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. Dispensación de Bahá'u'lláh
Abstract:
Spanish translation of Dispensation of Bahá'u'lláh.
Classified in Bahá'í Writings and Books.
Written in Spanish.

Dispensación de Bahá'u'lláh

by Shoghi Effendi

REPÚBLICA ARGENTINA
COMITÉ DE PUBLICACIONES BAHA'fS PARA LA AMÉRICA LATINA. - PERú 428, DEP. "A"
EDITORES
Publicado mediante convenio con el Comité de Publicaciones Babá'ís. Wilmette (Illinois), E.U. de A.
Hecho el depósito que marca la ley Todos los derechos reservados
2DA. EDICION
11 EDICIÓN EN CASTELLANO PUBLICADA POR: BAHÁ'i PUBLISHING COMMITTEE 110 LINDEN AVENUE
WILMETTE, ILLINOIS 1942
GERÓNIMO J. PESCE & Cía. - IMPRESORES. - P. Goyena 1562/68, Bs. Aires
i       A los amados de Dios BAHÁ'U'LLÁH

y a las doncellas del Misericordioso de todo el Occidente.
Hermanos de labor en la Viña Divina:
El 23 de mayo de este auspicioso año ( * ) , el mundo Bahá'í celebrará el décimo noveno aniversario de la fundación de la Fe de Bahá'u'lláh. Nosotros, que en esta hora nos encontramos de pie sobre el umbral de la última década del primer siglo de la era Bahá'í, bien podemos detenernos a reflexionar sobre las misteriosas dispensaciones de tan augusta y trascendental Revelación. ¡Cuán vasto, cuán fascinante es el panorama que la revolución de nueve décadas despliega ante nuestros ojos! Su elevada grandeza casi nos anonada. El contemplar meramente este espectáculo único en su género, el visualizar escasamente las circunstancias que asistieron al nacimiento y al gradual desenvolvimiento de esta suprema Teofanía, el recordar nada más que a grandes rasgos las dolo
(*) Escrito en 1934.
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rosas luchas que proclamaron su origen y aceleraron su marcha, ha de bastar a todo observador imparcial para convencerlo de esas eternas verdades que motivan su vida y que han,de continuar impulsándola hasta que alcance el ascendiente a que está destinada.
Dominando toda la extensión de este fascinante espectáculo, sobresale la incomparable figura de Bahá'u'lláh, trascendental en Su majestuosidad, serena, de una grandiosidad anonadadora, incomparablemente gloriosa. Unida a ella, aunque subordinada en rango e investida con la autoridad de presidir con Él sobre los destinos de esta suprema Dispensación, brilla en este cuadro mental la gloria lozana del Báb, infinito en Su ternura, irresistible en Su encanto, sin igual en Su heroísmo, incomparable en las dramáticas circunstancias de Su vida corta pero llena de acontecimientos. Y finalmente surge, aunque en un plano propio y en una categoría completamente aparte de la ocupada por las dos Figuras gemelas que Le precedieron, la vibrante y magnética personalidad de `Abdu'1-Bahá, reflejando, hasta un grado tal que ningún hombre, por más exaltada que sea su posición puede esperar rivalizar, la gloria y poder de que sólo están dotados Aquéllos que son las Manifestaciones de Dios.
Con la ascensión de `Abdu'1-Bahá y, más particularmente, con la muerte de Su bien amada e ilustre hermana La Exaltadísima Hoja, última sobreviviente de una heroica y gloriosa edad, se cierra el más
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conmovedor capítulo de la historia Bahá'í, marcando el final de la era Primitiva y Apostólica de la Fe de Bahá'u'lláh. Fué `Abdu'1-Bahá Quien, por medio de Su importante Testamento, estableció el vínculo vital que ha de unir para siempre la era que recién expiró con aquella en la cual ahora vivimos, que es el período de Transición y de Formación de la Fe, etapa que en la plenitud del tiempo ha de llegar a florecer y dar frutos con las hazañas y triunfos que han de anunciar la Edad de Oro de la Revelación de Bahá'u'lláh.
Carísimos amigos: Las impetuosas fuerzas liberadas tan milagrosamente por medio de dos independientes e inmediatamente sucesivas Manifestaciones, van siendo ahora, ante nuestros propios ojos, gradualmente agrupadas y disciplinadas, gracias al cuidado de los elegidos mayordomos de una Fe de tan vastos alcances. Dichas fuerzas se van cristalizando lentamente en instituciones que llegarán a ser consideradas como el distintivo y la gloria de la era que estamos nosotros llamados a establecer e inmortalizar con nuestras obras. Pues de los esfuerzos que hagamos hoy en día y sobre todo del grado hasta donde tratemos de reformar nuestras vidas conforme al modelo de sublime heroísmo asociado con aquéllos que se fueron antes de nosotros, ha de depender la eficacia de los instrumentos que ahora modelamos, instrumentos que han de erigir la estructura de ese bienaventurado Estado que ha de distinguir a la Edad de Oro de nuestra Fe.
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No es mi propósito, al mirar atrás hacia esos años pletóricos de hechos heroicos, tratar de hacer tan siquiera un escaso resumen de los poderosos acontecimientos que han ocurrido desde 1844 hasta nuestros días. Ni tengo tampoco intención alguna de analizar las fuerzas que los han precipitado, o evaluar su influencia sobre gentes e instituciones en casi todos los continentes del globo. La biografía auténtica de las vidas de los primeros creyentes durante el período primitivo de nuestra Fe y la investigación asidua que emprenderán los competentes historiadores Bahá'ís del futuro, transmitirán juntos, a la posteridad, una exposición tan magistral de la historia de dicha época, que jamás podrían mis propios esfuerzos pretender realizar. Mi mayor interés en este período de ruda prueba de la historia Bahá'í, es más bien el de llamar la atención de aquéllos que están destinados a ser los principales constructores del Orden Administrativo de Bahá'u'lláh Jiacia ciertas verdades fundamentales cuya elucidación ha de serles de tremenda ayuda para proseguir eficazmente su importante obra.
La posición internacional que ya ha alcanzado la Religión de Dios exige imperiosamente, además, que sus principios básicos sean ahora definitivamente esclarecidos. El ímpetu sin precedentes que la brillante obra de los creyentes norteàmericanos ha dado al progreso de la Fe; el intenso interés que el primer Mashriqu'1-Adhkár en occidente está despertando rápidamente entre diversas razas y naciones; el
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surgimiento e incesante consolidación de instituciones Bahá'ís en no menos de cuarenta de los países más adelantados del mundo; la diseminación de literatura Bahá'í en no menos de veinticinco de los más difundidos idiomas; el éxito con que recientemente fueron coronados los esfuerzos de los creyentes persas en toda la nación, en los primeros pasos dados para establecer el tercer Mashriqu'1-Adhkár del mundo en los alrededores de la capital de su país nativo; las medidas que se están -tomando para la inmediata formación de su primera Asamblea Espiritual Nacional, representando a los intereses de la enorme mayoría de adherentes Bahá'ís; la ereccion ya proyectada de aun otra columna más de la Casa Universal de Justicia, que será la primera en su género en el hemisferio meridional; los testimonios verbales y escritos que una Fe que se esfuerza ha recibido de reyes, instituciones gubernamentales, tribunales internacionales y dignatarios eclesiásticos; la publicidad que ha recibido con motivo de las acusaciones dirigidas contra ella por enemigos implacables antiguos y recientes; la formal emancipación de una parte de sus creyentes de las cadenas que la ataban a la ortodoxia musulmana en un país que puede considerarse como el más ilustrado de entre las naciones islámicas; todo esto prueba ampliamente el creciente impulso con que la invencible comunidad del Supremo Nombre avanza hacia la victoria final.
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Carísimos amigos: En virtud de las obligaciones y responsabilidades que como Guardián de la Fe de Bahá'u'lláh estoy llamado a desempeñar, considero de mi incumbencia, en tiempos en que la luz de la publicidad es enfocada cada vez más sobre nosotros, poner especialmente de relieve ciertas verdades que forman la base de nuestra Fe, la integridad de las cuales es nuestra obligación primordial salvaguardar. Estoy convencido que la valiente defensa y la debida asimilación de estas verdades reforzarán poderosamente el vigor de nuestra vida espiritual y serán de grande ayuda para contrarrestar las maquinaciones de un implacable y vigilante enemigo.
Estoy firmemente convencido de que debe mantenerse como primera obligación y como objeto del incesante esfuerzo de todo fiel adherente, el tratar de adquirir una comprensión más adecuada del significado que tiene la estupenda Revelación de Bahá' u'lláh. Una comprensión cabal y exacta de tan vasto sistema, de revelación tan sublime, de custodia tan sagrada, está mas allá, por obvias razones, del alcance y poder de nuestras mentes finitas. Pero podemos, y es nuestro deber ineludible mientras trabajamos en la propagación de Su Fe, tratar de conseguir nueva inspiración y mayor sostén, mediante una concepción más clara de las verdades que ella entroniza y de los principios en que ella está pasada.
En el curso de mi explicación acerca de la posición del Báb, en una comunicación dirigida, a los cre
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yentes norteamericanos, hice una ligera referencia a la incomparable grandeza de la Revelación de la cual Él se consideraba su humilde Precursor. Él, á Quien Bahá'u'lláh aclamó en el Kitáb-i Ígán como el prometido Qá'im que ha manifestado nada menos que veinticinco de entre las veintisiete letras que todos los Profetas estaban destinados a revelar, siendo Revelador tan grande, ha dado Él mismo testimonio acerca de la pre-eminencia de esa Revelación superior que tan pronto había de reemplazar a la Suya. "El germen", asevera el Báb en el Bayán Persa, "que contiene dentro de sí las potencialidades de la Revelación que vendrá, está dotado de un poder superior al conjunto de las fuerzas de todos los que me siguen." "Entre todos los tributos," - Él afirma nuevamente, "que yo he hecho a Aquél que vendrá después de Mí, el más grande es éste, Mi confesión escrita, de que ninguna de Mis palabras puede describirlo a Él como es debido, ni ninguna referencia acerca de Él, en Mi Libro el Bayán, puede hacer justicia a Su Causa." "El Bayán," declara Él categóricamente en el mismo Libro, "y quienquiera que en él está, gira alrededor del dicho de `Aquel que Dios pondrá de manifiesto', lo mismo que el Alif (el Evangelio) y quienquiera estuvo en él, giró alrededor del dicho de Mahoma, el Apóstol de Dios." "Mil veces la lectura cuidadosa del Bayán," Él hace notar además, "no puede igualarse a la lectura cuidadosa de un' solo versículo que ha de revelar `Aquél que Dios pondrá de manifiesto' ... El Bayán se en-
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cuentra hoy en estado dé simiente; su perfección definitiva se pondrá en evidencia al principio de la manifestación de `Aquél que Dios pondrá de manifiesto' ... El Bayán y todos los que son sus creyentes tienen un anhelo por Él, más ardiente que el anhelo de un amante por su amada ... El Bayán deriva toda su gloria de `Aquél que Dios pondrá de manifiesto'. Todas las bendiciones sean con quien crea en Él y el dolor advenga a quien rechace Su Verdad."
Dirigiéndose el Báb a Siyyid Yahyáy-i-Dárábí, de sobrenombre Vahíd, el más instruído, más elocuente e influyente de entre Sus adictos, pronuncia esta advertencia: "¡Oh, Por la rectitud de Aquél Cuyo poder hace germinar la semilla e infunde el espíritu de vida en todas las cosas! Si yo supiera de seguro que el día de Su manifestación tú habrías de negarle, no vacilaría en desconocerte y repudiar tu fe. . . . Si, por el contrario, se me dijera que un cristiano, que no es adicto de Mi Fe, creerá en Él, - a tal consideraría como a la niña de Mis ojos."
En 'una _ de       sus       oraciones, Él así comulga con Bahá'u'lláh: "¡Exaltado seas, Oh, Señor mío Omnipotente! ¡Cuán insignificantes 'y despreciables aparecen mi palabra y todo lo que me pertenece, a menos que estén' relacionados con- la Gran Gloria Tuya! Concédeme que por medio de la ayuda de Tu gracia, todo aquello que me pertenezca sea aceptable ante Tus ojos."
En el Qayyúmu'1-Asmá', el comentario del Báb sobre el Súrih de José, caracterizado por el Autor del l qán como "el primero, el más grande y el más poderoso" de los libros revelados por el Báb, leemos las siguientes referencias acerca de Bahá'u'lláh: "Completamente de la nada, ¡oh grande y omnipotente Maestro! Tú, por medio de la celestial potencia de Tu fuerza, me has hecho surgir y elevar para proclamar esta Revelación. Yo no he puesto mi fe en nadie más que en Tí; no he dependido de ninguna voluntad más que de Tu voluntad. ... ¡Oh, Tú Jirón de Dios! Me he sacrificado todo por Tí. He aceptado maldiciones por amor a Tí y nada más he anhelado que el martirio en el sendero de Tu amor. Testigo suficiente es para mí, Dios, el Exaltado, el Protector, el Antiguo de los Días." "Y cuando la hora designada haya sonado," el Báb dirigiéndose de nuevo a Bahá'u'lláh en ese mismo comentario, dice: "revela Tú con la anuencia de Dios, el Omnisapiente, un débil e infinitesimal fulgor de Tu impenetrable Misterio, desde las alturas del Más Alto y Místico Monte, para que aquéllos que han reconocido el brillo del Esplendor Sinaico puedan desvanecerse y morir al ver un fugaz vislumbre de la Luz ardiente y carmesí que envuelve Tu Revelación."
Como mayor testimonio de la grandeza de la Revelación de Bahá'u'lláh, pueden citarse los siguientes extractos de una Tabla dirigida por `Abdu'1-Bahá a un eminente zoroastriano, adicto de la Fe: "Habéis escrito que en los libros sagrados de los creyentes
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te el origen divino y sostenga la posición independiente de la Dispensación Mahometana. Además, en estos mismos pasajes queda implícitamente reconocida la validez del Imanato, esa institución divinamente establecida, en la que el Báb era descendiente directo de uno de sus miembros más distinguidos, y la cual continuó siendo por un período de no menos de doscientos sesenta años la recipiente elegida de la guía del Todopoderoso y el repositorio de uno de los dos legados más preciosos del Islám.
Debemos también reconocer que esta misma profecía atestigua el carácter independiente de la Dispensación Bábí y corrobora indirectamente la verdad de que, de acuerdo con el principio de revelación progresiva, cada Manifestación de Dios debe necesariamente otorgar a la humanidad de Su tiempo mayor dirección divina que la que haya podido recibir o podido apreciar cualquiera otra edad anterior, menos receptiva. Es por esta razón y no por mérito superior alguno que pudiera considerarse inherente de la Fe Bahá'í, por lo que esa profecía da testimonio de la no rivalizada gloria y poder de que ha sido investida la Dispensación de Bahá'u'lláh, Dispensación cuyas potencialidades apenas estamos comenzando a percibir y cuyo alcance jamás podremos determinar.
Si deseamos ser fieles a las tremendas significaciones que su mensaje implica, la Fe de Bahá'u'lláh debe ser considerada, en verdad, como la culminación de un ciclo, como la etapa final de una serie
de Zoroastro, está escrito que, `en los últimos días, el sol tendrá necesariamente que detenerse en tres Dispensaciones separadas. En la primera Dispensación está predicho que el sol permanecerá inmóvil por diez días; en la segunda, por dos veces ese tiempo; en la tercera, por lo menos todo un mes. La interpretación de esta profecía es ésta: La primera Dispensación a que se hace referencia es la Dispensación Mahometana, durante la cual el Sol de la Verdad permaneció inmóvil diez días. Cada día se calcula en un siglo. La Dispensación Mahometana debió durar entonces no menos de mil años, que es exactamente el período que transcurrió desde que se puso la Estrella del Imanato hasta el advenimiento de la Dispensación proclamada por el Báb. La segunda Dispensación que se menciona en esta profecía, es la inaugurada por el mismo Báb, que empezó en el año 1260 D. H. y finalizó en 1280 D. H. Respecto a la tercera Dispensación, la Revelación proclamada por Bahá'u'lláh, como el Sol de la Verdad al llegar a esa posición brilló en la plenitud de Su meridiano esplendor, se ha fijado su duración en un período de un mes entero, que es el tiempo máximo que el sol emplea para pasar por un signo del Zodíaco. De ahí podéis imaginaros la magnitud del ciclo Bahá'í, ciclo que ha de durar por lo menos un período de quinientos mil años."
Por el texto de esta explícita y autorizada interpretación de tan antigua profecía, resulta evidente cuán necesario es que todo fiel adicto de la Fe acep
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de revelaciones sucesivas, preliminares y progresivas. Comenzando éstas con Adán y terminando con el Báb, ellas han preparado el camino y han anticipado con énfasis siempre creciente el advenimiento de ese Día de Días, en que habría de manifestarse Aquél que es la Promesa de Todas las Edades.
Las palabras de Bahá'u'lláh proporcionan abundante testimonio de esta verdad. Una ligera referencia a las manifestaciones que repetidas veces Él mismo ha hecho en vehemente lenguaje y con imponente fuerza, no pueden menos que demostrar plenamente el carácter de la Revelación de la que Él fué el portador elegido. Si deseamos tener una comprensión más clara de la significación e importancia de ella, debemos, pues, dirigir nuestra atención a las palabras que emanaron de Su pluma, fuente maestra de tan impetuosa Revelación. Tanto en Su aserción del título sin precedentes por Él presentado, o en Sus alusiones a las misteriosas fuerzas por Él liberadas, o en esos pasajes donde se exaltan las glorias de Su tan esperado Día o se magnifica la posición que han de alcanzar los que reconozcan sus ocultas virtudes, Bahá'u'lláh y, en grado casi similar, el Báb y `Abdu'1-Bahá, han legado a la posteridad minas de tan inestimables riquezas, que ninguno de los que pertenecemos a la presente generación podemos estimar convenientemente. Esos testimonios relacionados con este tema se hallan impregnados de un poder tál y revelan tal belleza, que solamente aquéllos versados en los idiomas en que
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fueron originalmente revelados pueden pretender haberlos apreciado suficientemente. Son tan numerosos esos testimonios, que sería necesario escribir todo un volumen para compilar los principales entre ellos. Todo lo que puedo aventurarme a hacer, por el momento, es compartir con vosotros sólo aquellos pasajes que he podido escoger entre Sus voluminosos escritos.
"Doy testimonio, ante Dios," proclama Bahá'u'lláh, "de la grandeza, la inconcebible grandeza de esta Revelación. Repetidamente, en la mayoría de Nuestras Tablas, Hemos atestiguado esta verdad, a fin de despertar de su indiferencia a la humanidad." "En esta potentísima Revelación," anuncia Él, de modo inequívoco, "todas las Dispensaciones del pasado han alcanzado su término y su más alta consumación." "Aquello que ha sido puesto de manifiesto en esta preeminente, en esta exaltadísima Revelación, no tiene paralelo en los anales del pasado y nada similar han de presenciar las edades del futuro." "Él es Quien," proclama Bahá'u'lláh refiriéndose a Sí mismo, "en el Antiguo Testamento fué llamado Jehovah, Quien en los Evangelios ha sido designado como el Espíritu de la Verdad, y en el Korán, aclamado como el Gran Anuncio." "A no ser por Él, ningún Mensajero Divino habría sido investido con el manto de profeta, ni habrían sido reveladas ningunas de las sagradas escrituras. De ello dan testimonio todas las cosas creadas.",!`La palabra que el Dios verdadero pronuncia en este día, aun
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advenimiento de esta Revelación, Revelación por cuyo medio la Lengua de Grandeza está ahora proclamando: `Hé aquí la sagrada Promesa que se ha cumplido, porque Él, el Prometido, ha llegado!` "Desde el valle sagrado, exclama en alto, la voz del Hijo del Hombre: `Héme aquí, Héme aquí, ¡Oh, Dios mío!' ... mientras que desde la Zarza Ardiente viene el grito de: `Hé aquí el Anhelo del mundo, puesto de manifiesto en Su trascendental gloria!' El Padre ha llegado. Aquello que os fué prometido en el Reino de Dios, se ha cumplido. Esta es la Palabra que el Hijo dejó sin revelar, cuando les dijo a aquéllos que estaban a Su alrededor que no serían ellos, entonces, capaces de entenderla, ... Verdaderamente, el Espíritu de la Verdad ha venido, para guiaros hacia toda verdad. . .. Él es Aquél que glorificó al Hijo y exaltó Su causa. .. ." "El Confortador Cuyo advenimiento prometieron todas las Escrituras ha llegado, para revelaros todo conocimiento y toda sabiduría. Buscad a Él por toda la superficie de la tierra: afortunadamente habréis de encontrarlo."
"¡Oh, Carmelo, llamad a Zion," escribe Bahá'u'lláh, "y anunciad las buenas nuevas: `Ha llegado Aquél que estaba oculto a los ojos mortales!' Se ha puesto de manifiesto Su soberanía que todo lo conquista; se ha revelado Su esplendor que todo lo abarca ... Daos prisa, venid y circulad por la Ciudad de Dios descendida del cielo, la celestial Kaaba, que en ado-, ración circundaron los favorecidos de Dios, los -pu-
cuando esa palabra sea el más común y familiar de los términos, está investida de suprema distinción, de distinción única en su género." "La mayor parte de la humanidad se halla todavía inmatura. Si hubiera adquirido capacidad suficiente, habríamos Nosotros derramado sobre ella cantidad tan grande de Nuestros conocimientos que todos los que residen en la tierra y en el cielo se habrían encontrado, por virtud de la gracia que fluye de Nuestra pluma, completamente liberados de todo conocimiento que no fuera el conocimiento de Dios, y se habrían hallado firmemente establecidos en el trono de perenne tranquilidad." "Ante Dios, afirmo solemnemente, que la Pluma de Santidad ha escrito sobre la nívea blancura de Mi frente, en letras de refulgente gloria, estas resplandecientes palabras de almizclada fragancia, estas palabras santas: `¡Oh, vosotros que habitáis en la tierra, mirad! ¡Oh, vosotros, los moradores del cielo, sed testigos! Él es, en verdad, vuestro Bienamado. Él es Aquél Cuyo igual el mundo de la creación jamás ha visto, Aquél Cuya deslumbrante belleza ha sido el deleite de los ojos de Dios, el Ordenador, el Todopoderoso, el Incomparable!"'
"¡Oh, vosotros, discípulos del Evangelio!," exclama Bahá'u'lláh, dirigiéndose a toda la cristiandad, "hé aquí, abiertas de par en par, las puertas del cielo. Aquél que ascendió a él ha venido yá. Escuchad cómo llama en alta voz a traves de la tierra y de los mares y anuncia a la humanidad entera el
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ros de corazón y el conjunto de los más exaltados ángeles."' _"Yo Soy Aquél," afirma Él en otra ocasión, "Quien fué ensalzado por boca de Isaías, Aquél con Cuyo nombre fueron adornados tanto. el Torah como el Evangelio." "Apresuróse la gloria del sinaí a circundar el Amanecer de esta Revelación, mientras desde las alturas del Reino se oye la voz del Hijo de Dios que proclama: `¡Oh, vosotros los soberbios de la tierra, levantáos y daos prisa en ir hacia Él.' El Carmelo se ha dado prisa en este día para llegar a Su corte en anhelante adoración, y desde el corazón de Zion llega el grito: `La promesa de todas las edades ha sido ahora cumplida. Se ha puesto de manifiesto aquello que había sido anunciado en las sagradas escrituras de Dios, el Bienamado, el Altísimo.' -'.~"Hijáz se halla en excitación a causa de las brisas que anuncian las nuevas de una jubilosa reunión, y oímos que exclama: `Alabado seas, ¡Oh, mi Altísimo Señor!, a causa de mi separación de Tí estaba muerta, y la brisa llena con la fragancia de Tu presencia me ha vuelto a la vida. Feliz aquél que se vuelve hacia Tí y pobre de aquél que se extravía.' Por el verdadero Dios, Elías apresuróse en venir a Mi corte y en circular de día y de noche por el trono de Mi gloria." "Salomón, en to-" da su majestad, circula en adoración a Mi alrededor en este día, pronunciando esta exaltadísima palabra: `He vuelto mi rostro hacia Tu rostro, ¡Oh, Todopoderoso Gobernante del Mundo! Me he desprendido por entero de todas las cosas que me pertene
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cen y anhelo aquéllo que Tú posees!` "Si Mahoma, el Apóstol de Dios, hubiera asistido a este Día," escribe Bahá'u'lláh en una Tabla que reveló la víspera de Su destierro a la colonia penal de `Akká, "habría exclamado: `¡Oh, Anhelo de los Divinos Mensajeros! En verdad, Yo Os he reconocido!' Si Abrahán hubiera alcanzado este Día, Él también, cayendo postrado en el suelo y con extremada humildad ante el Señor, Tu Dios, habría exclamado: `Mi corazón está lleno de paz, ¡Oh, Tú, Señor de todo lo que existe en el cielo y en la tierra! Yo declaro que Tú has descubierto ante mis ojos toda la gloria de Tu poder y la plena majestad de Tu ley!' ... Si el mismo Moisés hubiera asistido a este Día, El también habría levantado Su voz, diciendo: `Gloria plena sea a Tí, por haber levantado sobre mí la luz de Tu semblante y haberme incluído entre aquellos que tuvieron el privilegio de contemplar Tu rostro!' " "Norte y Sur, ambos vibran al llamado anunciando el advenimiento de Nuestra Revelación. Podemos oír la voz de la Meca, aclamando: `Toda alabanza sea a Tí, ¡Oh, Señor, mi Dios, Todoglorioso! por haber exhalado sobre mí el aliento envuelto con la fragancia de Tu presencia!' También Jerusalén está llamando en alta voz: `Alabado y exaltado seas Tú, ¡Oh, Bienamado de la tierra y del cielo, por haber cambiado la agonía de mi separación de Tí por el gozo de una vivificante reunión!' "
"¡Oh, por la justicia de Dios!" afirma Bahá'u'lláh, deseando revelar toda la potencia de Su invencible
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poder, "Si un hombre, completamente solo, se levanta en nombre de Bahá y se pone la armadura de Su amor, a ese hombre el Omnipotente hará salir victorioso, aunque se juntaren contra él todas las fuerzas de la tierra y del cielo." "¡Oh, por Dios, fuera de Quien no hay otro Dios! Si alguna persona se levanta para el triunfo de nuestra Causa, a esa persona hará Dios salir victoriosa, aunque se aliaren contra ella decenas de miles de enemigos. Y si la fuerza de su amor, por Mí, crece, Dios establecerá el ascendiente de esa persona sobre todos los poderes terrestres y celestes. Así, Hemos puesto el soplo del espíritu de poder en todas las regiones."
"Este es el Rey de los Días", así Él ensalza la edad que ha presenciado el advenimiento de Su Revelación, "el Día que ha visto la llegada del Más Amado, de Aquél que a través de toda la eternidad fuera aclamado como el Anhelo del Mundo." "El mundo de la existencia brilla en este Día con el resplandor de esta Divina Revelación. Todas las cosas creadas cantan sus alabanzas y ensalzan su salvadora gracia. El universo se halla envuelto en un éxtasis de júbilo y regocijo. Las Escrituras de las pasadas Dispensaciones celebran el gran jubileo que necesariamente debe saludar a éste, el más grande de los Días de Dios. Dichoso de aquél que ha vivido para ver este Día _y ha reconocido el puesto que este Día ocupa." "Si el género humano llegara a fijarse debidamente en sólo una palabra de semejante alabanza, se llenaría de tanta delicia que quedaría extasiado de admi
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ración. Fascinado, brillaría entonces resplandecientemente sobre el horizonte de verdadera comprensión." "Sed justas, ¡Oh, vosotras, gentes del mundo!" dice Él dirigiéndose en llamado a la humanidad, "¿es acaso propio y natural que pongáis en duda la autoridad de Aquél Cuya presencia `Él que conversó con Dios' (Moisés) ansió alcanzar; la belleza de Cuyo semblante el `Bienamado de Dios' (Mahoma) anheló contemplar; el amor gracias a Cuya potencia el `Espíritu de Dios' (Jesús) ascendió al cielo; la causa por Quien el `Punto Primordial' (el Báb) ofreció Su Vida?" "Aprovechad vuestra oportunidad," advierte El a Sus discípulos, "puesto que un fugaz momento en este Día sobrepasa a siglos de eras pasadas. ... Ni el sol ni la luna jamás presenciaron Día como éste. . . . Es evidente que toda edad en que vive una Manifestación de Dios está divinamente dispuesta y puede en cierto modo ser caracterizada como el Día designado de Dios. Sin embargo, el presente Día es único en su género y debe ser distinguido de los que lo han precedido. La designación de `Sello de los Profetas' revela y demuestra plenamente su alta posición."
Explayándose respecto a las fuerzas latentes en Su Revelación, Bahá'u'lláh revela lo siguiente: "Por mandato del omnipotente Ordenador, con el movimiento de Nuestra Pluma de gloria Hemos puesto el soplo de nueva vida en toda estructura humana, y Hemos instilado nueva potencia en cada palabra. Todas las cosas creadas proclaman el testimonio de
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esta regeneración mundial." Estas son, agrega Él, "las más grandes, las más regocijantes nuevas que la Pluma de este Agraviado ha impartido al mundo." "¡Cuán grande es," exclama Él, en otro pasaje, "esta Causa! ¡Cuán abrumador es el peso de su mensaje! Este es el Día del cual se ha dicho: `¡Oh, hijo mío! en verdad, Dios ha de revelarlo todo, aunque tan sólo fuese el peso de un grano de mostaza y que estuviere oculto en una roca, o en los cielos o en la tierra; porque Dios lo penetra todo, de todo está informado!` "¡Oh, por la rectitud del verdadero Dios! Si se extraviase una parte infinitesimal de una joya y quedara enterrada debajo de una montaña de piedras y escondida allende los siete mares, la Mano de la Omnipotencia, con seguridad ha de revelarla en este Día, pura y limpia de moho." "Aquél que participe del agua de mi Revelación, ha de gustar de incorruptibles delicias dispuestas por Dios desde el principio que no tiene principio hasta el fin que no tiene fin." `Cada una de las letras procedentes de Nuestra boca está dotada de un poder regenerador tal, que la capacita para traer a la vida otra creación cuya magnitud es inescrutable para todos, excepto Dios. Él, en verdad, tiene conocimiento de todas las cosas." "Si así Nosotros lo deseáramos, está en Nuestro poder el de capacitar a una partícula flotante de polvo para que, en menos de un abrir y cerrar de ojos, genere soles de infinito e inconcebible esplendor; el de hacer que una gota de rocío se convierta en vastos e innumerables océanos; el de infundir
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en cada letra una fuerza tal, que la capacite para revelar todo el saber de las edades pasadas y futuras." "Estamos dotados de un poder tal que, si lo reveláramos, transmutaría el veneno más mortal en panacea de infalible eficacia."
Juzgando el valor de la posición del verdadero creyente, Él hace notar: "¡Oh, por los pesares que afligen al primor del Todoglorioso! La posición dispuesta para el verdadero creyente es tal, que si se revelara a la humanidad una porción de la gloria de esa posición, menor en tamaño que el ojo de una aguja, haría que todo el que la contemple se consumiese de ansias por alcanzarla. Por esta razón, se ha dispuesto que la plenitud de la gloria de su posición ha de quedar velada ante los ojos de tal creyente, en esta vida terrenal." "Si se levantara el velo," Él igualmente afirma, "y se pusiera de manifiesto la plenitud de la gloria de la posición de aquéllos que se han vuelto completamente hacia Dios y han renunciado al mundo por amor a Él, la creación entera quedaría estupefacta."
Haciendo resaltar el carácter superlativo de Su Revelación, comparada con la Dispensación precedente, Bahá'u'lláh afirma: "Si todos los pueblos del mundo fueran investidos con los poderes y atributos destinados a las Letras de los Vivientes, los discípulos escogidos del Báb, cuya posición es diez mil veces más gloriosa que cualesquiera de las alcanzadas por los apóstoles de la antigüedad,y si uno de esos pueblos o todos titubearan, tanto sea como un abrir y
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cerrar de ojos, en reconocer la luz de Mi Revelación, de nada les serviría su fe y habrían de ser considerados infieles." "Tan formidable es la efusión de Divina gracia en esta Dispensación, que de haber manos mortaies suficientemente ágiles para registrarlos, fluirían los versos en torrentes de tal número durante el espacio de sólo un día y una noche, que equivaldrían a la totalidad del Bayán Persa."
"Escuchad mi advertencia, ¡Oh pueblo de Persia!" así se dirige Él a los habitantes de Su país, "Si fuere yo sacrificado por vuestras manos, Dios, con seguridad, hará surgir otro que tomará el lugar dejado vacante por mi muerte; porque ese es el método que ha usado Dios en, el pasado y no encontraréis cambio en la manera de proceder de Dios." `Si trataren de ocultar Su luz en el continente, El, de seguro, levantará la cabeza en el centro mismo del corazón del océano, y alzando Su voz proclamará: `Yo Soy Quien da vida al mundo!' . .. Y si Lo arrojaren dentro de un foso obscuro Lo encontrarán a Él sentado sobre las cumbres más elevadas de la tierra, anunciando en alta voz a todo el género humano: `¡Ea! ha llegado el Anhelo del mundo, en Su majestuosidad, soberanía y trascendente dominio!' Y si Lo sepultaren en las profundidades de la tierra, Su Espíritu, remontándose a lo más alto del cielo, hará resonar este llamado: `¡Ved! he aquí, ha llegado la Gloria; sed testigos del Reino de Dios, el Santísimo, el Clemente, el Todopoderoso!` "En el interior de la garganta de este
joven," es, además, otra sorprendente mani
festación, "hay acentos aprisionados que, de revelarse a la humanidad, no fuera sino menos que lo equivalente al ojo de una aguja,bastaría para causar el derrumbe de todas las montañas; para descolorar las hojas de los árboles y hacer caer sus frutos; para hacer inclinar a todas las frentes en veneración y hacer volver a todos los rostros en adoración hacia este omnipotente Gobernante, Quien, en diversas edades y de distintas maneras apareció como una llama devoradora, como un agitado océano, como una luz radiante, como el árbol que, arraigado en el suelo de santidad, eleva sus ramas y expande sus miembros hasta más allá del trono de inmortal gloria."
Anunciando el Sistema que el irresistible poder de Su Ley estaba destinado a desarrollar más tarde, El escribe: "El equilibrio del mundo ha sido alterado por la vibrante influencia de este sublime y nuevo Orden Mundial. La vida ordenada del género humano ha sido revolucionada por la acción de este Sistema maravilloso y único en su género, de cuyo igual jamás ojos humanos fueron testigos." "La mano de la Omnipotencia ha establecido esta Revelación sobre cimientos permanentes e inatacables. Las tormentas de luchas humanas son impotentes para minar su base, ni tampoco podrán las fantásticas teorías de los hombres conseguir dañar su estructura."
En el Súratu'1-Haykal, una de las obras de Bahá'u'lláh que más respeto impone, se registran los siguientes versículos, cada uno de los cuales prueba el irresistible poder infundido en la Revelación pro-
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clamada por su Autor: "En Mi Templo no se ve sino el Templo de Dios, y en Mi Belleza, sólo Su Belleza, y en mi movimiento, solo Su movimiento, y en Mi aquiescencia, sólo Su aquiescencia, y en Mi Pluma, sólo Su Pluma, Poderosa, de todos Loada. En mi alma ha existido solamente la Verdad, y en Mí se pudo ver solamente a Dios." "El Mismo Espíritu Santo ha sido generado por medio de la acción de una sola letra revelada por este Espíritu Supremo, fuerais vosotros de aquéllos que comprenden." ... "Dentro del tesoro de Nuestra Sabiduría, yace oculto un conocimiento, que si optáramos por divulgarlo a la humanidad, bastaría una sola letra del mismo para hacer que todo ser humano reconociese a la Manifestación de Dios y comprendiese Su omnisciencia; capacitaría a cada cual para descubrir los secretos de todas las ciencias y para alcanzar una posición tal que cada uno se hallase completamente independiente de toda instrucción pasada o futura. Poseemos también otros conocimientos, ni una sola letra de los cuales podemos revelar, como que tampoco encontramos a la humanidad capacitada para escuchar ni siquiera la más sencilla referencia concerniente a la significación de esos conocimientos. Con esto os Hemos informado del conocimiento de Dios, Quien todo lo sabe y todo lo comprende." "Ya se aproxima el Día en que Dios, por un acto de Su Voluntad, habrá de crear una raza de hombres cuya naturaleza es inescrutable para todos excepto Dios, el Todopoderoso, el Eterno." "Ya pronto Él hará surgir del Seno
de' Potestad; las Manos de Poder y Ascendencia, Manos que se levantarán para hacer triunfar a este Joven y que purificarán al génerò humano de la corrupción de los viles y de los impíos. Estas Manos se aprestarán a 'combatir por la Fe de Dios; y en Mi nombre, el eterno, el poderoso, 'someterán, a todos los pueblos y semejantes de la tierra. Entrarán en-las ' ciudades e infundirán temor en los corazofies de sus habitantes. Tales son las evidencias del poder. de Dios; cuán violento y terrible es Su poder!"
Tal es; carísimos amigos, él testimonio escrito de Bahá'u'lláh, sobre 'la naturaleza de Su 'Revelación. Ya me he referido a las àfirmaciones del Báb, eada una de las cuales aumenta la fuerza ' y cónfirma la verdad de estas notables declàracionés. Ló qué me queda por` considerara este respecto son aquellos pasajes de los escritos de `Abdu'1-Bahá; 'él' designado Intérprete de esas mismas declaraciones;' que arrojan mayor luz y amplían diversos aspectos dé' este cautivante tema. Ef tono dé Su lénguajé esy realmente, tan enfático y Su tributo tan brillante coma los dé Bahá'u'lláh' o del Báb.
"Siglos, y aun edades, han dé pasar;" El afirma en una de Sus primeras Tablas, "antes de gue él Sol de la Verdad vuelva a brillar en él solsticio estival de Su esplendor, o que aparezca de huevo en la primavera de Su radiante gloria. ..: ¡Cuán agradecidos debemos nosotros estar por habérsénos hecho recipientes 'de tan grandioso favor! ¡Ojalá tuviéramos diez mil vidas que pudiéramos sacrificar -en
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r.
acción de gracias por tan raro privilegio, por tan alta realización y por tan inestimable bondad!" "La mera contemplación," agrega Él, "de la Dispensación inaugurada por la Beldad Bendita, habría sido suficiente para dejar atónitos a los santos de eras pasadas, santos que anhelaron poder participar de tan solo un momento de Su grandiosa gloria." "Los santos de pasadas edades y siglos, todos y cada uno de ellos, anhelaron ansiosos, llenos sus ojos de lágrimas, poder vivir, aunque fuera un momento, en el Día de Dios. Sin haber podido satisfacer sus ardientes aspiraciones pasaron ellos al Gran Más Allá. Cuán grande es, pues, la munificencia de la Beldad de Abhá, Quien, no obstante nuestro extremado demérito, ha infundido en nosotros, por medio de Su graçia y misericordia, el soplo del espíritu de vida en este siglo divinamente iluminado; nos ha reunido bajo el estandarte del Amado del mundo; y ha optado por conferir en nosotros una munificencia por la que en vano imploraron los poderosos de tiempos pasados." "Las almas de los elegidos del Concurso de lo alto," Él afirma igualmenté, "los moradores sagrados del Paraíso excelso, se hallan en este día llenos de ardientes deseos por volver a este mundo, a fin de poder prestar todo el servicio de que son capaces al -umbral de la Beldad de Abhá. "
"La refulgencia de la esplendorosa misericordia de Dios," declara Él en un pasaje que alude al crecimiento y al futuro desarrollo de la Fe, "ha envuelto a los pueblos y semejantes de la tierra, y todo el
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mundo está barïado en su brillante gloria. ... Pronto llegará el día en que la luz de la Divina unión habrá penetrado por el Oriente y por el Occidente, de tal manera, que hombre alguno se atreverá a ignorarla por más tiempo." "Por ahora, la Mano de divino poder ha colocado firmemente en el mundo de la existencia los cimientos de esa omniexcelsa munificencia y de este maravilloso don. Todo lo latente en lo más recóndito de este sagrado ciclo, ha de aparecer y ser puesta de manifiesto gradualmente, por cuanto ahora es sólo el principio de su crecimiento y el amanecer de la revelación de sus signos. Antes de la expiración de este siglo y de esta edad se habrá hecho claro y evidente lo maravilloso que fué este período primaveral y lo celestial de ese don!"
Confirmando la exaltación del rango del verdadero creyente, de lo cual habló Bahá'u'lláh, Él revela lo siguiente: "La posición que ha de alcanzar aquél que en verdad haya reconocido esta Revelación, es igual que la posición dispuesta para aquellos profetas de la casa de Israel que no son considerados Manifestaciones `dotadas de constancia'."
Con respecto a las Manifestaciones que están destinadas a seguir a la Revelación de Bahá'u'lláh, `Abdu'1-Bahá hace esta definida e importante declaración: "En lo que concierne a las Manifestaciones que en el futuro han de descender `en las sombras de las nubes', sabed en verdad que, en lo que res-
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devastadora influencia del Divino llamado del trono de gloria. Más que esto, no puedo escribir."
Carísimos amigos: Es bastante lo dicho y son suficientemente numerosos y variados los extractos de los escritos del Báb, de Bahá'u'lláh y `Abdu'1-Bahá que han sido aquí citados, para convencer al lector consciente de la sublimidad de este ciclo, único en su género dentro de la historia religiosa del mundo. Sería extremadamente imposible exagerar demasiado su significación o excederse en la avaloración de la influencia que ha ejercido, y que ha de seguir ejerciendo cada vez más, a medida que su gran sistema vaya desenvolviéndose en medio del tumulto de una civilización que se derrumba.
Antes de seguir con el desarrollo de mi argumento, creo aconsejable, sin embargo, hacer una advertencia a quienquiera que lea estas páginas. Que nadie, al meditar sobre la naturaleza de la Revelación de Bahá'u'lláh, a la luz de los pasajes previamente citados se equivoque respecto al carácter de la misma o interprete mal la intención de su Autor. Bajo circunstancia alguna han de mal comprenderse o interpretarse erróneamente ni la divinidad, atribuída a Ser tan grande, ni la encarnación plena de los nombres y los atributos de Dios, en tan exaltada Persona. Si hemos de ser fieles a los principios de nuestra Fe, debemos hacer para siempre una distinción cabal entre el templo humano que fuera el vehículo de tan pasmosa Revelación, y ese "íntimo Es-
pecta a la relación entre ellas y la fuente de su inspiración, se hallan a la sombra de la Antigua Beldad. Pero en lo que respecta a su relación. con la edad en que ellas aparecen, todas y cada una de ellas `hacen todo lo que es la voluntad de Él'."
"¡Oh, .mi amigo!" dice Él dirigiéndose en una de Sus Tablas a una persona de reconocida autoridad y posición: "El Fuego imperecedero que el Señor del Reino ha encendido en el centro del Arbol sagrado, arde ferozmente en cl centro mismo del corazón del mundo. La conflagración que él ha de provocar envolverá a toda la tierra. Sus resplandecientes llamas iluminarán, sus pueblos y semejantes., Todos; los. signos han sido revelados; todas las ausiones proféticas han sido, puestas de manifiesto. Todo cuanto encerraban todas las Escrituras del pasado ha sido hecho evidente. Ya no es posible dudar ni vacilar. ... El tiempp apremia: El Divino Corcel está impaciente y ya no puede aguardar más. Nuestro deber es abalanzarnos y, antes de que sea demasiado tarde, ganarla victoria." Y, por está este más conmovedor pasaje' que en uno de Sus momentos de vehemente alegría Él se sintió impulsado' a dirigir en los primeros tiempos de Su ministerio 'a uno de Sus más fieles y eminentes -adictos: "¿Qué más puedo decir? `¿Qué más puede referir mi pluma? Es tan fuerte el llamado -que reverbera desde, el Reino de Abhá,, que los oídos humanos. están casi ensordecidos por sus vibraciones. Paréceme que toda la creación se rompe,.y.salta en pedazos a causa de la
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píritu de los Espíritus," esa "eterna Esencia de las Esencias," ese Dios invisible, pero racional, Quien, por más que ensalcemos la divinidad de Sus Manifestaciones, de ninguna manera puede encarnar Su infinita, Su impenetrable, Su incorruptible y Su omnímoda Realidad, en la concreta y limitada forma de un ser mortal. En efecto, a la luz de las enseñanzas de Bahá'u'lláh, un Dios que pudiese así encarnar Su propia realidad cesaría de inmediato de ser Dios. Tan cruda y fantástica teoría de encarnación Divina se halla tan lejos y es tan incompatible con los principios esenciales de la creencia Bahá'í, como los no menos inadmisibles conceptos panteísticos y antropomórficos sobre Dios, cosas ambas enfáticamente repudiadas y su falacia puesta en evidencia por las palabras de Bahá'u'lláh.
Aquél, Quien en innumerables pasajes ha dicho que Su palabra es la "Voz de la Divinidad, el Llamado de Dios Mismo", solemnemente afirma en el Kitáb-i-Ígán, lo que sigue: "Para todo corazón con luz y discernimiento, es evidente que la excelsitud de Dios, la Esencia impenetrable, el Divino Ser, está infinitamente mas allá de todo atributo humano, tal como la existencia corpórea, el ascenso y descenso, el egreso y regreso. ... Está y ha estado siempre oculto en la antigua eternidad de Su Esencia, y quedará Su Realidad eternamente oculta de la vista de los hombres. ... En Su excelsitud se halla por encima y más allá de toda separación y unión, de toda proximidad y lejanía. ... `Dios estaba solo; nadie
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más estaba a Su lado' constituye un seguro testimonio de esta verdad."
"Desde tiempo inmemorial," explica Bahá'u'lláh hablando de Dios, "Él, el Ser Divino, ha estado oculto en la inefable santidad de Su excelso Yo, y continuará eternamente envuelto en el impenetrable misterio de Su Arcana Esencia. ... Ante la voz de prohibición de Dios: `¡Jamás habréis de verme!', quedan fulminados en el Sinaí de su búsqueda diez mil profetas como Moisés; mientras que ante la interdicción: `¡Jamás podréis concebir Mi Esencia!', miriadas de Mensajeros tan grandes como Jesús quedan amilanados en sus tronos celestiales." "¡Cuán desconcertante es para mí, insignificante como soy," afirma Bahá'u'lláh en Su comunión con Dios, "el de tratar de sondear las sagradas profundidades de Tu conocimiento! ¡Cuán fútiles son mis esfuerzos por visualizar la magnitud del poder inherente a Tu obra, la revelación de Tu poder creador!" "Cuando contemplo, ¡Oh, Dios mío! la relación que me une a Tí," protesta todavía Bahá'u'lláh en otra oración revelada y escrita con Su puño y letra: "me siento impulsado a proclamar ante todas las cosas creadas: `en verdad, Yo soy Dios!'; y cuando considero mi propio ser, ¡ay de mí! lo encuentro más tosco que la arcilla!"
"Estando así ante la faz de todos los seres, cerrada la puerta para el conocimiento del Antiguo de los Días," dice, además, Bahá'u'lláh en el Kitáb-i-fgán, "Él, la Fuente de infinita gracia ... hizo que del
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reino del espíritu aparecieran esas luminosas Joyas de Santidad en la noble forma de templo humano y se manifestaran ante todos los hombres, para impartir al mundo el conocimiento de los misterios del Ser inmutable e informar sobre las sutilezas de Su imperecedera Esencia. ... Todos los Profetas de Dios, todos Sus privilegiados, todos Sus santos y elegidos Mensajeros, son, sin excepción, portadores de los nombres de Él y la personificación de Sus atributos. ... Estos Tabernáculos de Santidad, estos Espejos primarios que reflejan la Luz de inmarcesible gloria, son nada más que expresiones de Aquél que es el Invisible de los Invisibles."
Una de las creencias capitales de nuestra Fe, creencia que jamás deberá ser obscurecida y cuya integridad ninguno de sus adictos debe permitir que se comprometa, es, que Bahá'u'lláh, a pesar de la abrumadora intensidad de Su Revelación, debe ser considerado esencialmente como una de esas Manifestaciones de Dios y jamás ser identificado con esa invisible Realidad que es en Sí misma la Esencia de Divinidad.
Ni tampoco, sosteniendo como lo hace la Revelación Bahá'í, de que es la culminación de un ciclo profético y el cumplimiento de la promesa de todas las edades, ella pretende bajo circunstancia alguna, invalidar esos eternos y primordiales principios que animan y sirven de base a las religiones que la han precedido. La autoridad de Dios, con que cada una de ellas está investida, ella admite y establece como
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su más firme y definitiva base. Las considera solamente como etapas diferentes en la historia eterna y en la evolución constante de una religión Divina e indivisible, de la cual ella misma no forma sino parte integrante. Ni tampoco trata de obscurecer el Divino origen de ellas, ni de menoscabar la reconocida magnitud de sus colosales obras. No aprueba intento alguno que tienda a deformar sus rasgos o a denigrar las verdades que ellas inculcan. Las enseñanzas de la Revelación Bahá'í no se apartan en lo más mínimo de las verdades que ellas encierran, ni el peso de su mensaje resta un ápice ni una tilde a la influencia que éstas ejercen o a la fidelidad que ellas inspiran. Lejos de tener miras de derribar el cimiento espiritual de los sistemas religiosos del mundo, su fin declarado e inalterable es el de ensanchar sus bases y volver a proclamar sus principios fundamentales, reconciliar sus propósitos, reanimar su vida, demostrar su unidad, restaurar la prístina pureza de sus enseñanzas, coordinar sus funciones y ayudar en la realización de sus más altas aspiraciones. Como lo expresó en forma vívida un profundo observador, esas religiones divinamente reveladas, "están condenadas, no a morir, sino a renacer. ... ¿Acaso no sucumbe el niño en el adolescente y el adolescente en el hombre, y sin embargo no perecen ni el niño ni el adolescente?"'
Aquéllos que son Luminarias de la Verdad y Espejos que reflejan la luz de la Divina Unidad," explica Bahá'u'lláh en el Kitáb-i-fgán, "cualquiera que
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sea la edad y el cielo en que son enviados a este mundo desde sus invisibles moradas de antigua gloria, para educar a las almas de los hombres y para revestir de gracia a todas las cosas creadas, se hallan invariablemente dotados de omnímodos poderes e investidos de invencible soberanía. ... Todos y cada uno de estos santificados Espejos, estos Albores de la antigua gloria, son exponentes sobre la tierra de Aquél que es el Orbe central del universo, su esencia y su destino final. De Él proceden la sabiduría de ellos y su poder; de Él se deriva su soberanía. La belleza de sus semblantes es apenas un reflejo de Su imagen y su revelación, un signo de Su inmortal gloria. ... Por intermedio de ellos se trasmite una gracia que es infinita y se revela la luz que jamás puede desvanecerse. ... Nunca lengua humana podrá debidamente cantar de ellos las alabanzas, ni palabra humana revelar su misterio." "Como todas estas Aves del Trono celestial," agrega Él, "son mandadas desde el cielo de la Voluntad de Dios, y todas ellas surgen para proclamar Su irresistible Fe, se las considera, en consecuencia, como una sola alma y como una misma persona. ... Residen todas en el mismo Tabernáculo, se remontan al mismo cielo, están sentadas en el mismo trono, articulan las mismas palabras y proclaman la misma Fe. ... Solamente difieren en la intensidad de sus respectivas revelaciones y en la potencia comparativa de sus respectivas luces. ... De que un determinado atributo de Dios no haya sido exteriorizado por estas Esencias de
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Desprendimiento, de ninguna manera implica que ellas, Quienes son los Albores de los atributos de Dios y los Tesoros de los santos nombres de Él, no hayan sido efectivamente poseedores de ese atributo."
Debe igualmente tenerse presente que, no obstante lo grande que es el poder manifestado por esta Revelación y lo vasto que es el alcance de la Dispensación inaugurada por su Autor, ella repudia enfáticamente el título a ser considerada como la revelación final de la voluntad de Dios y de Su designio último para la humanidad. El sostener una concepción semejante de su carácter y funciones, equivaldría a traicionar su causa y a negar su verdad. Esto se hallaría necesariamente en pugna con el principio fundamental que constituye la roca en que descansa la creencia Bahá'í, a saber, el principio de que toda verdad religiosa no es absoluta sino relativa; de que la Revelación Divina es ordenada, continua y progresiva, y no espasmódica o final. En efecto, es tan claro y enfático el categórico rechazo que los adictos de la Fe de Bahá'u'lláh hacen del derecho al absolutismo a que puedan pretender cualesquiera de los sistemas religiosos inaugurados por los Profetas del pasado, como es claro y enfático el repudio que ellos hacen de esa misma pretensión para la Fe con la cual ellos están identificados. "El creer que se acabaron todas las revelaciones, que de los albores de eterna santidad ya no ha de aparecer el sol, que el océano de perenne munificencia ha sido para
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siempre reprimido y que cesaron de ser puestos de manifiesto los Mensajeros de Dios, procedentes del Tabernáculo de antiguo gloria," significa, ante los ojos de todo adicto de la Fe, desviarse grave e inexcusablemente de sus más preciados y fundamentales principios.
Bastará, de seguro, el referirse a algunas de las palabras de Bahá'u'lláh y de `Abdu'1-Bahá, ya citadas, para establecer fuera de la menor duda, la verdad de este principio cardinal. ¿No puede acaso también el siguiente pasaje de las Palabras Ocultas ser interpretado como una alegórica alusión al carácter progresivo de la Revelación Divina y como una admisión, por parte de su Autor, de que el Mensaje con que Él fuera confiado no es la expresión final y definitiva de la voluntad y de la guía del Todopoderoso? "¡Oh, Hijo de la Justicia! La belleza del Ser Inmortal, desde las esmeraldas alturas de la fidelidad, se dirigió por la noche al Sadratu'1-Muntahá y lloró con tal llanto, que el concurso de lo alto y los moradores de los reinos del cielo gimieron ante Sus lamentos. Y preguntado por el motivo de los gemidos y del llanto Él repuso: En obediencia al mandato, aguardé en expectativa sobre el monte de la fidelidad, pero no inhalé fragancia de fidelidad de parte de aquéllos que moran sobre la tierra. Invitado a regresar, contemplé y ví, ¡ay! cómo ciertas palomas de santidad eran sometidas a dolorosas pruebas entre las garras de los canes de la tierra. En ese instante, la Doncella del cielo, descubierta y
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resplandéeiente, adelantóse de inmediato desde Su Mística Mansión y les preguntó sus 'nombres, y le fueron dados todos menos uno. Y ante la «insistencia, pronuncióse'ia primera letra de éste, y entonces los moradores de los aposentos celestiales se abalanzaron fuera de sus habitaciones de gloria. -Mientras se pronunciaba la segunda letra, todos y cada uno de ellas cayeron sobre el polvo: En esemomento ' oyóse una voz desde el altar de lo íntimo: `Basta ahí, no más lejos!',En-verdad, Nosotros somos testigos de lo que ellos hicieron y de lo que ellos están haciendo."
En una de Sus Tablas, revelada en Adrianópolis, Bahá'u'lláh atestigua esta verdad en lenguaje aun más .explícito:. "Sabed, en verdad, que el velo que cubre Nuestro semblante no ha sido completamente descorrido. Nos hemos revelado. hasta un grado que corresponde a la capacidad -de la gente de Nuestra edad. Si la Antigua Beldad se revelase en la plenitud de Su gloria, los ojos mortales se cegarían con la deslumbrante intensidad de Su revelación."
En el Súriy-i-Sabe, cuya revelación se remonta al año 1863; el mismo día de Su llegada al jardín 'del Ridván, Él afirma: "Dios ha enviado al mundo Sus Mensajeros para suceder a Moisés y a Jesús, y Él continuará haciéndolo 'hasta `el fin que no tiene fin,' para que desde el cielo de Munificencia Divina pueda la humanidad continuamente recibir el don de Su gracia."
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"No temo Yo por Mí Mismo," declara Bahá'u'lláh aun más explícitamente, "Mis aprensiones son por Aquél que será mandado entre vosotros después de Mí; son por Aquél que estará investido con gran soberanía y poderoso dominio." Y, nuevamente, en el Súratu'1-Haykal, escribe: "En las palabras que Yo He revelado, no me refiero a Mí Mismo, sino a Aquél que vendrá después de Mí. Testigo de ello es Dios, el Omnisapiente." "No le tratéis a Él," agrega Bahá 'u'lláh, "de la manera como me habéis tratado a Mí."
El Báb, en un pasaje más detallado de Sus escritos, sostiene la misma verdad: "Es claro y evidente," escribe Él en el Bayán Persa, "que el objeto de todas las Dispensaciones precedentes ha sido el de preparar el camino para el advenimiento de Mahoma, el Apóstol de Dios. Todas ellas, incluso la Dispensación Mahometana, han tenido a su vez como objetivo la Revelación proclamada por el Qá'im. El fin de esta Revelación, como el de las que le precedieron, es igualmente el de anunciar el advenimiento de la Fe de `Aquél que Dios ha de poner de manifiesto.' Y esta última tiene a su turno, como objetivo, la Manifestación que está destinada a sucederla, lo mismo que todas las Revelaciones anteriores. Y esta, no menos que todas las Revelaciones precedentes, prepara el camino para la Revelación que todavía ha de seguir. Así continuará, indefinidamente, el proceso de salida y puesta del Sol de la Verdad, proceso que no tiene principio y que no tendrá fin."
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"Sabed de seguro," explica Bahá'uJJáh a este respecto, "que en cada Dispensación la luz de la Reve. lación Divina ha sido dispensada a los hombrea en proporción directa con la capacidad espiritual de ellos. Considerad al sol. Cuán débiles son sus rayos en el momento que aparece sobre el horizonte. Cómo gradualmente aumenta su calor y su potencia a medida que se va aproximando al cenit, permitiendo, mientras tanto, que todas las cosas creadas vayan adaptándose a la creciente intensidad de su luz. -'Cómo declina constantemente hasta llegar a su ocaso. Si las energías latentes en él fueran manifestadas repentinamente, no hay duda que causarían daño a todas las cosas creadas ... De la misma manera, si de repente el Sol de la Verdad revelase en las primeras etapas de Su manifestación la plenitud de los poderes que la Providencia del Todopoderoso ha conferido en él, la tierra de la comprensión humana sería debilitada y consumida, porque los corazones de los hombres no podrían soportar la intensidad de su revelación, ni serían capaces de reflejar el resplandor de su luz. Amilanados y vencidos, cesarían de existir."
Es nuestro deber, a la luz de estas claras y concluyentes exposiciones, evidenciar de manera indubitable, ante todo aquél que busca la verdad, el hecho de que, desde "el principio que no tuvo principio," los Profetas del Dios Unico e impenetrable, incluyendo a Bahá'u'lláh mismo, fueron todos comisionados, en su calidad de exponentes de Su unidad,
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de espejos de Su luz y de reveladores de Su designio, para revelar a la humanidad una proporción cada vez mayor de Su verdad, de Su Voluntad inescrutable y. de Su Divina dirección, y que han de continuar dispensando todavía, hasta "el fin. que no tiene fin;" mayores y más potentes revelaciones de Su gloria y de Su poder sin.límites.
Bien podemos meditar' en nuestros corazones los pasajes siguientes de uña oración revelada por Bahá'u'lláh; los cuales afirman de manera conspicua y hacen aun más evidente la realidad de esa' grande y esencial verdad que yace en el centro mismo de Su Mensaje al género humano': "Alabado seas, ¡oh, Señor, Dios mío! -por las- maravillosas revelaciones de Tu inescrutable decreto y por las múltiples pruebas y dolores que Tú has destinado para mí. Tú me entregaste una vez en manos de Nimrod; Tú permitiste en otra ocasión que la vara de Faraón me persiguiera. Sólo Tú puedes estimar, gracias a Tu omnímodo saber y a la acción de Tu Voluntad, las incalculables aflicciones que he sufrido a manos de ellos. Tú, tam= bién me arrojaste en la celda de la prisión de los impíos sólo porque me sintiera impulsado a susurrar a los elegidos de los elegidos de Tu reino un indicio de, la visión que Tú inspiraste en mí al conocerte y cuyo significado Tú me revelaste, gracias a la potencia de Tu poder. Y, también,. Tú decretaste., que me decapitaran con la espada de los .infieles.. Y, también, que me crucificaran por haber revelado ante. los ojos de los hombres las joyas ocultas de Tu gloriosa uni
dad y por haber revelado a ellos los signos maravillosos de Tu poder eterno y soberano. ¡Cuán amargas fueron las humillaciones que en una edad subsiguiente acumularon sobre mí en las llanuras de Karbilá! ¡Cuán solitario me sentí en medio de Tu pueblo; cuán impotente el estado al cual fuí reducido en esa tierra! No satisfecho con tantas iniquidades, mis perseguidores me decapitaron y de tierra en tierra pasearon en alto mi cabeza ante la mirada de la incrédula multitud y la depositaron en los asientos de los perversos y de los infieles. En otra edad, fuí colgado y mi pecho fué hecho el blanco de las flechas de la maliciosa crueldad de mis enemigos. Mis miembros fueron acribillados de balas y mi cuerpo fué despedazado. Finalmente, he aquí cómo en este día mis enemigos se han juntado contra mí y están continuamente tramando para instilar el veneno del odio y de la malicia en las almas de Tus servidores. Proyectan con todas sus fuerzas la manera de llevar a cabo sus propósitos ... A pesar de lo grave de mi situación, ¡oh! Dios, mi Bienamado, Yo Te doy gracias y mi espíritu Te está agradecido por todo cuanto me ha acaecido en la senda de Tu voluntad. Estoy bien complacido con lo que Tú ordenaste para mí, y bienvenidas son las penas y las afliciones que se me hace sufrir, por más calamitosas que ellas sean."
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Carísimos amigos: De que el Báb, quien inauguró la Dispensación Bábí, tiene completo derecho al rango de una de las auto-suficientes Manifestaciones de Dios; de que ha sido investido con poderes y autoridad soberanos y de que ejerce todos los derechos y prerrogativas de Profeta independiente, es además otra verdad fundamental proclamada insistentemente en el Mensaje de Bahá'u'lláh y que sus creyentes deben inflexiblemente sostener. De que no ha de ser considerado meramente como un inspirado Precursor de la Revelación Bahá'í; de que en Su persona, como lo atestigua Él mismo en el Bayán Persa, se ha cumplido el objeto de todos los Profetas que Le precedieron, es una verdad que considero de mi deber demostrar y hacer resaltar. Faltaríamos ciertamente en nuestro deber hacia la Fe que profesamos y violaríamos uno de sus básicos y sagrados principios si en nuestras palabras o con nuestra conducta vaciláramos en reconocer las inferencias de este principio-raíz de la creencia Bahá'í, o rehusáramos sostener incondicionalmente su integridad y demostrar su ver
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dad. Realmente, el motivo principal que me ha impulsado a emprender la tarea de editar y traducir la inmortal Narración de Nabíl, ha sido el de capacitar a todo el que sigue la Fe en Occidente para una mejor comprensión y una captación más inmediata de las tremendas inferencias de Su exaltada posición, a la vez que para que sea más ardientemente admirado y amado.
No puede haber duda en que el derecho a la posición dual dispuesta por el Todopoderoso para el Báb, derecho que Él mismo presentó tan intrépidamente, que Bahá'u'lláh afirmó repetidamente y al cual, por último, el Testamento de `Abdu'1-Bahá dió la sanción de su testimonio, constituye el rasgo más distintivo de la Dispensación Bahá'í. Esto es una mayor evidencia de su carácter único en su género, es una tremenda accesión a la fuerza, al misterioso poder y autoridad con que este sagrado ciclo ha sido investido. En verdad, la grandeza del Báb consiste ante todo, no en el hecho de ser Él el precursor divinamente designado para tan trascendente Revelación, sino más bien, el de haber sido investido con los poderes propios de quien inicia una Dispensación religiosa aparte, y en el de haber ejercido el cetro de Profeta independiente hasta un grado no rivalizado por los Mensajeros que Le precedieron.
El breve tiempo que duró su Dispensación, el radio limitado dentro del cual han sido puestas en vigor sus leyes y ordenanzas, no suministran criterio alguno
por donde pudiera juzgarse su Divino origen y evaluarse la potencia de su mensaje. "De que un lapso tan breve," explica Bahá'u'lláh mismo, "haya separado esta tan poderosa Y maravillosa Revelación de mi propia anterior Manifestación, es un secreto que ningún hombre puede desentrañar, y un misterio tal, que ninguna mente puede penetrar. Su duración estaba preordenada y jamás hombre alguno alcanzará a descubrir su motivo, hasta que sea informado del contenido de Mi Libro Oculto." "Observad," sigue explicando Bahá'u'lláh en el Kitáb-i-Badí', una de Sus obras que refutan los argumentos de los del Ba cómo inmediatamente después de haaño de esa maravillosa, Dispensación, el número enteramente consagradas
y santificadas, se había consumado dentro del mayor secreto.'
yán, "observad berse cumplido el noveno santísima y misericordiosa requerido de almas pirras,
Los maravillosos sucesos anunciadores del advenimiento del Fundador de la Dispensación Bábí, las dramáticas circunstancias de Su vida llena de acontecimientos, la milagrosa tragedia de Su martirio, el encanto que Su influencia ejerció sobre los más eminentes y poderosos de sus conciudadanos, de todo lo cual lleva testimonio cada uno de los capítulos de la conmovedora narración de Nabíl, deben por sí solos ser considerados como suficiente evidencia de la validez de Su derecho a tan exaltada posición entre los Profetas.
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Pese a lo vívido del testimonio que el eminente cronista de Su vida ha trasmitido a la posteridad, tan luminosa narración palidece ante el brillante tributo que la pluma de Bahá'u'lláH ha hecho al Báb. Este tributo, el mismo Báb lo ha apoyado ampliamente con la clara aserción de Su título, mientras que el testimonio escrito de `Abdu'1-Bahá ha reforzado poderosamente su carácter y elucidado su significación.
¿En qué otro lugar que no sea el Kitáb-i-Ígán puede el estudiante de la Dispensación Bábí buscar para encontrar esas afirmaciones que inequívocamente atestiguan el poder y el espíritu que ningún hombre puede manifestar a menos que sea una Manifestación de Dios? "¿Puede," exclama Bahá'u'lláh, "tal cosa ser hecha manifiesta excepto por medio del poder de una Divina Revelación y la potencia de la Voluntad invencible de Dios? ¡Oh! ponla rectitud de Dios! ¡Si alguien hubiera de llevar en su corazón Revelación tan grande, se confundiría solo por el pensamiento de semejante declaración! Si los corazones de todos los hombres hubieran de conglomerarse dentro del suyo, aun entonces titubearía en aventurarse a empresa tan terrible!" En otro pasaje Él afirma: "Jamás ojo alguno ha contemplado efusión tan grande de gracia, ni oído alguno escuchado Revelación semejante de amorosa bondad. ... Los Profetas `dotados de constancia', cuya altura y gloria brillan como el sol, fueron cada cual honrados con un Libro que todos han visto y cuyos versículos han
sido debidamente averiguados. Pero los versículos que han llovido de esta Nube de divina misericordia son tan abundantes que nadie ha podido todavía calcular su número. ... ¿Cómo pueden tener en menos esta Revelación? ¿Ha habido edad alguna que haya sido testigo de acontecimientos tan trascendentales?"
Comentando sobre el carácter y la influencia de aquellos héroes y mártires a quienes el espíritu del Báb había tan mágicamente transformado, Bahá'u'lláh revela lo siguiente: "Si estos compañeros no son los verdaderos luchadores que van en pos de Dios, ¿a quiénes otros puede llamarse tales? ... Si estos compañeros son falsos, teniendo todos sus maravillosos testimonios y sus maravillosas obras, ¿quién es, entonces, digno de reclamar para sí la verdad? ... ¿Ha presenciado el mundo desde los días de Adán tal tumulto y tan violenta conmoción? ... Pienso yo, la paciencia fué revelada tan sólo por virtud de la fortaleza de ellos y la fidelidad misma tan sólo engendrada por sus obras."
Deseando hacer notar la sublimidad de la exaltada posición del Báb, en comparación con la de los Profetas del pasado, Bahá'u'lláh en la misma epístola asevera: "No hay intelecto que pueda captar la naturaleza de Su Revelación, ni sabiduría que pueda concebir la plenitud de Su Fe." Luego, en confirmación de su argumento, cita estas palabras proféticas: "La Sabiduría es veinte y siete letras. To-
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do lo que los Profetas han revelado son dos de estas letras. Ningún hombre hasta ahora ha conocido más que estas dos letras. Pero cuando surja el Qá'im, Él hará que se pongan de manifiesto las restantes veinte y cinco letras." "Observad," agrega, "cuán grande y elevada es Su Posición! Su rango sobrepasa al de todos los Profetas y Su Revelación trasciende la comprensión y la sabiduría de todos los escogidos de ellos." "De Su Revelación," agrega Él además, "los Profetas de Dios, Sus santos y Sus escogidos, o no fueron informados, o, según el inescrutable decreto de Dios, ellos nada expusieron."
De todos los tributos que la infalible pluma de Bahá'u'lláh eligió rendir a la memoria del Báb, Su "Predilectísimo", el más memorable y conmovedor es este breve, pero elocuente pasaje que tan grandemente realza el valor de los pasajes finales de esta misma epístola: "En medio de ellos," escribe Él, refiriéndose a las aflictivas pruebas y peligros que sufría en la ciudad de Baghdad, "con Nuestra vida en la mano Estamos totalmente resignados a Su voluntad, por si, merced al bondadoso amor y gracia de Dios, le sea dado a esta revelada y manifiesta Letra (Bahá'u'lláh) el ofrecer Su vida como un sacrificio en la senda del Punto Primordial, el Verbo Exaltadísïmo (el Báb). ¡Oh! por Él, ante Cuyo mandato habló el Espíritu! De no ser por ese anhelo de Nuestra alma, no Nos Hubiéramos quedado ni un solo momento más en esta ciudad."
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Carísimos amigos: Tan resonante loa, tan intrépida aserción, emanadas de la pluma de Bahá'u'lláh en obra de tanto peso, están completamente reflejadas en el lenguaje con que el Manantial de la Revelación Bábí eligió para expresar los derechos que Él mismo ha presentado. "Soy el Templo Místico," así, en el Qayyúmu'1-Asmá' proclama el Báb Su posición, "que la Mano del Omnipotente ha levantado. Soy la Lámpara que el Dedo de Dios ha encendido .dentro de Su Nicho y hecho que brille con inmortal esplendor. Soy la llama de esa celeste luz que alumbró en el Punto regocijante del Sinaí y que reposaba oculta en medio de la Zarza Ardiente." "¡Oh! Qurratu'1-`Ayn!" exclama, dirigiéndose Él a Sí mismo en el mismo comentario, "No reconozco en Tí a otro más que al `Gran Anuncio', el `Anuncio' proclamado por el Concurso de lo alto. Doy fe que con este nombre siempre Te han conocido aquéllos que circundan el Trono de Gloria." "Con todos y cada uno de los Profetas que Hemos hecho descender en los tiempos pasados," continúa, "Hemos establecido una Alianza por separado tocante a la `Memoria de Dios' y Su Día. Manifiestos están en el reino de gloria y por el poder de la verdad la `Memoria de Dios' y Su Día ante los ojos de los ángeles que circundan el trono de misericordia." "Si así lo Deseáramos," afirma Él de nuevo, "estaría en Nuestro poder el compeler, por medio de la acción de tan sólo una letra de Nuestra Revelación, a que el mundo entero
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y todo lo que está en él reconociera, en menos de un abrir y cerrar de ojos, la verdad de Nuestra Causa."
"Yo Soy el Punto Primordial," dice el Báb, dirigiéndose a Muhammad Sháh desde la prisión de la fortaleza de Máh-Kú, "desde el cual se generaron todas las cosas creadas. ... Yo Soy la Faz de Dios, Cuyo esplendor jamás puede ser obscurecido, la luz de Dios, Cuyo resplandor jamás puede desvanecerse. ... Todas las llaves del Cielo Dios escogió el ponerlas a Mi derecha, y todas las llaves del infierno, a Mi izquierda. ... Soy una de las columnas que sustentan el Verbo Primordial de Dios. Quienquiera que Me haya reconocido ha sabido todo lo que es verdadero y justo y ha alcanzado todo lo que es bueno' y conveniente. . . La substancia de la cual Dios Me Ha creado no es la arcilla con la cual otros fueron formados. Él ha conferido en Mí aquello que los mundanamente sabios jamás podrán comprender, ni los fieles descubrir." "Si una pequeña hormiga," afirma de manera característica el Báb en Su deseo de hacer resaltar las ilimitadas potencialidades latentes en Su Dispensación, "deseare en este día hallarse poseída de un poder tal que le permitiese desenredar los más abstrusos y más intrincados pasajes del Korán, su deseo veríase indudablemente colmado, puesto que el misterio de eterno poder vibra dentro de lo más recóndito de la existencia de todo lo creado." "Si tan indefensa criatura," comenta `Abdu'1-Bahá, a propósito de tan sorprendente
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afirmación, "puede ser dotada de tan sutil capacidad, ¡cuánto más eficaz ha de ser el poder que se desprende de las liberales efusiones de la gracia de Bahá'u'lláh!"
A estas autorizadas aserciones y solemnes declaraciones hechas por Bahá'u'lláh y el Báb, debe añadirse el testimonio incontrovertible de `Abdu'1-Bahá. Él, el designado intérprete de las palabras, tanto de, Bahá'u'lláh como del Báb, corrobora, no por inferencia en lenguaje claro y categórico, tanto en Sus Tablas como en Su Testamento, la verdad de las manifestaciones a las cuales ya me he referido.
En una Tabla dirigida a un Bahá'í de Mázindarán, en la cual Él revela el significado de una mal interpretada expresión que se Le atribuía respecto a la salida del Sol de la Verdad en este siglo, Él expone breve pero concluyentemente lo que debe quedar para siempre como nuestra concepción de la relación entre las dos Manifestaciones con respecto a la Dispensación Bahá'í. "Al expresarme así," explica, "no tenía en mente a nadie más que al Báb y a Bahá 'u'lláh, el carácter de Cuyas Revelaciones era mi propósito elucidar. La Revelación del Báb puede ser considerada como el sol, correspondiendo su posición al primer signo del Zodíaco, el signo Aries, en el cual entra el sol al equinoxio de primavera. La posición de la Revelación de Bahá'u'lláh, por otro lado, se halla representada por el signo Leo, el sol en medio del verano en su más alta posición. Ello quiere decir que esta santa Dispensación está ilumi-
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nada por la luz del Sol de la Verdad brillando desde su más exaltada posición y en la plenitud de su resplandor, de su calor y de su gloria."
"Su Exaltación, el Báb," afirma más específicamente `Abdu'1-Bahá en otra Tabla, "es la Mañana de la Verdad, el esplendor de Cuya luz brilla a través de todas las regiones. Él es también el Precursor de la Luz Suprema, la Luminaria de Abhá. La Beldad Bendita, es Él prometido de todos los libros sagrados del pasado, la revelación del Manantial de luz que brilló en el Monte Sinaí, Cuyo fuego alumbró en medio de la Zarza Ardiente. Todos y cada uno de nosotros somos sirvientes en sus umbrales y estamos de humildes guardianes a sus puertas." "Toda prueba y profesía," advierte aun más enfáticamente, "toda clase de evidencia, sea ella basada en la razón o en el texto de las escrituras y tradiciones, han de considerarse centradas en las personas de Bahá'u'lláh y el Báb. En Ellos se encuentra su completa realización."
Y, finalmente, en Su Testamento, repositorio de Sus últimos deseos y de Sus instrucciones póstumas, en el siguiente pasaje, llamado especialmente a establecer los principios que gobiernan la creencia Bahá'í, Él pone el sello de Su testimonio sobre la dual y exaltada posición del Báb: "La base de la creencia del pueblo de Bahá (que mi vida sea ofrecida en sacrificio por él) es ésta: Su Santidad, la Exaltación (el Báb), es la Manifestación de la unión y unidad de Dios y el Precursor de la Antigua Beldad (Bahá
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'u'lláh). Su Santidad, la Beldad de Ahhá (Bahá'u' lláh) (que mi vida sea ofrecida en sacrificio por Sus fieles amigos), es la Suprema Manifestación de Dios y la Aurora de Su Divinísima Esencia." "Todos los Demás," agrega de manera significativa, "son sirvientes de Él y cumplen Sus mandatos."
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Carísimos amigos: En las páginas que anteceden he osado tratar de hacer una exposición de aquellas verdades que firmemente creo son implícitas del título de Aquél, que es el Manantial de la Revelación Bahá'í. Me he esforzado, además, en disipar aquellos malentendidos que naturalmente pueden suscitarse en la mente de cualquiera que contemple tan superhumana manifestación de la gloria de Dios. Me he esforzado en explicar el significado de la divinidad con que necesariamente debe estar investido Aquél que es el vehículo de energía tan misteriosa. He tratado también, lo mejor que he podido, de demostrar que el Mensaje que ha sido comisionado por Dios a un Ser tan grande para darlo a la humanidad en esta época, reconoce el origen divino y sostiene los primeros principios de todas las Dispensaciones inauguradas por los Profetas del pasado, y se mantiene inextricablemente entrelazada con cada una de ellas. He creído, de la misma manera, necesario probar y hacer resaltar que, el Autor de esa Fe, Quien no reconoce el derecho al absolutismo, que sostienen
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los líderes de otras creencias, lo niega para Sí mismo, a pesar de la amplitud de Su Revelación. Otro principio básico, cuya elucidación también me ha parecido extremadamente deseable en el presente grado de la evolución de nuestra Causa, ha sido el de que el Báb, no obstante lo que duró Su Dispensación, debe ser considerado ante todo, no como el escogido Precursos de la Fe Bahá'í, sino más bien como Aquél que fué investido de la indivisa autoridad asumida por cada uno de los Profetas independientes del pasado.
Estimo ahora muy necesario que hagamos un esfuerzo para esclarecer nuestra mente respecto a la posición que ocupa 'Abdu'I-Bahá y a la significación de Su posición en esta Santa Dispensación. Sería verdaderamente difícil para nosotros, tan cerca como nos hallamos de tan tremenda figura y atraídos como estamos por el misterioso poder de tan magnética personalidad, el obtener una comprensión clara y exacta del rol y del carácter de Uno que, no sólo en la Dispensación de Bahá'u'lláh, sino en todo el campo de la historia religiosa, llena una función única en su género. Aunque moviéndose dentro de una esfera propia y manteniendo un rango radicalmente diferente al del Autor y al del Precursor de la Revelación Bahá'í, Él, por virtud de la posición dispuesta para Él en la Alianza de Bahá'u'lláh, forma, junto con ellos, lo que puede designarse como las Tres Figuras Centrales de una Fe que se levanta sin igual dentro de la historia espiritual del mundo.
Junto con Ellos, Él se yergue por encima de los destinos de esta joven Fe de Dios a una altura que jamás podrá esperar alcanzar ningún individuo o grupo que sirva a las necesidades de ella después de Él y por no menos de un período completo de mil años. El degradar Su alto rango identificando Su posición o considerándola más o menos equivalente a la posición de aquéllos en quienes ha recaído el manto de Su autoridad, sería un acto de impiedad tan grave como la no menos herética creencia que se inclina a exaltarlo a un estado de absoluta igualdad, ya sea con la Figura Central o con el Precursor de nuestra Fe. Grande como es el abismo que separa a 'Abdu'I-Bahá de Aquél que es la Fuente de Una Revelación independiente, jamás podrá considerarse conmensurable con la mayor distancia que existe entre Aquél que es el Centro de la Alianza y Sus ministros, encargados de continuar Su trabajo, cualesquiera que sean sus nombres, rangos, funciones o la naturaleza de lo que realicen en el futuro. Ante la luz de esta exposición, aquéllos que conocieron a 'Abdu'I-Bahá y que por el contacto con Su magnética personalidad llegaron a sustentar admiración tan tierna y ferviente por Él, deben reflexionar sobre la grandeza de Aquél que está tan por encima de Él en posición.
Que 'Abdu'I-Bahá no es una Manifestación de Dios, que, a pesar de ser el sucesor de Su Padre, no ocupa una posición análoga, y que nadie, a excepción del Báb y de Bahá'u'lláh, podrá jamás reclamar para
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sí esa posición antes de la expiración de un período completo de mil años, son verdades que se hallan incrustadas en las específicas declaraciones tanto del Fundador de nuestra Fe como del Intérprete de Sus enseñanzas.
"Quienquiera dijese que tiene una Revelación directa de Dios," es la advertencia expresa pronunciada en el Kitáb-i-Agdas, "antes de la expiración de un período completo de mil años, es, con toda seguridad, un deliberado impostor. Rogamos a Dios que en Su misericordia lo ayude a retractarse y a repudiar tal pretensión. Si se arrepintiere, no hay duda que Dios lo perdonará. Si, por el contrario, insistiere en su error, Dios de seguro enviará quien lo tratará sin misericordia. En verdad, terrible es Dios en su castigo!" "Quienquiera que," agrega Él para mayor fuerza, "interprete este versículo de manera diferente al de su obvio significado, está privado del Espíritu de Dios y de Su misericordia, que abarca toda la creación." "Si apareciere un hombre," dice aún concluyentemente en otra manifestación, "antes de un lapso completo de mil años (cada año de doce meses, según el Korán, y de diecinueve meses de diecinueve días cada uno, según el Bayán), y tal hombre revelare ante vuestros ojos todos los signos de Dios, rechazadlo sin titubear!"
Las propias declaraciones de `Abdu'1-Bahá, confirmando esta advertencia, no son menos enfáticas ni de menor precepto: "Esta es," declara, "mi convicción firme, invariable, la esencia de mi abierta y
explícita creencia, convicción y creencia que los sujetos del Reino de Abhá comparten plenamente: La Beldad Bendita es el Sol de la Verdad y Su luz, la Luz de la Verdad. Igualmente, el Báb es el Sol de la Verdad y Su Luz es la Luz de la Verdad. ... Mi posición es la posición de servidumbre, servidumbre completa, pura y real, firmemente establecida, permanente, obvia, explícitamente revelada y no sujeta a interpretación alguna. ... Soy el Intérprete de la Palabra de Dios; tal es mi interpretación."
`Abdu'1-Bahá, en Su Testamento, en tono y lenguaje que bien pueden confundir al más inveterado de entre los infractores del Convenio de Su Padre, ¿no les quita su arma principal a aquéllos que tanto y tan persistentemente se esforzaron en imputarle el cargo de haber tácitamente pretendido una posición igual, si no superior, a la de Bahá'u'lláh? "El fundamento de la creencia del pueblo de Bahá es éste:" así proclama en uno de los pasajes de mayor peso de ese documento póstumo dejado para declarar a perpetuidad las direcciones y los deseos de un Maestro fallecido, "Su Santidad, la Exaltación (el Báb), es la Manifestación de la unión y de la unidad de Dios y el Precursor de la Antigua Beldad. Su Santidad la Beldad de Abhá (Bahá'u'lláh) (sea mi vida ofrecida en sacrificio por Sus fieles amigos), es la Manifestación Suprema de Dios y la Aurora de Su Divinísima Esencia. Todos los demás son sirvientes de Él y cumplen Sus mandatos."
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De estas claras y formalmente expuestas manifestaciones, incompatibles como son con cualquier aserción de pretender a la posición de Profeta, no debemos, bajo ningún concepto, inferir que `Abdu'1-Bahá sea meramente uno de los sirvientes de la Beldad Bendita, o en el mejor de los casos, Uno cuyas funciones sean sólo las de un autorizado intérprete de las enseñanzas de Su Padre. Lejos de mí está el mantener semejante idea o el desear inculcar tales sentimientos. El considerar a `Abdu'I-Bahá bajo esa luz es una manifiesta traición a la inestimable herencia dejada por Bahá'u'lláh al género humano. La posición conferida en Él por la Pluma Suprema es exaltada en grado inconmensurable y se halla por encima de las inferencias de esas Sus escritas manifestaciones. Tanto en el Kitáb-i-Agdas, la de mayor peso y la más sagrada entre las obras de Bahá'u'lláh, como en el Kitáb-i `Ahd, el Libro de Su Alianza, y en el Súriy-i-Ghusn, la Tabla de la Rama, las referencias que hace la pluma de Bahá'u'lláh (referencias poderosamente reforzadas en las Tablas dirigidas a Él por Su Padre), inviste a `Abdu'I-Bahá con un poder y lo rodea con un halo, que jamás podrá llegar la presente generación a apreciar en su justo valor.
El es, y debe para siempre ser considerado, primeramente y ante todo, como el Centro y Pivote de la Alianza incomparable, que todo lo abarca, de Bahá'u'lláh, como Su más exaltada obra, como el Espejo inmaculado de Su luz, el perfecto Ejemplo de Sus enseñanzas, el infalible Intérprete de Su Pa
labra, la personificación de cada uno de los ideales Bahá'ís, la encarnación de cada una las virtudes Bahá'ís, la Más Poderosa Rama salida de la Antigua Raíz, el Miembro de la Ley de Dios, el Ser "a Cuyo alrededor giran todos los nombres", el Resorte Principal de la Unidad del Género Humano, la Insignia de la Paz Suprema, la Luna del Astro Central de esa santísima Dispensación, nombres y títulos que son implícitos y hallan su más real, su más alta y más hermosa expresión en el mágico nombre: `Abdu'lBahá. Él es, por encima y más allá de estos nombres, el "Misterio de Dios", expresión con la cual Bahá'u'lláh mismo eligió designar a Él y que, si bien bajo ningún concepto nos justifica para que Le asignemos la posición de Profeta, indica cómo, en la persona de `Abdu'1-Bahá, se han reunido y armonizado completamente las incompatibles características de una naturaleza humana y de una sobrehumana sabiduría y perfección.
"Cuando el océano de Mi presencia haya refluído y el Libro de Mi revelación haya terminado," proclama el Kitáb-i-Agdas, "tornad vuestros semblantes hacia Aquél a Quien Dios ha resignado, Él Que ha salido de esta Antigua Raíz." Y, nuevamente, "Cuando la Mística Paloma haya levantado vuelo desde su Santuario de Alabanza é ido en busca de su distante meta, su oculta morada, dirigíos por cualquier cosa que no comprendáis del Libro, hacia Aquél que salió de este poderoso Tronco."
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En el Kitáb-i `Ahd, además, Bahá'u'lláh declara solemne y explícitamente: "Incumbe a los Aghsán, los Afnán y Mis parientes, a todos y cada uno de ellos, dirigir sus semblantes hacia la Más Poderosa Rama. Considerad lo que Hemos revelado en Nuestro Santísimo Libro: "`Cuando el océano de Mi Presencia haya refluído y el Libro de Mi Revelación haya terminado, tornad vuestros semblantes hacia Aquél a Quien Dios ha designado, Quien ha salido de esta Antigua Raíz'. El objeto de este sagrado versículo no es otro que la Más Poderosa Rama (`Abdu'1-Bahá). Así os Hemos revelado en Nuestra misericordia, Nuestra potente Voluntad, y, en verdad, Soy el Misericordioso, el Todopoderoso."
En el Súriy-i-Ghusn (Tabla de la Rama), han sido registrados los versículos siguientes: "Rama del Sadratu'1-Muntahá es este sagrado y glorioso Ser, esta Rama de Santidad; bienaventurado es aquél que ha buscado refugio en Él y ha morado bajo Su sombra. En verdad, el Miembro de la Ley de Dios ha brotado de esta Raíz que Dios implantó firmemente en la Tierra de Su Voluntad y Cuya Rama ha sido tan elevada que ha abarcado toda la creación. Sea Él, pues, magnificado por esta sublime, bendita, poderosa y exaltada Mano de Obra! ... Una palabra procedente de la Más Grande Tabla ha sido adelantada como signo de Nuestra gracia, una palabra que Dios ha adornado con el ornamento de Sí mismo y la ha hecho soberana de la tierra y de todo lo que en ella existe, un signo de Su grandeza y de Su po
der entre su pueblo ... Dad gracias a Dios, ¡Oh pueblo! por haber Él aparecido, pues, en verdad, Él es el más grande Favor que os ha hecho, la más perfecta munificencia prodigada en vosotros, y por Él los huesos en pulverización vuelven a la vida. Todo aquél que se volviere hacia Él se volverá hacia Dios, y todo aquél que se apartare de Él se apartará de Mi Beldad, repudiará Mi Signo y transgredirá contra Mí. Él es el Fideicomiso de Dios entre vosotros, Él es lo que Dios ha puesto a vuestra custodia en vosotros, Su manifestación en vosotros y Su aparición entre Sus favorecidos sirvientes ... Lo Hemos hecho descender en la forma de un templo humano. Bienaventurado y Santificado sea Dios, que crea todo lo que Él quiere mediante Su inviolable, Su infalible decreto. Aquéllos que se privan a sí mismos de la sombra de la Rama se pierden en el desierto del error, se consumen en el calor de los deseos humanos y son los que de seguro perecerán."
"Oh, Vos que sois la niña de Mis ojos!" así Bahá'u'lláh se dirige a `Abdu'1-Bahá, escribiendo con su puño y letra, "Mi gloria, océano de Mi amorosa bondad, sol de Mi munificencia: el cielo de Mi misericordia descansa en Tí. Rogamos a Dios que ilumine al mundo a través de Tu Sabiduría y Tu cordura, que disponga para Tí aquello que regocije Tu corazón e imparta consolación a Tus ojos." "La gloria de Dios descansa en Tí," escribe Él en otra Tabla, "y en quienquiera que Te sirva y esté a Tu alrededor. Bienhadado aquél que jure fidelidad hacia Tí;
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que el fuego del infierno atormente a quien sea Tu enemigo." "Te hemos hecho amparo del género humano," afirma Bahá'u'lláh en otra Tabla, "refugio para todos los que están en el cielo y en la tierra, fortaleza para todos los que han creído en Dios, el Incomparable, el Omnisapiente. Quiera Dios que por Tu intermedio Él los proteja, los enriquezca y los sostenga; que Te inspire con aquello que sea un manantial de riqueza para todo lo creado, un océano de munificencia para todos los hombres y la aurora de misericordia para todos los pueblos."
"Tú sabes, ¡Oh, Dios mío!", suplica Bahá'u'lláh en una oración revelada en honor de `Abdu'1-Bahá, "que no deseo para Él sino lo que Tú deseas y que no Lo He elegido para otro fin que el que Tú tienes asignado para Él. Hazlo, pues, victorioso mediante Tus huestes de la tierra y del cielo. ... U imploro, por el ardor de mi amor por Tí y por el impulso de mi anhelo de manifestar Tu Causa, que dispongas para Él y para aquéllos que Le aman lo que Tú tienes destinado para Tus Mensajeros y para los Depositarios de Tu Revelación. En verdad, Tú eres el Todopoderoso, el Omnipotente!"
En una carta dictada por Bahá'u'lláh y dirigida por Mírzá Áqá Ján, Su amanuense, a'Abdu'1-Bahá, mientras éste se hallaba de visita en Beirut, leemos lo siguiente: "Loado sea Aquél que ha honrado a la Tierra de Bá (Beirut) con la presencia de Aquél a Cuyo alrededor giran todos los nombres. Todos los átomos de la tierra han anunciado a la creación en
tera que desde atrás de las puertas de la ciudad de la Prisión y por sobre su horizonte, apareció y brilló el Astro de belleza de la grande y Omnipotentísima Rama de Dios, Su antiguo e inmutable Misterio, encaminándose hacia otra tierra. El pesar envuelve por eso a la ciudad de la Prisión, mientras que otra tierra se regocija. ... Bendito, dos veces bendito es el suelo que recibió Sus pisadas, los ojos que gozaron de la belleza de Su semblante, los oídos que fueron honrados escuchando Su llamado, el corazón que gustó de la dulzura de Su amor, el pecho que se ha henchido con Su recuerdo, la pluma que proclamó Sus alabanzas, el papel que recibió el testimonio de Sus escritos."
Al escribir confirmando la autoridad en Él conferida por Bahá'u'lláh, hace `Abdu°1-Bahá la siguiente manifestación: "De acuerdo con el texto explícito del Kitáb-i-Agdas, Bahá'u'lláh ha hecho del Centro de la Alianza el Intérprete de Su Palabra, una Alianza tan firme y poderosa, que ninguna Dispensación religiosa desde el principio de los tiempos hasta el presente día ha producido algo semejante."
Exaltado como es el rango de `Abdu'1-Bahá y profusas como son las alabanzas con que Bahá'u'lláh ha glorificado a Su hijo en estos Libros sagrados y Tablas, estas distinciones, únicas en su género, no deben jamás ser interpretadas como si confirieran a su recipiente una posición idéntica o equivalente a la de Su Padre, que es la Manifestación Misma. Una
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interpretación semejante de cualquiera de los pasajes mencionados, estaría inmediatamente, y por obvias razones, en conflicto con las no menos claras y auténticas aserciones y advertencias a las cuales ya me he referido. En efecto, según lo he manifestado yá, aquéllos que se exceden en la estimación de la posición de `Abdu'1-Bahá, son tan reprensibles y hacen tanto daño como los que la estiman en menos. Y esto por ninguna otra razón más, que porque al insistir sobre una deducción de los escritos de Bahá'u'lláh, completamente injustificada, ellos inadvertidamente justifican y sin cesar suministran al enemigo pruebas para sus acusaciones falsas y manifestaciones erróneas.
Creo necesario, por lo tanto, manifestar sin ningún equívoco o vacilación, que ni en el Kitáb-i-Agdas, ni en el Libro de la Alianza de Bahá'u'lláh, ni aún en la Tabla de la Rama, ni en ninguna otra Tabla, ya sea revelada por Bahá'u'lláh o por `Abdu'1-Bahá, existe autoridad alguna para la opinión que se inclina a sostener la llamada "unión mística" de Bahá'u'lláh y `Abdu'1-Bahá, o a establecer la identidad de este último con Su Padre o con cualquier Manifestación anterior. Este erróneo concepto podrá ser debido, en parte, a una interpretación completamente extravagante de ciertos términos y pasajes de la Tabla de la Rama, a la introducción en su traducción al inglés de ciertas palabras que, o no existen, o son erróneas o ambiguas en su connotación. No hay duda que está basada principalmente en una de
ducción del todo injustificada de los pasajes iniciales de la Tabla de Bahá'u'lláh, cuyos extractos, según se reproducen en "Las Escrituras Bahá'ís," preceden inmediatamente, pero no forman parte de dicha Tabla de la Rama. Debe aclararse a todo el que lea esos extractos, que con la frase "el Lenguaje del Supremo", no se hace referencia a nadie más que a Dios, y que el término "el más Grande Nombre" es una referencia obvia hecha a Bahá'u'lláh, y que "la Alianza" de que se hace mención, no es la Alianza misma de la cual Bahá'u'lláh es el Autor inmediato y `Abdu'1-Bahá su Centro, sino la Alianza general, que, según lo inculca la enseñanza Bahá'í, Dios mismo establece invariablemente con la humanidad cuando Él inaugura una nueva Dispensación. "El lenguaje" que "proclama," según expresan esos extractos, la "buena nueva," no es otra cosa que la Voz de Dios, refiriéndose a Bahá'u'lláh, y no Bahá'u'lláh, refiriéndose a `Abdu'1-Bahá.
Además, el sostener que la aserción "Él es Yo Mismo" establece la identidad de Bahá'u'lláh con `Abdu' 1-Bahá, en lugar de la mística unión de Dios con Sus Manifestaciones, como se explica en el Kitáb-i-Ígán, constituiría una violación directa del muy repetido principio de la unidad de las Manifestaciones de Dios, cuyo principio el Autor de estos mismos extractos trata por inducción de hacer resaltar.
Significaría también revertir a esas irracionales y supersticiosas creencias que durante el primer siglo
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de la era cristiana se deslizaron insensiblemente en las enseñanzas de Jesucristo y que, al cristalizarse en dogmas aceptados, dañaron la eficiencia y obscurecieron el propósito de la Fe cristiana.
"Afirmo," dice `Abdu'1-Bahá en el comentario escrito por Él mismo sobre la Tabla de la Rama, "que el verdadero sentido, el significado real, el secreto íntimo de estos versículos, de estas precisas palabras, es mi propia servidumbre al sagrado Umbral de la Beldad de Abhá, mi propia completa cancelación, mi anulación extrema ante Él. Esta es mi corona resplandeciente, mi preciosísimo adorno. De esto me enorgullezco en el reino de la tierra y en el del cielo. De ello me glorifico en medio de la compañía de los bien favorecidos!" "A nadie le está permitido," nos advierte Él en el pasaje que inmediatamente sigue, "dar a estos versículos ninguna otra interpretación." "Soy," afirma Él, a este mismo respecto, "según el texto explícito del Kitáb-i-Agdas y el Kitábi `Ahd, el que ha sido hecho manifiesto para Intérprete de la Palabra de Dios. ... Quienquiera que se desvíe de mi interpretación, es víctima de su propia imaginación.
Además, la inevitable deducción que resultaría de la creencia en la identidad entre el Autor de nuestra Fe y Aquél que es el Centro de Su Alianza, sería la de colocar a `Abdu'1-Bahá en una posición superior a la del Báb, cuando lo contrario es el principio fundamental de esta Revelación, bien que no sea ello
todavía universalmente reconocido. También justificaría la acusación con que durante todo el ministerio de `Abdu'1-Bahá los violadores de la Alianza trataron de envenenar las mentes y pervertir el conocimiento de los fieles adictos de Bahá'u'lláh.
Sería más correcto y más en consonancia con los establecidos principios de Bahá'u'lláh y del Báb, si en lugar de sostener esta ficticia identidad con relación a `Abdu'1-Bahá, miráramos al Precursor y al Fundador de nuestra Fe como idénticos en realidad, verdad ésta que el texto del Súratu'1-Haykal la afirma de manera inequívoca: "Si el Punto Primordial (el Báb) hubiera sido otro que Yo, según pretendéis," manifiesta explícitamente Bahá'u'lláh, "y hubiese llegado a Mi presencia, en verdad que Él jamás habría permitido separarse de Mí y, por el contrario, habríamos tenido mutuo gozo durante Mis Días." "Aquél que ahora proclama la palabra de Dios," Bahá'u'lláh afirma nuevamente, "no es otro sino el Punto Primordial, Quien ha sido nuevamente puesto de manifiesto." "Él es," dice refiriéndose a Sí mismo en una Tabla dirigida a una de las Letras de los Vivientes, "el mismo que Aquél que apareció el año sesenta (1260 A. H.). Este es en verdad uno de Sus potentes signos." "¿Quién se levantará," pregunta Bahá'u'lláh en el Súriy-i-Damm, "para obtener el triunfo de la Beldad Primordial (el Báb) revelada en el semblante de Su subsiguiente Manifestación?" Refiriéndose a la Revelación proclamada
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por el Báb, Él recíprocamente la caracteriza como "Mi Propia anterior Manifestación."
De que `Abdu'1-Bahá no es una Manifestación de Dios, de que Él recibe Su luz, su inspiración y su sostén directamente de la Fuente Principal de la Revelación Bahá'í; de que Él refleja como un Espejo claro y perfecto los rayos de la gloria de Bahá'u'lláh, y• de que no posee de manera inherente esa realidad indefinible pero omnipresente, cuya exclusiva posesión es la característica de la posición de Profeta; de que Sus palabras no son iguales en rango, aunque poseen igual validez que las de Bahá'u'lláh; de que no debe ser aclamado como la vuelta de Jesucristo, como el Hijo que vendrá "en la gloria del Padre," son verdades estas que encuentran mayor justificación y se reafirman más en la siguiente exposición de `Abdu'1-Bahá, dirigida a algunos creyentes de América, y con ella bien puedo dar término a esta sección: "Habéis escrito de que existe una divergencia entre los creyentes, respecto a la `Segunda Venida de Cristo'. Alabado sea Dios! Muchas veces se ha suscitado esta pregunta y su respuesta ha emanado de una declaración clara e irrefutable de la pluma de `Abdu'1-Bahá, en el sentido de que `el Señor de las Huestes' y el `Cristo Prometido' en las profesías, se refieren a la Bienaventurada Perfección (Bahá'u'lláh) y a Su Santidad, la Exaltación (el Báb). Mi nombre es `Abdu'1-Bahá. Mi calificación es `Abdu'1-Bahá. Mi realidad es `Abdu'1-Bahá. Mi alabanza es `Abdu'1-Bahá. Esclavitud a la Bienaventurada
Perfección es mi gloriosa y refulgente diadema, y servidumbre a toda la raza humana es mi religión perpetua. ... No tengo ni jamás tendré otro nombre, título, mención o elogio más que el de `Abdu'1Bahá. Este es mi deseo. .. . Este es mi más grande anhelo. Esta es mi vida eterna. Esta es mi eterna gloria."
El Orden Administrativo
EL ORDEN ADMINISTRATIVO
Carísimos hermanos en `Abdu'1-Bahá: Con la ascensión de Bahá'u'lláh, el Sol de Guía Divina (que como lo predijera Shaykh Ahmad y Siyyid Kázim, levantóse en Shíráz y en su marcha hacia el oeste llegó el cenit en Adrianópolis) fué a ponerse finalmente detrás del horizonte de `Akká, para no volver más antes de la revolución de un ciclo completo de mil años. La puesta de Astro tan refulgente dió término definitivo al período de Divina Revelación, a la etapa inicial y más vivificante de la era Bahá'í. Este período que, inaugurado por el Báb, culminó en Bahá'u'lláh, a Quien esperaba y loaba-todo el conjunto de Profetas de este gran ciclo profético, fué caracterizado, excepción hecha del corto intervalo entre el martirio del Báb y las terribles experiencias de Bahá'u'lláh en la Síyáh-Chál de Teherán, por una Revelación progresiva y continua de casi cincuenta años, período que por su duración y fecundidad debe ser considerado sin paralelo en todo el campo de la historia espiritual del mundo.
La muerte de `Abdu'1-Bahá, por otro lado, marca el Término de la Edad Heroica y Apostólica de esta
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misma Dispensación, ese período primitivo de nuestra Fe cuyos esplendores jamás habrán de ser rivalizados ni mucho menos eclipsados por la magnificencia que necesariamente ha de distinguir a las futuras victorias de la Revelación de Bahá'u'lláh. Porque ni los hechos realizados por los grandes organizadores de las actuales instituciones de la Fe de Bahá'u'lláh, ni los ruidosos triunfos que los héroes de su Edad de Oro conseguirán ganar, podrán equipararse o ser puestos en la misma categoría de las maravillosas obras asociadas a los nombres de aquéllos que generaron la vida misma de esa Fe y echaron sus prístinos cimientos. Esa primera y creadora época de la era Bahá'í ha de destacarse por su propia naturaleza por encima y aparte del período de formación en que hemos entrado y de la edad de oro que está destinada a sucederle.
`Abdu'1-Bahá, Quien encarna una institución de la cual no podemos encontrar paralelo alguno en ninguno de los reconocidos sistemas religiosos del mundo, puede decirse que ha cerrado la Edad a la cual Él mismo pertenecía y ha abierto aquélla en la cual nosotros ahora bregamos. Así, pues, Su Testamento ha de considerarse como el perpetuo e indisoluble vínculo concebido por la mente de Aquél que es el Misterio de Dios, para asegurar la continuidad de las tres épocas que constituyen las partes componentes de la Dispensación Bahá'í. El período en el cual la simiente de la Fe estaba lentamente germinando, se halla así entrelazado tanto con el período que ha
de presenciar su florescencia como con el subsiguiente, en que la semilla habrá finalmente dado su precioso fruto.
Las energías creadoras liberadas por la Ley de Bahá'u'lláh, al penetrar y desarrollarse en la mente de `Abdu'I-Bahá, dieron lugar, por el propio impacto y estrecha acción mutua, al nacimiento de un Instrumento que puede considerarse como la Carta Magna del Nuevo Orden Mundial, la cual es a la vez la gloria y la promesa de esta sublime Dispensación. Puede así ser aclamado el Testamento como el inevitable resultado de la mística unión entre Aquél que comunicó la influencia generatriz de Su divino Designio y Aquél que fué el vehículo y el recipiente elegido. Siendo el Testamento de `Abdu'1-Bahá el Vástago de la Alianza -el Heredero tanto de Quien Originó la Ley de Dios como de Aquél que lo Interpretó- no puede separársele de Quien fuera el impulso original que lo motivó, de la misma manera que no puede separársele de Aquél que finalmente lo concibió. Debemos siempre tener presente que el inescrutable designio de Bahá'u'lláh ha sido tan cabalmente infundido en la conducta de `Abdu'1-Bahá, y los motivos de ambos han sido tan estrechamente unidos, que la menor tentativa de querer disociar las enseñanzas del primero de cualquier sistema establecido por el que fué el Ejemplo ideal de esas mismas enseñanzas, significaría repudiar una de las básicas y más sagradas verdades de la Fe.
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El Orden Administrativo que desde la ascensión de `Abdu'1-Bahá se ha desenvuelto y toma forma a nuestra propia vista en no menos de cuarenta países del mundo, puede considerarse como el armazón del Testamento mismo, como la fortaleza inviolable dentro de la cual ese recién nacido vástago se cría y desarrolla. A medida que este Orden Administrativo se expanda y consolide pondrá de manifiesto, no hay duda, sus potencialidades y revelará todo el significado de este extremadamente importante Documento, de esta nobilísima expresión de la Voluntad de Aquél que es la figura más notable de la Dispensación de Bahá'u'lláh. A medida que sus partes componentes, sus instituciones orgánicas comiencen a funcionar con vigor y eficacia, han de aseverar su derecho y demostrar su capacidad para que se le considere no solamente como el núcleo, sino como el modelo mismo del Nuevo Orden Mundial que con el tiempo está destinado a abarcar el total de la humanidad.
Debe notarse al respecto, que este Orden Administrativo es fundamentalmente diferente a todo lo que Profeta alguno haya establecido hasta ahora, puesto que Bahá'u'lláh mismo es Quien ha revelado sus principios, establecido sus instituciones, designado la persona para interpretar Su Palabra y conferido la autoridad necesaria en la entidad destinada a suplementar y aplicar Sus ordenanzas legislativas. He ahí el secreto de su fuerza, su diferencia fundamental y la garantía contra el cisma y la desintegra
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ción. En ninguna parte dentro de las escrituras sagradas de cualquiera de los sistemas religiosos del mundo, ni aun en los escritos del Inaugurador de la Dispensación Bábí, podemos hallar disposiciones que establezcan una alianza o que provean un orden administrativo comparable, en alcance y autoridad, con las que se hallan dentro de las bases mismas de la Dispensación Bahá'í. ¿Tienen acaso la Cristiandad o el Islám, tomando por ejemplo dos de las más difundidas y destacadas entre las reconocidas religiones, del mundo, algo que ofrecer que sea comparable o pueda considerarse equivalente, ya sea al Libro de la Alianza de Bahá'u'lláh o al Testamento de `Abdu'1-Bahá? ¿Acaso el texto, ya sea de los Evangelios o del Korán, confiere autoridad suficiente a los líderes y concilios que han reclamado el derecho y asumido la función de intérpretes de las disposiciones de sus sagradas escrituras y de administradores de los asuntos de sus respectivas comunidades? ¿Podrían Pedro, el reconocido jefe de los Apóstoles, o el Imám'Alí, primo y legítimo sucesor del Profeta, presentar afirmaciones explícitas escritas por Cristo o por Mahoma para apoyar la primacía con que ambos fueron investidos y acallar los que, entre sus contemporáneos o en épocas posteriores, repudiaron la autoridad de ellos, o que por sus acciones precipitaron cismas que persisten aun hoy en día? Podemos confiadamente preguntar ¿dónde, entre los documentados dichos de Jesucristo, ya sea en materia de sucesión o de previsión de determinada serie de
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leyes y disposiciones administrativas claramente definidas, que se distinguen de principios puramente espirituales, podemos encontrar algo que se aproxime a los detallados mandatos, leyes y advertencias que abundan entre las auténticas palabras tanto de Bahá'u'lláh como de `Abdu'l-Bahá? ¿Puede pasaje alguno del Korán, el que con respecto a su código legal, preceptos administrativos y ritos religiosos marca ya un notable adelanto sobre anteriores y más viciadas Revelaciones, ser interpretado como que coloca sobre una base inatacable a la indudable autoridad que Mahoma, verbalmente y en varias ocasiones, confiriera a Su sucesor? ¿Puede acaso decirse que el Autor de la Dispensación Bábí -por más que gracias a las previsiones del Bayán Persa haya logrado evitar un cisma tan permanente y catastrófico como los que afligieron a la Cristiandad y al Islamismo- haya producido instrumentos para la salvaguardia de Su Fe que sean tan definidos y eficaces como los que han de preservar para siempre la unión de los organizados adherentes de la Fe de Bahá'u'lláh?
Sólo esta Fe, entre todas las Revelaciones anteriores, gracias a las explícitas instrucciones, repetidas advertencias, auténticas salvaguardias, que han sido incorporadas y explicadas en sus enseñanzas, ha logrado levantar una estructura a la que los perplejos adictos de religiones quebrantadas y en bancarrota bien harían en acercarse y examinarla crítica
mente y buscar en ella, antes de que sea demasiado tarde, el invulnerable abrigo de su universal refugio.
No es de extrañar que Aquél que por obra de Su Testamento ha inaugurado Orden tan vasto y único en su género, y Quien es el Centro de tan poderosa Alianza, haya escrito estas palabras: "Taxi firme y poderosa es esta Alianza, que desde el principio de los tiempos hasta el presente no ha habido Dispensación religiosa alguna que haya producido algo similar." "Todo lo que está latente dentro de lo íntimo de este sagrado ciclo," escribió Él durante los más negros y peligrosos días de Su ministerio, "ha de aparecer y manifestarse gradualmente, pues ahora no es sino el principio de su crecimiento y el amanecer de la revelación de sus signos." "No temáis," dice en palabras tranquilizadoras al prevenir el surgimiento del Orden Administrativo establecido en Su Testamento: "no temáis si esta Rama es cortada de este mundo material y sus hojas echadas a un lado; en verdad, sus hojas han de florecer, porque esta Rama crecerá después que haya sido separada de este mundo terrenal y alcanzará los más altos pináculos de la gloria y dará frutos tales que han de perfumar el mundo con su fragancia."
¿A qué otra cosa pueden hacer alusión las siguientes palabras de Bahá'u'lláh, sino al poder y majestad que está destinado a manifestar éste Orden Administrativo, rudimento del futuro Estado Bahá'í que todo lo abarca?: "El equilibrio del mundo ha sido alterado mediante la vibrante influencia de es-
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te sublime, de este nuevo Orden Mundial. La ordenada vida del género humano ha sido revolucionada por la acción de este Sistema único, maravilloso, cuyo parecido jamás les fué dado a ojos mortales presenciar.
El mismo Báb, en el curso de sus referencias a "Aquél que Dios pondrá de manifiesto," anticipa el Sistema y glorifica el Orden Mundial que la Revelación de Bahá'u'lláh está destinada a desarrollar. "Bienaventurado aquél," dice Él en su notable expresión del capítulo tercero del Bayán Persa: "que haya fijado su atención en el Orden de Bahá'u'lláh y haya dado gracias, a su Señor! Pues; de seguro, será Él puesto de manifiesto. En verdad, así lo ha dispuesto Dios irrevocablemente en el Bayán."
En las Tablas de Bahá'u'lláh, donde se designan específicamente y se establecen formalmente las instituciones de las Casas de Justicia, tanto Internacionales como Locales; en la institución de las Manos de la Causa de Dios, puestas en existencia primero por Bahá'u'lláh y luego por `Abdu'1-Bahá; en la institución de las Asambleas tanto locales como xlaeionales que en forma embrionaria ya funcionaban en los días que precedieron a la ascensión de `Abdu'1Bahá; en la autoridad que por medio de Sus Tablas han dispuesto conferir a éstas tanto el Autor de nuestra Fe como el Centro de Su Alianza; en la institución del Fondo Local que operaba según los mandatos específicos dados por `Abdu'1-Bahá a ciertas Asambleas de Persia; en los versículos del Kitáb-i
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Aqdas, cuyas inferencias anticipan claramente la institución del Guardián; en la explicación que en una de Sus Tablas ha dado `Abdu'1-Bahá y en el énfasis que Él ha puesto en lo que respecta al principio hereditario. y a la ley de primogenitura que fueron sostenidos por los Profetas del pasado; en todo esto podemos discernir una débil vislumbre y descubrir los primeros indicios de la naturaleza y del funcionamiento del Orden Administrativo que estaba destinado a ser más tarde proclamado y formalmente establecido por el Testamento de `Abdu'1-Bahá.
Llegado a este punto, creo que debe hacerse un esfuerzo para explicar el carácter y las funciones de las instituciones del Guardián y de la Casa Universal de Justicia, los dos pilares que soportan a esta poderosa Estructura Administrativa. Está más allá del alcance y propósito de esta exposición general de las verdades fundamentales de la Fe, el describir en su totalidad los diversos elementos que funcionan conjuntamente con estas instituciones. No hay duda que las generaciones futuras han de realizar adecuadamente la tarea de definir con detalle y precisión los puntos característicos y analizar en forma cabal la naturaleza de las relaciones que, por un lado, ligan entre sí a estos dos órganos fundamentales del Testamento de `Abdu'1-Bahá y, por otro lado, conectan cada uno de ellos con el Autor de la Fe y el Centro de Su Alianza. Mi intención, por el momento, es de explayar ciertos rasgos salientes de este plan, los que, a pesar de lo cerca que nos hallamos
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de su colosal estructura, están ya tan claramente definidos, que encontramos inexcusable ignorarlos o interpretarlos incorrectamente.
Debe decirse ante todo, clara e inequívocamente, que estas instituciones gemelas del Orden Administrativo de Bahá'u'lláh han de ser consideradas divinas por su origen, esenciales por sus funciones y complementarias entre sí por su objeto y por sus fines. El propósito común y fundamental de ambas es el de asegurar la continuidad de esa divinamente instituída autoridad que fluye desde el Manantial de nuestra Fe, de salvaguardar la unión de sus creyentes y mantener la integridad y flexibilidad de sus enseñanzas. Actuando conjuntamente, estas dos inseparables instituciones administran sus asuntos, coordinan sus actividades, promueven sus intereses, ejecutan sus leyes y defienden sus instituciones subsidiarias. Separadamente, cada una de ellas opera dentro de una esfera de jurisdicción claramente definida; cada una tiene sus propias instituciones auxiliares, instrumentos designados para el eficaz desempeño de determinados deberes y responsabilidades. Cada una, dentro de las limitaciones que le han sido impuestas, ejerce sus poderes, su autoridad, sus derechos y sus prerrogativas. Estas no son ni contradictorias ni menoscaban en lo mínimo la posición que cada una de ellas ocupa. Lejos de ser incompatibles o mutuamente destructivas, estas instituciones complementan entre sí su autoridad y sus fun
ciones y se hallan fundamental y permanentemente unidas en sus fines.
Sin la institución de Guardián, el Orden Mundial de Bahá'u'lláh quedaría mutilado y permanentemenprivado de ese principio hereditario que, como lo ha escrito `Abdu'1-Bahá, ha sido invariablemente sostenido por la Ley de Dios. "En todas las Divinas Dispensaciones," dice en una Tabla dirigida a un adicto de la Fe en Persia, "al hijo mayor le fueron dadas distinciones extraordinarias. Aun la posición de Profeta ha sido su derecho de nacimiento." Sin esa institución, la integridad de la Fe peligraría y la estabilidad de todo el edificio correría grave riesgo. Su prestigio sufriría; careceríase por completo del medio requerido para una larga e ininterrumpida perspectiva a través de una serie de generaciones y habríase quitado por completo la dirección necesaria para definir la esfera de acción legislativa de sus representantes electos.
Sin la no menos esencial institución de la Casa Universal de Justicia, este mismo Sistema del Testamento de `Abdu'1-Bahá quedaría paralizado en su acción y resultaría impotente para llenar esos claros que el Autor del Kitáb-i-Agdas dejó deliberadamente en el cuerpo de Sus mandatos administrativos y legislativos.
"Él es el Intérprete de la Palabra de Dios," asevera `Abdu'1-Bahá, refiriéndose a las funciones del Guardián de la Fe y usando en Su Testamento la
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expresión idéntica que El Mismo eligió cuando refutó los argumentos de los violadores de la Alianza que desafiaron Su derecho para interpretar las palabras de Bahá'u'lláh. "Después de él," agrega `Abdu'1Bahá, "le sucederá el primogénito de sus descendientes directos" "Esta poderosa fortaleza," sigue Él explicando, "ha de permanecer segura e impregnable, mediante la obediencia hacia aquél que es el Guardían de la Causa de Dios." "Incumbe a los miembros de la Casa de Justicia, a todos los Aghsán, a los Afnán, a las Manos de la Causa de Dios, el mostrar obediencia, sumisión y subordinación hacia el Guardián de la Causa de Dios."
"Incumbe a los miembros de la Casa de Justicia," declara por otro lado Bahá'u'lláh, en la Octava Hoja del Excelso Paraíso, "tomar consejo mutuo sobre aquellas cosas que no han sido reveladas exteriormente en el Libro y hacer cumplir aquello en que estén conformes. En verdad, Dios ha de inspirarles lo que sea Su Voluntad y, en verdad, Él es El Que Provee, el Omnisciente." "Todos deben referirse al Libro Sacratísimo" (el Kitáb-i-Agdas)' dice "Abdu'1-Bahá en Su Testamento, "y todo lo que no se halle expresamente allí registrado debe ser referido a la Casa Universal de Justicia. Aquéllo sobre lo cual este cuerpo conviniere, ya sea por unanimidad o por mayoría, es realmente la verdad y el propósito de Dios Mismo. Quienquiera que se desviare de ello, es en verdad de los que aman la discordia, muestran malicia y se han vuelto contra el Señor de la Alianza."
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No solamente confirma `Abdu'1-Bahá en Su Testamento las palabras de Bahá'u'lláh arriba mencionadas, sino que confiere a este cuerpo el derecho y el poder, adicionales, de abrogar, de acuerdo con las exigencias de la época, tanto sus propios decretos como los de una Casa de Justicia precedente. "Desde que la Casa de Justicia," manifiesta explícitamente en Su Testamento, "tiene el poder de hacer leyes que no están expresamente establecidas en el Libro y que se refieren a transacciones diarias, así también tiene el poder de revocar las mismas ... Esto lo puede hacer, porque esas leyes no forman parte del explícito texto divino."
Refiriéndose tanto al Guardián como a la Casa Universal de Justicia, leemos estas enfáticas palabras: "La sagrada y joven Rama, el Guardián de la Causa de Dios, así como la Casa Universal de Justicia que ha de ser universalmente elegida y establecida, están ambas bajo el cuidado y protección de la Beldad de Abhá, bajo el amparo e infalible guía de Su Exaltación (el Báb) (sea mi vida ofrecida por ambos). Lo que ellos deciden es de Dios."
Por estas manifestaciones, se hace claro y evidentemente indubitable, que el Guardián de la Fe ha sido hecho Intérprete de la Palabra y que la Casa Universal de Justicia ha sido investida con las funciones de legislar en asuntos que no están expresamente revelados en las enseñanzas. La interpretación del Guardián al funcionar dentro de su propia esfera es de tanta autoridad y precepto como los decretos
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de la Casa Internacional de Justicia, cuyo exclusivo derecho y prerrogativa es de pronunciar y dar el fallo final sobre aquellas leyes y ordenanzas que Bahá'u'lláh no ha revelado expresamente. Ninguno de los dos puede, ni podrá jamás, violar el dominio del otro. Ninguno de los dos actuará en desmedro de la autoridad específica e indubitable con que ambos han sido divinamente investidos.
Aun cuando el Guardián de la Fe ha sido designado cabeza permanente de tan augusto cuerpo, no puede jamás, ni siquiera temporariamente, asumir el derecho de exclusiva legislación. No puede ir por encima de la decisión de la mayoría de los demás miembros, pero está obligado a insistir en que ellos reconsideren cualquier decreto que él crea a conciencia estar en pugna con el significado o que se aparta del espíritu de las palabras reveladas por Bahá'u'lláh. Él interpreta lo que ha sido especificadamente revelado y no puede legislar excepto en sus atribuciones como miembro de la Casa Universal de Justicia. Le está vedado el dictar independientemente la constitución que ha de gobernar las actividades organizadas de los demás miembros y de ejercer su influencia de manera que pudiera coartar la libertad de aquellos cuyo sagrado derecho es el de elegir los que han de formar el cuerpo de sus colaboradores.
Debe tenerse en cuenta que la institución del Guardián fué anticipada por `Abdu'1-Bahá, en una alusión que Él hizo mucho antes de Su ascensión, en una
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Tabla dirigida a.tres amigos Suyos en Persia. A la pregunta de ellos, que si habría alguna persona a quien todos los Bahá'ís estarían llamados a recurrir después de Su ascensión, Él les contestó: "Respecto a la pregunta que me habéis hecho sabed que en verdad es este un bien guardado secreto. Es igual que una joya oculta en su concha. De que ha de ser revelado, está predestinado. Llegará el tiempo en que aparecerá su luz, cuando sus evidencias serán puestas de manifiesto y sus secretos desentrañados."
Carísimos amigos: Por más que la institución del Guardián dentro del Orden Administrativo de Bahá'u'lláh sea exaltada en su posición y vital en sus funciones, y por abrumador que sea el peso de la responsabilidad que ella comporta, su importancia no debe bajo punto de vista alguno ser acentuada sobre manera, pese al lenguaje del Testamento. Bajo ninguna circunstancia y cualquiera que sean sus méritos y obras, no debe el Guardián de la Fe ser exaltado al rango que lo haga copartícipe con `Abdu'1Bahá de la posición única ocupada por el Centro de la Alianza, y mucho menos a la posición dispuesta tan sólo para la Manifestación de Dios. Tan grave alejamiento de los establecidos principios de nuestra Fe es nada menos que abierta blasfemia. Como he dicho ya en el curso de mis referencias a la posición de `Abdu'1-Bahá, grande como es la distancia que Le separa a Él del Autor de una Revelación Divina, jamás podrá ser conmensurable con la mayor distancia que separa a Aquél que es el Centro de la Alianza de
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Bahá'u'lláh, de los Guardianes, que son los elegidos ministros de ella. Hay una distancia grande, mucho más grande, entre el Guardián y el Centro de la Alianza que entre el Centro de la Alianza y su Autor.
Creo que es mi deber solemne dejar constancia que jamás Guardián alguno de la Fe podrá pretender ser el perfecto Ejemplo de las enseñanzas de Bahá'u'lláh o el inmaculado espejo que refleja Su luz. Por más que se halla bajo la infaltable e infalible protección de Bahá'u'lláh y el Báb, y por más que comparte con `Abdu'1-Bahá el derecho y la obligación de interpretar las enseñanzas Bahá'ís, él no deja de ser esencialmente humano, y si quiere permanecer leal a su fideicomiso no puede, bajo pretexto alguno, arrogarse los derechos, privilegios y prerrogativas que Bahá'u'lláh ha elegido para conferir a Su Hijo. Ante la luz de esta verdad, el orar al Guardián de la Fe, dirigirse a él como a un amo y señor, designarlo como su santidad, pedirle su bendición, celebrar su cumpleaños o conmemorar cualquier evento relacionado con su vida, equivaldría a separarse de esas establecidas verdades que se hallan preciosamente guardadas dentro de nuestra Fe. El hecho de que el Guardián haya sido dotado en forma específica con los poderes de que ha menester para revelar el fin y el significado de las palabras de Bahá'u'lláh y de `Abdu'1-Bahá, no confiere necesariamente en él una posición equivalente a la de Aquéllos a quienes él está llamado a servir de intérprete. Puede ejercer ese derecho y desempeñar esta obligación y, sin em
Largo, ser infinitamente inferior en rango y diferente de ambos en naturaleza.
Las palabras y las obras del Guardián actual y de los futuros Guardianes deberán atestiguar abundantemente la integridad de este principio cardinal de nuestra Fe. Por su conducta y por su ejemplo deben necesariamente establecer su verdad sobre una base inatacable y trasmitir a las generaciones futuras evidencias incontestables de su realidad.
Por lo que a mí concierne, vacilar en reconocer verdad tan vital o titubear en proclamar convicción tan firme, constituiría una vergonzosa traición a la confianza en mí depositada por `Abdu'1-Bahá y una imperdonable usurpación de la autoridad con que Él fué investido.
Ahora, es necesario decir una palabra con respecto a la teoría sobre la cual está basado este Orden Administrativo y al principio que debe gobernar el funcionamiento de sus instituciones principales. Sería extremadamente erróneo intentar hacer una comparación entre este Orden, único en su género, divinamente concebido, y cualquiera de los diversos sistemas inventados por la mente de los hombres para el gobierno de las instituciones humanas en los varios períodos de su historia. Semejante intento evidenciaría una completa falta de apreciación de la excelencia de la mano de obra de su gran Autor. ¿Y cómo no habría de ser así si recordamos que este Orden constituye el modelo mismo de esa divina civilización
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que por la omnipotente Ley de Bahá'u'lláh está destinada a establecerse sobre la tierra? Los diversos y siempre variantes sistemas de gobierno humano, ya sea del pasado o del presente, originarios del Este o del Oeste, no ofrecen criterio adecuado por donde pudiera estimarse la potencia de sus virtudes ocultas o apreciar la solidez de sus bases.
El Estado Bahá'í del futuro, del cual este Orden Administrativo constituye su solo armazón, es teórica y prácticamente no sólo único en su género dentro de la historia entera de las instituciones políticas, sino que no tiene paralelo en los anales de ninguno de los reconocidos sistemas religiosos del mundo. Ninguna forma de gobierno democrático; ningún sistema de autocracia o dictadura, sea él monárquico o republicano; ningún plan intermediario de orden puramente aristocrático; ni aun ninguno de los reconocidos tipos de teocracias, ya sea el Estado Hebreo o las varias organizaciones eclesiásticas cristianas, o el Imanato o el Califato en Islám; ninguno de éstos puede identificarse o decirse que conforma con el Orden Administrativo formado por la mano maestra de'su perfecto Arquitecto.
Este recién nacido Orden Administrativo incorpora dentro de su estructura algunos de los elementos que se hallan dentro de cada una de las tres reconocidas formas de gobierno secular, pero en ningún sentido es una mera réplica de alguna de ellas, ni introduce dentro de su mecanismo ninguna de las características objetables que ellos inherentemente po=
seen. De manera tal, como ningún gobierno establecido por mortales ha podido todavía realizar, funde y armoniza las sanas verdades que cada uno de esos sistemas indudablemente contiene, pero no vicia la integridad de aquellas verdades divinas en que está por último fundado.
El Orden Administrativo de la Fe de Bahá'u'lláh no puede ser considerado desde ningún punto de vista como de carácter puramente democrático, puesto que esta Dispensación carece del postulado básico según el cual todas las democracias, para la obtención de su mandato, dependen fundamentalmente del pueblo. Ha de tenerse en cuenta que, en la dirección de los asuntos administrativos de la Fe, en la sanción de la legislación necesaria para suplementar las leyes del Kitáb-i-Agdas, los miembros de la Casa Universal de justicia, como lo significan las palabras claras de Bahá'u'lláh, no son responsables ante aquéllos a quienes representan, ni les está permitido atenerse a los sentimientos, a la opinión general, ni aun mismo a las convicciones de las masas de los fieles o de aquéllos por quienes ellos son directamente elegidos. En actitud de oración, deben seguir los dictados y los impulsos de su conciencia. Ellos pueden, más bien deben, enterarse de las condiciones prevalecientes dentro de la comunidad, pesar desapasionadamente en sus mentes los méritos de cualquier asunto presentado a su consideración, pero han de reservarse el derecho de dar un fallo libre de toda influencia. "Dios, en verdad, los inspirará con lo que fuere Su
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Voluntad," asegura de manera incontrovertible Bahá'u'lláh. Ellos, pues, y no el conjunto de los que directa o indirectamente los eligen, son los que han sido hechos recipientes de la guía divina, que es a la vez la sangre de vida y la salvaguardia final de esta Revelación. Además, aquél que simboliza el principio hereditario en esta Dispensación ha sido hecho intérprete de las palabras de su Autor y, por consiguiente, en virtud de la autoridad efectiva conferida en él, cesa de ser cabeza figurativa, como en los sistemas prevalecientes de monarquías constitucionales.
Tampoco puede descartarse al Orden Administrativo Bahá'í como un duro y rígido sistema de severa autocracia, o una vana imitación de cualquier forma absolutista de gobierno eclasiástico, como el Papado, el Imanato o cualquier otra institución similar, por la razón obvia que el derecho de legislar en materias no reveladas expresamente dentro de los escritos Bahá'ís, ha sido conferido exclusivamente en los elegidos representantes internacionales de los adherentes de Bahá'u'lláh. Ni el Guardián de la Fe, ni ninguna institución que no sea la Casa Internacional de Justicia, puede jamás usurpar este vital y esencial poder, o coartar ese sagrado derecho. Mayores evidencias del carácter no-autocrático del Orden Administrativo Bahá'í y de su inclinación hacia los métodos democráticos en la administración de sus asuntos son: la abolición del sacerdocio profesional y los
sacramentos que lo acompañan: bautismo, comunión y confesión de pecados; las leyes que establecen la elección por sufragio universal de todas las Casas de Justicia locales, nacionales e internacionales; la ausencia completa de una autoridad episcopal con sus consiguientes privilegios, corrupciones y tendencias burocráticas.
Tampoco debe este Orden, identificado con el nombre de Bahá'u'lláh, ser confundido con ningún sistema de gobierno puramente aristocrático, por el hecho de que, al sostener por un lado el principio hereditario y confiar al Guardián de . la Fe la obligación de interpretar sus enseñanzas, provee por otro lado la libre y directa elección, de entre la masa de los fieles, del cuerpo que constituye su más alto órgano legislativo.
Si bien es cierto que no puede decirse que este Orden Administrativo ha sido modelado según alguno de estos reconocidos sistemas de gobierno, él sin embargo incorpora, reconcilia y asimila dentro de su estructura aquéllos sanos elementos que pueden encontrarse dentro de cada uno de ellos. La autoridad hereditaria que el Guardián está llamado a ejercer; las funciones vitales y esenciales que desempeña la Casa Universal de Justicia; las provisiones específicas que establecen su elección democrática por los representantes de los fieles, todo demuestra la verdad de que este Orden, divinamente revelado y el cual jamás podrá identificarse con ninguna de las
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formas típicas de gobierno a que se refiere Aristóteles en sus obras, incorpora y funde los benéficos principios que se encuentran dentro de cada una de ellas, con las verdades espirituales en que está basado. Estando los consabidos males inherentes a cada uno de estos sistemas de gobierno rígida y permanentemente excluídos de este Orden, único en su género, jamás, por más que dure y se extiendan sus ramificaciones, podrá él degenerar en forma alguna de despotismo, oligarquía o demagogia, con que tarde o temprano se corrompen los mecanismos de todas las instituciones políticas esencialmente defectuosas, hechas por el hombre.
Carísimos amigos: Significativos como son los orígenes de esta poderosa estructura administrativa, y no obstante el carácter único de sus rasgos, los acontecimientos que puede decirse sirvieron de heraldo a su nacimiento y señalaron la etapa inicial de su evolución, parecen ser no menos notables. ¡Cuán sorprendente y edificante es el contraste entre el proceso de lenta y continua consolidación que caracteriza el crecimiento de sus nacientes fuerzas y el torrente devastador de las fuerzas de desintegración que atacan a las consumidas instituciones tanto religiosas como seculares de la sociedad de hoy día!
La vitalidad que las instituciones orgánicas de este grande y siempre creciente Orden tan poderosamente evidencian; los obstáculos que el gran valor y la intrépida resolución de sus administradores ya han
salvado; el fuego del inagotable entusiasmo que arde con fervor constante en los corazones de sus instructores ambulantes; las alturas de sacrificio personal a que están ahora llegando sus heroicos constructores; la amplitud de visión, la confiada esperanza, el gozo creativo, la paz interior, la inexorable integridad, la disciplina ejemplar, la inflexible unión y solidaridad que manifiestan sus valientes defensores; el grado hasta el cual el Espíritu que anima a este Orden se ha mostrado capaz de asimilar los diversos elementos dentro de su esfera y de limpiarlos de toda clase de prejuicios y amalgamarlos dentro de su estructura, son evidencias estas de un poder que mal puede permitirse ignorar una sociedad desilusionada y tristemente atormentada.
Comparad estas espléndidas manifestaciones del espíritu que anima este vibrante cuerpo de la Fe de Bahá'u'lláh con los llantos y agonía, las locuras y vanidades, las amarguras y los prejuicios, la maldad y las divisiones de un mundo enfermo y caótico. Observad el temor que atormenta a sus líderes y paraliza la acción de. sus ciegos y desorientados gobernantes. ¡Cuán feroces los odios, cuán falsas las ambiciones, cuán estrechas las finalidades, cuán arraigadas las sospechas de sus pueblos! ¡Cuán inquietante el desacato a las leyes, la corrupción, la incredulidad, que están carcomiendo los órganos vitales de una tambaleante civilización!
¿No puede acaso este proceso de continua deteriorización que está invadiendo insidiosamente tantas
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ramas de la actividad y del pensamiento humanos ser considerado como cosa necesaria para que se levante el omnipotente Brazo de Bahá'u'lláh? ¿No podríamos acaso, en los tremendos acontecimientos que han agitado tan profundamente todos los continentes de la tierra en el curso de los últimos veinte años, ver los presagiosos signos que proclaman simultáneamente las agonías de una civilización desintegrante y los paroxismos de dolor del nacimiento de este Orden Mundial, esa Arca de salvación, que debe necesariamente levantarse sobre sus ruinas?
La caída catastrófica de poderosos imperios y monarquías en el continente europeo, alusiones a algunos de los cuales pueden hallarse en las profesías de Bahá'u'lláh; el declinar que ha comenzado y sigue, de la suerte de la jerarquía del Shí'ih en su propia tierra natal; la caída de la dinastía Qájár, enemiga tradicional de la Fe de Bahá'u'lláh; el derrocamiento del Sultanato y del Califato, columnas de apoyo del Islám Sunní, lo cual presenta un sorprendente paralelo con la destrucción de Jerusalén en la segunda parte del primer siglo de la era cristiana; la ola de secularización que está invadiendo a las instituciones eclesiásticas mahometanas en Egipto y minando la lealtad de sus más firmes defensores; los golpes humillantes que han sufrido algunas de las más poderosas iglesias de la cristiandad en Rusia, Europa Occidental y Centro América; la diseminación de esas doctrinas subversivas que están carcomiendo
las bases y derrumbando las estructuras de las, al parecer, impregnables fortalezas de la actividad humana dentro de las esferas políticas y sociales; los signos de una inminente catástrofe que amenaza envolver a toda la estructura de la actual civilización, extraordinariamente reminiscentes de la Caída del Imperio Romano en Occidente -todo ello es prueba de la conmoción que el nacimiento de este poderoso Organo de la Religión de Bahá'u'lláh ha puesto en el mundo- conmoción que ha de aumentar en alcance e intensidad a medida que la significación de este Plan que está en constante desenvolvimiento se vaya comprendiendo más y que sus ramificaciones se extiendan más ampliamente sobre la superficie del globo.
Una palabra más para terminar. El nacimiento y fundación del Orden Administrativo -abrigo y altar de joya tan preciosa- constituye el sello de garantía de la pureza de este segundo período, el período formativo de la era Bahá'í. Así como se aleje más y más de nuestra vista llegará a ser considerado como el principal medio capacitado para llevarnos a la fase final, la consumación de esta gloriosa Dispensación.
Mientras este Sistema se halle todavía en su infancia, que nadie se haga una concepción errónea de su carácter, juzgue a la ligera su significación o exponga incorrectamente su finalidad. La roca firme sobre la cual este Orden Administrativo ha sido fun-
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dado es el inmutable Designio de Dios para la humanidad de este día. La Fuente de donde deriva su inspiración es nada menos que el mismo Bahá'u'lláh. Su escudo y defensa son las huestes de batalla del Reino de Abhá. Su simiente la constituye la sangre de no menos de veinte mil mártires que ofrecieron sus vidas para que pueda nacer y florecer. El eje alrededor del cual giran sus instituciones son las auténticas disposiciones del Testamento de `Abdu'1Bahá. Los principios que lo guían son las verdades expuestas tan claramente en sus alocuciones públicas a través de Occidente por Aquél que es el infalible Intérprete de las enseñanzas de nuestra Fe. Las leyes que gobiernan su funcionamiento y limitan sus atribuciones son las que han sido expresamente dispuestas en el Kitáb-i-Agdas. La sede alrededor de la cual estarán reunidas sus actividades espirituales, humanitarias y administrativas son el Mashriqu'1-Adhkár y sus Dependencias. Las columnas que sostienen su autoridad y refuerzan su estructura son las instituciones gemelas del Guardián y de la Casa Universal de Justicia. El propósito central y fundamental que lo anima es el de establecer el Nuevo Orden Mundial esbozado por Bahá'u'lláh. Los métodos que emplea, las normas que inculca, no lo inclinan hacia el Este ni hacia el Oeste, ni hacia los Judíos ni hacia los Gentiles, ni hacia los ricos ni hacia los pobres, ni hacia los blancos, ni hacia los negros. Su palabra de orden es la unificación de la raza humana; su estandarte, la "Paz
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Suprema"; su consumación, el advenimiento del milenio de oro, el Día en que los reinos de este mundo se habrán convertido en el Reino de Dios, el Reino de Bahá'u'lláh.
-SHOGHI EFFENDI.
Haifa, Palestina
Febrero 8, 1934.
ESTA OBRA SE TERMINÓ DE IMPRIMIR EN LAS PRENSAS DE GERÓNIMO J. PESCE Y CÍA., PEDRO GOYENA 1562/68, BUENOS AIRES, EL DÍA 21 DE JUNIO DEL AÑO MIL NOVECIENTOS CUARENTA Y CINCO.
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