de porque
debemos buscar la santidad, es necesario conocer cual es nuestra
identidad, es decir quienes somos. Nuevamente, recurrimos a 'Abdu'l-Bahá
“En el
hombre existen dos naturalezas: su naturaleza espiritual y su naturaleza
inferior o material. Por
medio de la una se acerca a Dios, y con la otra vive para el mundo
solamente. Signos de estas dos naturalezas se encuentran en los hombres.
En su aspecto material demuestra falsedad, crueldad, injusticia;
todas estas son consecuencias de su naturaleza inferior.
Los atributos de su naturaleza divina se demuestran en amor,
misericordia, bondad, verdad y justicia, uno y todas son la expresión
de su naturaleza superior. Todos
los buenos hábitos, todas las buenas cualidades pertenecen a la
naturaleza espiritual del hombre. Mientras
que todas sus imperfecciones y acciones pecaminosas nacen de su
naturaleza material. Si la naturaleza divina del hombre domina su naturaleza
humana, entonces tenemos un Santo.”[viii]
Queda claro que para
lograr la santidad, tenemos que desarrollar nuestra naturaleza superior
o espiritual de tal manera que domine nuestra naturaleza inferior.
Nuevamente recurrimos
a la Sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá y encontramos que:
“El hombre
tiene el poder de cometer buenas y malas acciones; si su poder para lo
bueno predomina y sus inclinaciones al mal son vencidas, entonces el
hombre puede llamarse santo. Pero si por el contrario, desprecia las
cosas de Dios y permite que sus malas pasiones lo dominen, entonces no
será mejor que cualquier animal”.[ix]
Ahora bien, ¿cómo
empezar esta búsqueda?, sigamos recurriendo a los Escritos Sagrados
para tratar de encontrar respuestas y guías que nos
ayuden en nuestro propósito:
“La Veracidad es la base de todas la virtudes humanas”[x]
Entonces vemos que lo
primero que debemos desarrollar es la veracidad, pero eso no es todo, ahí empezamos el camino.
Sigamos recurriendo a
los Escritos Sagrados y veamos que
condiciones necesitamos en nuestra búsqueda de la santidad
“Palabras
santas y acciones puras y buenas ascienden al cielo de gloria divina” [xi]
¿Cómo debe ser nuestro lenguaje entonces?, ¿Cómo sería un
lenguaje santo? y ¿Qué debe caracterizar nuestras acciones?
Nuestro viaje en la búsqueda de la santidad es largo y nos
veremos enfrentados a muchas dificultades que debemos superar. La
codicia y el egoísmo son dos pruebas
que hay que vencer, ¿Cómo hacerlo?
“El desprendimiento es igual al sol, en cualquier
corazón donde brilla, apaga el fuego de la codicia y del egoísmo.
Aquel cuya vista está iluminada con la luz de la comprensión
seguramente que se desprenderá del mundo y de sus vanidades... No dejes
que el mundo y su maldad te hieran. Feliz aquel cuyas riquezas no lo
llenan de vanidad, ni la pobreza de dolor”.[xii]
La murmuración es
otra prueba que nos acecha a cada instante y hay que tener mucho cuidado
pues viene disfrazada de muchas formas. En Palabras Ocultas, Bahá’u’lláh
nos da un camino:
“¡Oh Compañero de Mi Trono! No escuches la maldad,
ni mires la maldad; no te rebajes, no suspires ni te lamentes. No digas
nada malo para que eso mismo no llegue a tus oídos; no agrandes las
faltas de los demás, para que tus propias faltas no sean agrandadas; no
desees la humillación de nadie, para que no sea expuesta tu propia
humillación . Vive entonces los días de tu vida, que no son más que
un momento efímero, con mente inmaculada, corazón sin mancha,
pensamientos puros y carácter santificado, para que libre y contento te
desprendas de este cuerpo terrenal, y te encamines hacia el paraíso místico,
y habites para siempre en el reino inmortal”.[xiii]
En nuestra búsqueda de la santidad, debemos estar dispuestos
a llegar al sacrificio, por ello la necesidad de fortalecernos
constantemente en el amor a Dios.
Nuevamente ‘Abdu’l-Bahá
nos sigue guiando en nuestra búsqueda:
“O sea, el hombre debe hacerse evanescente en Dios.
Debe olvidarse de sus propias condiciones egoístas para poder
elevarse a la posición de sacrificio.
Debe ser a tal grado que si duerme, no debe ser por placer sino
para descansar el cuerpo para funcionar mejor, hablar mejor, explicar
con más belleza, servir a los siervos de Dios y probar las verdades.
Mientras permanece despierto, debe buscar ser atento, servir la
Causa de Dios y sacrificar su propia posición por la de Dios.
Cuando alcance esta posición, las confirmaciones del Espíritu
Santo con seguridad le llegará, y el hombre con este poder puede
resistir a todos los que habitan la tierra.” [xiv]
“Hasta que un ser no asiente su pie en el llano del
sacrificio, se hallará privado de todo favor y de toda gracia; y este
llano del sacrificio es el dominio de la muerte del yo, para que el
resplandor del Dios viviente pueda entonces fulgurar”.[xv]
En todo momento de nuestra búsqueda tenemos la bendición de
conversar con nuestro creador, entonces nunca estaremos
solos. ‘Abdu’l-Bahá nos dice:
“Nada hay más dulce en el mundo de la existencia
que la oración. El hombre debe vivir en un estado de oración. La
condición más bendita es la condición de oración y súplica. La
oración significa conversar con Dios. La mayor realización o el estado
más dulce no es otro que la conversación con Dios. Esta crea
espiritualidad, crea atención y sentimientos espirituales, produce
nuevas atracciones del Reino y engendra las susceptibilidades de una
inteligencia superior”. [xvi]
La siguiente oración de ‘Abdu’l-Bahá puede acompañarmos
durante nuestra búsqueda
“¡Oh Señor! Soy débil, fortaléceme con tu poder y tu
potencia. Mi lengua vacila,
permíteme expresar tu conmemoración y alabanza.
Soy humilde, hónrame admitiéndome en tu reino.
Estoy alejado, haz que me acerque al umbral de tu
misericordia.” [xvii]
Ahora que vamos encontrando el camino de la santidad, ¿Qué
debemos hacer?
Nuevamente ‘Abdu’l-Bahá nos da la respuesta
“Espero, de las bondades del Exaltado, el Vivificador de
las almas, que no descanses ni un momento sino que palpites
constantemente como la pulsación de una arteria en el cuerpo del mundo,
para infundir el espíritu de vida en las almas y hacer que la gente se
eleve al cenit del Reino.” [xviii]
Es evidente que tenemos una gran responsabilidad por delante; por ello en todo momento debemos
recordar y tener como ejemplo a nuestro amado Maestro y que su
maravillosa vida nos ilumine:
“Seguid los pasos de 'Abdu'l-Bahá y, en el sendero de la
Belleza de Abhá, anhelad ofrendar vuestra vida en todo momento.
Resplandeced como el sol, sed incansables como el mar; al igual
que las nubes del cielo, derramad vida sobre campos y colinas y, como
los vientos de abril, insuflad el frescor a través de esos árboles
humanos y haced que florezcan.”[xix]
Estoy seguro que el estudio realizado ha despertado en
nosotros el deseo de iniciar la búsqueda de la santidad, por ello los
invito a formar “la nueva raza de hombres”, forjadores de una nueva
civilización, que con la confianza en la Asistencia Divina empecemos la
transformación personal y lleguemos a plasmar en la realidad la frase
de ‘Abdu’l-Bahá “de
átomos a soles” , ayudando a la humanidad a acercarse un paso más al
umbral de la civilización de Bahá’u’lláh,
a través de nuestro ejemplo y la promoción de la Palabra de Dios.
Quiero despedirme con la siguiente pregunta:
¿Es nuestro deber buscar la santidad?
NOTAS:
[i] Bahá’u’lláh, El
Advenimiento de la Justicia Divina, Shoghi Efendi, p. 40
[ii] ‘Abdu’l-Bahá, La
Promulgación de la Paz Universal, p. 40
[iv] Bahá’u’lláh, Pasajes
CXXII p. 172-173
[v]
Bahá’u’lláh, Pasajes XXVII p. 42
[vi] ‘Abdu’l-Bahá, Tablas
del Plan Divino, p 56-57
[vii]
Bahá’u’lláh, Los Siete Valles y Los Cuatro Valles, Valle de la
Búsqueda.
[viii]
‘Abdu’l-Bahá,
La Sabiduría de ...
[ix]
‘Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de
‘Abdu’l-Bahá, p. 65
[x] Bahá’u’lláh, El
Advenimiento de la Justicia Divina, Shoghi Efendi, p. 41
[xi] Bahá’u’lláh, Las
Palabras Ocultas N° 69 (Persa)
[xii] El Divino Arte de Vivir,
p. 81
[xiii] Bahá’u’lláh, Las
Palabras Ocultas N° 44 (persa)
[xiv]
Tablas de Abdu'l-Bahá Abbás, vol.
2, pág. 460.
[xv] ‘Abdu’l-Bahá, Selección
de los Escritos, N° 36 p
77
[xvi]
‘Abdu’l-Bahá, citado en Libro 1 de Ruhi p. 25
[xvii]
'Abdu'l-Bahá. Oraciones Bahá'ís, Editorial Bahá'í España, pág.
173.
[xviii]
Tablas de Abdu'l-Bahá Abbás, vol.
3, pág. 727.
[xix]
Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá, pág.
248.
(*)
Profesor de Educación Secundaria. Miembro de la Comunidad Bahá'í de
Lima.
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