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Desenvolvimiento de la Civilización Mundialby Shoghi Effendioriginally published as The Unfoldment of World Civilization in English.EDITORIAL BAHÁ'I PUBLICADO BAJO CONVENIO CON LA ASAMBLEA ESPIRITUAL NACIONAL DE LOS BAI3Á'ÍS DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723 Título original en inglés: The Unfoldment of World Civilization Sin fines comerciales Impreso en la Argentina - Printed in Argentina Editorial Bahá'í Indo-Latinoamericana Besares 2342 - Buenos Aires, Argentina A los bienamados de Dios y a las siervas del Misericordioso de todo el Occidente Amigos y herederos de la gracia de Bahá'u'lláh: Como copartícipe en la erección del Nuevo Orden Mundial vislumbrado por Baha'u'lláh y cuyas características delineara la pluma de `Abdu'1-Bahá, su excelso Arquitecto, me detengo para contemplar con ustedes la escena que el transcurso de casi quince años desde su muerte, se descubre ante nosotros. ~El contraste entre las evidencias acumuladas de firme consolidación que acompañan el surgimiento del Orden Administrativo de la Fe de Dios, y las fuerzas de desintegración que sacuden las fibras de una sociedad dolorida, es tan claro como impresionante. Tanto dentro como fuera del mundo Bahá'í, los signos y evidencias que, de una manera misteriosa, están anunciando el nacimiento de ese Orden Mundial, el establecimiento del cual debe señalar el advenimiento de la Edad de Oro de la Causa de Dios, están creciendo y multiplicándose día a día. Ningún observador honesto puede ya dejar de distinguirlos. No puede ser confundido por la dolorosa lentitud que caracteriza el desenvolvimiento de la civilización que los seguidores de Baháu`lláh están luchando por establecer. Ni puede ser engañado por las efímeras manifestaciones de renaciente prosperidad que por momentos parecen ser capaces de contrarrestar el influjo destructor de los crónicos males que afectan a las instituciones de una edad decadente. Los signos de la época son demasiado numerosos y apremiantes como para permitirse equivocar su carácter o disminuir su significado. Él puede, si es honesto en sus juicios, reconocer en la serie de acontecimientos que, por un lado, proclaman la irresistible marcha de las instituciones directamente asociadas a la Revelación de Bahá'u'lláh y pronostican por otra parte la caída de esos poderes y principados que la han ignorado o resistido -puede reconocer en todos ellos las evidencias de la acción de la omnipresente Voluntad de Dios, la formación de Su perfectamente ordenado y universal Plan. `` "Pronto", las propias palabras de Bahá'u'lláh proclaman, "el Orden actual será enrollado, y uno nuevo extendido en su lugar. Ciertamente, vuestro Señor habla la verdad y es el Conocedor de cosas no vistas". "Por Mí mismo", declara solemnemente, "se aproxima el día en que Nos habremos desechado al mundo y todo lo que en él existe y habremos desplegado un nuevo Orden en su lugar. Él por cierto, tiene poder sobre todas las cosas". "El equilibrio del mundo", explica, "ha sido alterado por la vibrante influencia de este más grande, este nuevo Orden Mundial. La vida ordenada de la humanidad ha sido revolucionada por la acción de este único, este maravilloso Sistema, nada semejante al cual ojos mortales nunca han presenciado". "Los signos de convulsiones y caos inminentes", advierte a los pueblos del mundo, "pueden ya ser distinguidos por cuanto el Orden prevaleciente demuestra ser lamentablemente defectuoso". 2 ¡Queridos amigos! Este Nuevo Orden Mundial, cuya promesa está contenida en la Revelación de Bahá'u'lláh, cuyos principios fundamentales han sido enunciados en los escritos del Centro de Su Convenio, implica nada menos que la completa unificación de toda la raza humana. Esta unificación ha de conformarse a principios tales que armonicen directamente con el espíritu que la sustenta, y con las leyes que gobiernan el funcionamiento de las instituciones que ya constituyen la estructura básica del Orden Administrativo de Su Fe. 3 Ningún mecanismo que se aparte de las normas establecidas por la Revelación Bahá'í, que esté en desacuerdo con el sublime modelo ordenado en Sus escritos, y que los esfuerzos colectivos de la humanidad podrían todavía idear, puede esperar alcanzar nada más allá de esa "Paz Menor" a la cual el Autor de nuestra Fe ha aludido en Sus escritos., "Ya que habéis rechazado la Más Grande Paz", amonestando a los reyes y gobernantes de la tierra ha escrito, "aferraos a ésta, la Paz Menor, que quizá podáis en cierto grado, mejorar vuestra propia condición y la de quienes dependen de vosotros". Explayándose sobre esta Paz Menor, Él se dirige así en esa misma Tabla a los gobernantes de la tierra: "Estad reconciliados entre vosotros, para que no necesitéis más armamentos, salvo en la medida de salvaguardar vuestros territorios y dominios ... Sed unidos, ¡oh reyes de la tierra!, pues con ello la tempestad de la discordia será acallada entre vosotros, y vuestro pueblo encontrará descanso, si sois de aquellos que comprenden. Si alguno de entre vosotros tomase armas contra otro, levantaos todos contra él, pues esto no es sino justicia manifiesta". ' La Más Grande Paz, por otra parte, tal como la concibe Bahá'u'llah -paz que deberá ocurrir inevitablemente como consecuencia práctica de la espiritualización del mundo y la fusión de todas sus razas, credos, clases y naciones- no puede residir en otras bases y no puede ser preservada a través de otra cosa que no sean los preceptos divinos que están ínsitos en el Orden Mundial vinculado a Su Santo Nombre. En Su Tabla, revelada hace casi setenta años 1 a la Reina Victoria, Bahá'u'llah, aludiendo a esta Más Grande Paz, ha declarado: "Lo que el Señor ha ordenado como el supremo remedio y el más poderoso instrumento para la curación del mundo entero, es la unión de todos sus pueblos en una Causa universal, en una Fe común. Esto no puede lograrse sino por el poder de un hábil, un todopoderoso e inspirado médico. Esto, ciertamente, es la verdad y todo lo demás no es sino error...' Considerad estos días en que la Antigua Belleza, Quien es el Más Grande Nombre, ha sido enviado a regenerar y unificar a la humanidad. Contemplad cómo, desenvainadas sus espadas, ellos se alzaron contra Él y cometieron aquello que hizo estremecer al Espíritu Fiel. Y cuando Nos les dijimos: `He aquí, el Reformador del Mundo ha venido', ellos respondieron: `1J1 ciertamente es uno de los promotores del desorden"'. Él, en otra Tabla, declara: "Corresponde a todos los hombres en este Día aferrarse al Más Grande Nombre y establecer la unidad de toda la humanidad. No existe sitio a dónde escapar, ni refugio que nadie pueda buscar, excepto Él". La Tabla a la Reina Victoria fue revelada durante el período 1868-1873. 4 Madurez de la Humanidad • La Revelación de Bahá'u'lláh, cuya misión suprema no es otra que el logro de esta unidad orgánica y espiritual del conjunto de naciones, debe ser considerada, si nos guiamos por sus implicaciones, como la señal del advenimiento de la madurez de toda la raza humana. No debe tomársela como si fuera sólo otro renacimiento espiritual dentro de la siempre cambiante suerte de la humanidad, ni como una etapa más en una serie de Revelaciones progresivas, ni como la culminación de una serie de repetidos ciclos proféticos, sino como la señal de la última y más elevada etapa en Ta- —estupenda evolución de la vida colectiva del hombre en este planeta. El surgimiento de una comunidad mundial, la conciencia de una ciudadanía mundial, el establecimiento de una civilización y una cultura mundiales -todo ésto sincronizado con las etapas iniciales del desenvolvimiento de la Edad de Oro de la Era Bahá'í- deben ser considerados, por su propia naturaleza y en lo que a esta vida planetaria se refiere, como los límites finales en la organización de la sociedad humana, aunque el hombre como individuo continuará indefinidamente su progreso y desarrollo, y es más, deberá hacerlo como resultado de tal consumación.. Este místico, penetrante, todavía indefinible cambio que está asociado con la etapa de maduración inevitable en la vida del individuo y en el desarrollo del fruto, debe tener su contraparte, si comprendemos correctamente las palabras de Bahá'u'lláh, en la evolución de la organización de la sociedad humana. Una etapa similar tarde o temprano, debe ser alcanzada en la vida colectiva de la especie humana, pro 5 duciendo un fenómeno aun más sorprendente en las relaciones internacionales y dotando a toda la humanidad de una gran capacidad de bienestar que suministrará, en épocas sucesivas, el principal estímulo necesario para el eventual cumplimiento de su elevado destino. Dicha etapa de madurez en el proceso del gobierno humano ha de ser identificada, en todo momento y si reconocemos fielmente el grandioso anuncio hecho por Bahá'u'lláh, con la Revelación de la cual era el Portavoz. En uno de los pasajes más característicos que £1 Mismo ha revelado, declara sin lugar a equívocos la verdad de este principio distintivo de la creencia Bahá'í: "Ha sido decretado por Nosotros que la palabra de Dios y todas sus potencialidades se manifiesten a los hombres en estricta conformidad con tales condiciones como las preordinadas por Aquel Quien es el Omnisciente, el Todo Sabio ... Si se le permitiera a la Palabra liberar repentinamente todas las energías latentes en ella, ningún hombre podría soportar el peso de tan poderosa Revelación ... Considerad aquello que ha sido enviado a Mahoma, el Apóstol de Dios. La medida de la Revelación de la cual Él fue Portador había sido claramente preordinada por Aquel Quien es el Todopoderoso, el Más Fuerte. Aquellos que lo oyeron, sin embargo, sólo pudieron comprender Su propósito de acuerdo con su propia condición y capacidad espiritual. Él, de igual manera, descubrió la Faz de la Sabiduría según la capacidad de ellos para soportar el peso de Su Mensaje. Tan pronto como la humanidad alcanzó la etapa de madurez, la Palabra reveló a los ojos de los hombres las energías latentes con que había sido dotada, energías que se manifestaron 6 en la plenitud de su gloria cuando en el año sesenta apareció la Antigua Belleza en la persona de 'AliMuhammad, el Báb". Explicando esta verdad fundamental, `Abdu'1-Bahá ha escrito: "Todo lo creado tiene su grado o etapa de madurez. El período de madurez en la vida de un árbol es el tiempo de su fructificación ... El animal alcanza una etapa de pleno crecimiento y perfección, y en el reinó, humano el hombre alcanza su madurez cuando la luz -de su intel genc a_'Wgá _á su mayor poder y desarrollo ... Del mismo modo, existen períodos y etapas en la vida colectiva de la humanidad. En un momento dado, pasó por su etapa de niñez; luego, por su período de juventud; pero ahora ha entrado en su largamente anunciada fase de madurez, cuyas evidencias se manifiestan por doquier ... Lo que fuera aplicable a las necesidades humanas en la temprana historia de la raza no puede servir ni satisfacer las demandas de este día, de este período de innovación y consumación. La humanidad ha emergido de su anterior estado de limitación y de adiestramiento preliminar. El hombre ha de estar ahora investido de nuevas virtudes y poderes, de nuevas pautas morales, de nuevas capacidades. Nuevos dones y dádivas perfectas le esperan y descienden sobre él. Las gracias y bendiciones de su juventud, aunque apropiados y suficientes durante la adolescencia de la humanidad, son ahora incapaces de satisfacer los requerimientos de su madurez". Una crisis tan singular y trascendente en la vida de la humanidad organizada puede, incluso, compararse con la etapa culminante de la evolución política de la gran República Norteamericana -la etapa que marcó el nacimiento de una comunidad unificada de estados federados. El despertar de una nueva conciencia nacional y el comienzo de un nuevo tipo de civilización, infinitamente más rica y noble de lo que cualquiera de sus partes componentes hubieran esperado lograr separadamente, puede decirse que ha proclamado la madurez del pueblo norteamericano. Dentro de los límites territoriales de esa nación, esta consumación puede ser considerada como la culminación del proceso de gobierno humano. Los diversificados y esparcidos elementos de una comunidad dividida fueron atraídos, unificados e incorporados en un sistema coherente. Aunque esta entidad pueda continuar aumentando su poder de cohesión, aunque la unidad ya lograda pueda consolidarse aun más, aunque la civilización a la cual únicamente esa unidad pudo haber dado origen, se expanda y florezca, aun así el mecanismo esencial para ese desenvolvimiento puede considerarse erigido, en su estructura esencial, y puede decirse que el impulso necesario para guiarlo y sostenerlo ha sido, fundamentalmente, impartido. Dentro de los limites geográficos de esa nación, no podrá concebirse ninguna etapa más allá de esta realización de unidad nacional, aunque el altísimo destino de su pueblo como elemento constitutivo de una entidad aun mayor y que ha de abarcar a toda la humanidad, esté todavía inconcluso. Sin embargo, considerado como 8 El Proceso de Integración unidad aislada, puede decirse que este proceso de integración ha alcanzado su máxima y final consumación. Tal es la etapa hacia la cual una humanidad en proceso de evolución se está aproximando colectivamente. La Revelación confiada a Bahá'u'lláh por el Ordenador Omnipotente, según creen firmemente Sus seguidores, ha sido dotada con las potencialidades acordes con la madurez de la raza humana -la culminación y la etapa más trascendente en su evolución de la infancia a la adultez. Los sucesivos Fundadores de todas las Religiones del pasado, Quienes desde tiempo inmemorial han difundido con creciente intensidad, el esplendor de una común Revelación a las distintas etapas que han marcado el avance de la humanidad hacia la madurez, pueden ser considerados, en cierto sentido, como Manifestaciones preliminares, que anticiparon y prepararon el camino para el advenimiento de ese Día de Días cuando toda la tierra habrá fructificado y el árbol de la humanidad habrá dado su fruto predestinado. Incontrovertible como es esta verdad, su carácter desafiante jamás deberá oscurecer el propósito ni distorsionar el principio que subyace en las aseveraciones de Bahá'u'lláh -aseveraciones que han establecido para siempre la absoluta unicidad de todos los Profetas, Él incluido, sean del pasado o del futuro. Aunque la misión de los Profetas que precedieron a Bahá'u'lláh pueda ser vista bajo esa luz, aunque la medida de Revelación Divina confiada a cada uno de ellos difiera necesariamente, como resultado de este proceso de evolución, su origen común, su unidad esencial y su identidad de propósito no 9 deben ser, en ningún momento y por ninguna circunstancia, mal interpretados o negados. Debe mantenerse el fundamento inalterable y el principio central de la creencia Bahá'í de que todos los Mensajeros de Dios han de ser considerados como "habitando en el mismo Tabernáculo, volando en el mismo Cielo, sentados en el mismo Trono, pronunciando las mismas palabras y proclamando la misma Fe", por más que podamos enaltecer el valor de la Revelación Divina concedida a la humanidad en esta etapa culminante de su evolución. Cualquier diferencia en el esplendor que cada una de estas Manifestaciones de la Luz de Dios ha esparcido por el mundo debe ser atribuida no a una superioridad inherente al carácter esencial de alguna de ellas, sino a la capacidad progresiva, a la creciente receptividad espiritual que la humanidad, en su avance hacia la madurez, ha manifestado invariablemente. La Consumación Final Sólo quienes estén dispuestos a asociar la Revelación anunciada por Bahá'u'lláh con la consumación de una evolución tan formidable en la vida colectiva de toda la raza humana podrán captar el significado de las palabras que Él juzgó conveniente pronunciar, al aludir a las glorias de este Día prometido y a la duración de la Era Bahá'í. "Este es el Rey de los Días", Él exclama, "El Día que ha visto la llegada del Bienamado, Aquel Quien ha sido proclamado, por toda la eternidad, el Deseo del Mundo". Además Él afirma: '1as Escrituras de las Dispensaciones del pasado celebran el gran jubileo que ha de saludar a este 10 supremo Día de Dios. Bienaventurado quien haya vivido para presenciar este Día y reconocer su importancia". "Es evidente", 0 explica en otro pasaje, "que cada época en que una Manifestación de Dios ha vivido es divinamente ordenada y, en cierto modo, puede ser caracterizada como el Día señalado de Dios. Este Día es, sin embargo, único, y debe ser distinguido de los que lo han precedido. La designación de `Sello de los Profetas' revela plenamente su elevada posición. El Ciclo Profético, ciertamente, ha terminado. La Eterna Verdad ya ha llegado. Él ha levantado la Insignia de poder y derrama ahora sobre el mundo el descubierto esplendor de Su Revelación". "En esta poderosísima Revelación", declara categóricamente, "han alcanzado su máxima y final consumación todas las Dispensaciones del pasado. Aquello que ha sido manifiesto en esta preeminente y sublime Revelación no tiene paralelo en los anales del pasado, ni podrán presenciar algo semejante las edades futuras". Las auténticas declaraciones de `Abdu'1-Bahá debe recordarse, asimismo confirman en forma no menos enfática, la incomparable grandeza de la Dispensación Bahá'í. Él afirma en una de Sus Tablas: "Siglos, y hasta edades, han de pasar antes de que el Sol de la Verdad brille nuevamente con fulgor estival o aparezca una vez más en el esplendor de su gloria primaveral... La sola contemplación de la Dispensación iniciada por la Bendita Belleza hubiera bastado para anonadar a los santos de otras épocas -santos que ansiaban participar, por un momento, de su grandiosa gloria". Y afirma Él en términos aun más definidos: "En cuanto a las Manifestaciones que descenderán en el futuro `en las sombras de las nu bes', has de saber que, en lo que se refiere a su relación con la Fuente de su inspiración, ellas están a la sombra de la Antigua Belleza. Mas, en relación con la época en que aparezcan, cada una de ellas `hace lo que Él desea"'. Refiriéndose a la Revelación de Bahá'u'lláh, Él explica: "Esta sagrada Dispensación es iluminada con la luz del Sol de la Verdad brillando desde su sublime posición y en la plenitud de su esplendor, su calor y gloria". Dolores de Muerte y Nacimiento Queridos amigos: Aunque la Revelación de Bahá'u'lláh ha sido promulgada, el Orden Mundial que tal Revelación debe necesariamente engendrar no ha nacido todavía. Aunque la Edad Heroica de Su Fe ha pasado, las energías creadoras que esa Edad ha liberado, no han cristalizado aún en esa sociedad mundial que, en la plenitud del tiempo, ha de reflejar el esplendor de Su gloria. Aunque la estructura de Su Orden Administrativo ha sido erigida, y el Período Formativo de la Era Bahá'í ha comenzado, el prometido Reino en el cual la simiente de Sus instituciones habrá de madurar aún no ha sido inaugurado. Aunque Su voz ha sido levantada y las insignias de Su Fe han sido elevadas en no menos de cuarenta países r tanto del Este como del Oeste, la integridad de la raza humana no ha sido reconocida todavía, ni su unidad proclamada, ni el estandarte de la Más Grande Paz enarbolado. r Escrito en 1936. Actualmente hay Bahá'ís en más de 320 países y territorios. 12 "Las alturas", Bahá'u'llah mismo atestigua, "a las cuales, por medio del más gracioso favor de Dios puede el hombre mortal llegar en este Día, aún no han sido reveladas a sus ojos. El mundo del ser jamás ha poseído, ni posee aún, la capacidad para tal revelación. El día sin embargo se aproxima, cuando las potencialidades de esta gran gracia, por virtud de Su mandato, serán manifestadas a los Hombres". Para la revelación de esta gran gracia, un período de intensa agitación y de gran sufrimiento parecería ser indispensable. Radiante como ha sido la Era que ha presenciado el comienzo de la Misión confiada a Bahá'u'lláh, resulta cada vez más evidente que el intervalo que ha de transcurrir antes de que tal Era brinde sus mejores frutos, aparecerá eclipsado por tinieblas morales y sociales que han de preparar a una humanidad impenitente para el premio que ella está destinada a heredar., -Hacia tal período estamos firme e irrevocablemente dirigiéndonos. Entre las sombras que paulatinamente nos van cercando apenas podemos discernir los destellos de la celestial soberanía de Bahá'u'lláh apareciendo intermitentemente en el horizonte de la historia. A nosotros, la "generación de la penumbra", que vive en una época que podemos designar como el período de incubación de la Mancomunidad Mundial concebida por Bahá'u'lláh, se nos ha asignado una tarea cuyo elevado privilegio nunca podemos apreciar suficientemente y cuyas dificultades escasamente podemos todavía reconocer. Bien podemos creer, quienes hemos sido señalados para presenciar el resultado de la acción de las oscuras fuerzas destinadas a desencadenar un torrente de 13 agonizantes tribulaciones, que la hora más tenebrosa que debe preceder al amanecer de la Edad de Oro de nuestra Fe aún no ha llegado.@Profunda como es la tiniebla que ya envuelve al mundo, las penosas aflicciones que ese mundo irá a padecer, están todavía en preparación, y no puede su tenebrosidad ser todavía imaginada. Nos encontramos en el umbral de una era cuyas convulsiones proclaman por igual los dolores de la muerte del viejo orden y los dolores del nacimiento del nuevo.® Puede decirse que este Nuevo Orden Mundial ha sido concebido a través de la fecunda influencia de la Fe anunciada por Baha'u'lláh. Por el momento, podemos sentir su agitación en el seno de una era dolorida -una era que aguarda la hora señalada para poder arrojar su carga y dar su precioso fruto. "La tierra toda", escribe Bahá'u'llah, "se halla ahora en estado de preñez. Se aproxima el día cuando habrá dado sus más nobles frutos, cuando de ella habrán crecido los árboles más elevados, los más hermosos capullos, las más celestiales bendiciones. ¡Inmensamente exaltada es la brisa que fluye de las vestiduras de tu Señor, el Glorificado! ¡He aquí que ha difundido su fragancia y ha renovado todas las cosas! Bienaventurados los que comprenden". "Los impetuosos vientos de la gracia de Dios", Él en el Súratu'1-Haykal, proclama, "han pasado sobre todas las cosas. Cada criatura ha sido dotada de todas las potencialidades posibles. ¡Y todavía los pueblos del mundo han negado esta gracia! Cada árbol ha sido dotado de los mejores frutos, cada océano enriquecido con las más luminosas gemas. El propio ser humano ha sido investido con los dones del entendimiento y del conocimiento. La creación entera ha sido con 14 vertida en el recipiente de la revelación del Todo Misericordioso, y la tierra el repositorio de cosas inescrutables para todos excepto Dios, la Verdad, el Conocedor de cosas no vistas. Se aproxima el tiempo cuando todas las cosas creadas habrán arrojado su carga. ¡Glorificado sea Dios, Quien ha concedido esta gracia que rodea a todas las cosas, visibles o invisibles!" "El Llamado de Dios", `Abdu'1-Bahá ha escrito, "una vez producido, insufló una nueva vida en el cuerpo de la humanidad e infundió un nuevo espíritu en toda la creación. Por esta razón, el mundo se ha conmovido hasta sus cimientos y los corazones y las conciencias de los hombres han revivido. Dentro de poco, las evidencias de esta regeneración, serán reveladas y los dormidos habrán de despertar". La Agitación Universal ` Al contemplar el mundo que nos rodea, nos vemos obligados a observar las distintas evidencias de esa agitación universal que, en cada continente del globo y en cada uno de los sectores de la vida humana, religioso, social, económico o político, está purificando y reformando a la humanidad en espera del Día en que la totalidad de la raza humana haya sido reconocida y su unidad establecida. Un doble pró , ceso, sin embargo, pEede,ser,-distin uidó, !cada uno tendiendo, a su modo y con acelerado ímpetu, _. a .. llevar a un clímax las fuerzas que están transformando la faz de nuestro pláneta. El primero es, esencialmente, un proceso de integración, mientras que el segundo es fundamentalmente destructivo. El pri 15 mero, a medid, que_evoluçigna 11 constantemente, revéTa un Sistema que bien puede representar el modelo de ese orden mundial hacia el cual un mundo en extrano desorden está avanzando continúaiñente; mientras que el otro, al ahondar su influencia desintegradora, tiende a derribar, con creciente violencia, las anticuadas barreras que intentan bloquear el progreso de la humanidad hacia su meta predestinada. El proceso constructivo está asociado a la Fe naciente de Bahá'u'lláh y es el precursor del Nuevo Orden Mundial que esa Fe. debe establecer a corto plazo. Las fuerzas destructivas que caracterizan al otro pueden ser identificadas con una civilización que ha rehusado responder a las expectativas de una nueva era y que, por consiguiente, marcha hacia el caos y la declinación. h Una titánica contienda espiritual, incomparable en su magnitud y extraordinariamente gloriosa en sus consecuencias finales, se está librando como resultado de esas tendencias opuestas en esta era de transición por la cual la comunidad organizada de los seguidores de Bahá'u'lláh y la humanidad como un todo están pasando. El Espíritu que ha sido encarnado en las instituciones de una Fe en crecimiento se ha enfrentado, en el curso de su marcha progresista por la redención del mundo, con fuerzas que son, en muchos casos, la negación misma de ese Espíritu y cuya prolongada existencia debe obstruir inevitablemente el logro de su propósito. Las vacías y agotadas instituciones, las obsoletas doctrinas y creencias, las gastadas y desacreditadas tradiciones que estas fuerzas representan, han sido socavadas en ciertos casos, debe observarse, por su propia senilidad, por la pérdida de su 16 poder de cohesión y por su propia inherente corrupción. Algunas han sido barridas por las poderosas fuerzas que la Fe Bahá'í ha liberado misteriosamente en el momento de su aparición. Otras, como consecuencia directa de una inútil y débil resistencia a su crecimiento en las etapas iniciales de su desarrollo, han desaparecido y han sido completamente desacreditadas. Pero otras, temerosas de la penetrante influencia de las instituciones a las que ese mismo Espíritu, en una etapa posterior, ha sido incorporado, han movilizado sus fuerzas y lanzado su ataque, destinadas a sufrir, a su tiempo, luego de un triunfo ilusorio y breve, una ignominiosa derrota. Esta Era de Transición No es mi propósito llamar la atención, ni mucho menos tratar de hacer un análisis detallado acerca de las luchas espirituales que han sucedido o apuntar las victorias que han contribuido a la gloria de la Fe de Bahá'u'lláh desde el día de su fundación. Mi principal interés no se refiere a los sucesos que han distinguido a la primera, la Era Apostólica de la Dispensación Bahá'í, sino más bien a los acontecimientos sobresalientes que se traslucen, y las tendencias que caracterizan al período formativo de su desarrollo, esta Era de Transición, cuyas tribulaciones son las precursoras de esa Era de bendita felicidad que ha de encarnar el propósito final de Dios para toda la humanidad. En una comunicación anterior, he aludido suscintamente a la catastrófica caída de poderosos reinos e imperios, en vísperas de la partida de 'Abdu'1-Bahá, 17 Cuyo fallecimiento parece haber impulsado la fase inicial de la Era de Transición en que vivimos ahora. La disolución del Imperio Germano, la humillante derrota infligida a su líder, el sucesor y descendiente directo del Rey y Emperador prusiano a quien Bahá'u'lláh había dirigido Su solemne e histórica advertencia, junto con la extinción de la Monarquía Austro-Húngara, restos del grandioso Sacro Imperio Romano, fueron ambas precipitadas por una guerra cuyo estallido señaló el comienzo de la Era de Frustración destinada a preceder el establecimiento del Orden Mundial de Bahá'u'lláh. Estos dos sucesos trascendentales deben ser considerados los hechos más tempranos de esa Era turbulenta en cuya periferia de su fase más tenebrosa estamos ahora comenzando a entrar. Al conquistador de Napoleón III, en vísperas de la victoria del Rey, el Autor de nuestra Fe, en Su Libro Más Sagrado, dirigió esta clara y siniestra advertencia: "¡Oh Rey de Berlín! ... Ten cuidado, no sea que el orgullo te impida reconocer a la Aurora de la Revelación Divina, no sea que deseos terrenales te excluyan, como por un velo, del Señor del Trono en lo alto y de aquí en la tierra. Así te aconseja la Pluma del Altísimo. Él, ciertamente, es el Más Dadivoso, el Todo Munífico. Recuerda a aquel cuyo poder trascendía tu propio poder (Napoleón III ), y cuya posición superaba tu posición. ¿Dónde está? ¿Adónde han ido las cosas que poseía? Toma advertencia, y no seas de aquellos que están profundamente dormidos. Él fue quien arrojó tras de sí la Tabla de Dios, cuando Nos le hicimos conocer lo que las huestes de la tiranía Nos habían hecho sufrir. Por lo cual, la desgracia le acosó desde todos lados, 18 y él bajó al polvo con gran pérdida. Piensa profundamente, oh Rey, acerca de él, y acerca de aquellos quienes, como tú, han conquistado ciudades y gobernado sobre los hombres. El Todo Misericordioso les bajó de sus palacios a sus tumbas. Sé advertido, sé de aquellos que reflexionan". "¡Oh, orillas del Rin!" Bahá'u'lláh, en otro pasaje de ese mismo Libro, profetiza, "Os hemos visto cubiertas de sangre, por cuanto las espadas de la retribución fueron desenvainadas contra vosotros; y tendréis otra vuelta. Y Nos oímos las lamentaciones de Berlín, aunque ella esté hoy en conspicua gloria". El Colapso del Islám El colapso del poder de la jerarquía _Shí`ih, en una tierra que durante siglos había sido baluarte inexpugnable del fanatismo musulmán fue consecuencia inevitable de esa oleada de secularización que habría de invadir, posteriormente, a algunas de las más poderosas y conservadoras instituciones eclesiásticas de los continentes europeo y americano. A pesar de no ser el resultado directo de la última guerra, esta repentina conmoción que se apoderó del pilar hasta entonces incólume de la ortodoxia islámica, acentuó los problemas y ahondó el desasosiego con el cual un mundo cansado de guerras estaba siendo atormentado. En la tierra natal de Bahá'u'lláh y como consecuencia directa de la implacable hostilidad para con Su Fe, el Islám _Shí'ih había perdido para siempre su fuerza combativa, habían caducado sus derechos y privilegios, había sido degradado y desmoralizado, y estaba siendo condenado a la desespe 19 rante oscuridad y a la extinción final. Sin embargo, no menos de veinte mil mártires hubieron de sacrificar sus vidas hasta que la Causa por la que habían luchado y muerto pudiese registrar esta victoria inicial sobre quienes fueron los primeros en repudiar sus derechos y derribar a sus bravos guerreros. "Crueldad y pobreza cayeron sobre ellos, y ellos tornaron de Dios con ira." "Observad», escribe Bahá'u'lláh, refiriéndose a la decadencia de un, pueblo vencido, "como los dichos y acciones del Islam _Shí'ih han oscurecido la alegría y el fervor de sus tempranos días y empañado la prístina brillantez de su luz. En sus primeros días, cuando ellos todavía se aferraban a los preceptos asociados con el nombre de su Profeta, el Señor de la humanidad, su trayectoria estuvo signada por una cadena intacta de victorias y triunfos. A medida que fueron gradualmente desviándose del camino de su Líder y Maestro Ideal, a medida que se apartaron de la luz de Dios y corrompieron el principio de Su Divina unidad, y a medida que fijaron su atención en quienes eran tan sólo reveladores de la potencia de Su Palabra, su poder fue transformado en debilidad, su gloria en vergüenza, su coraje en temor. Ves a qué estado han llegado". La caída de la Dinastía Qájár, reconocida defensora y servil instrumento de un clero decadente, fue casi simultánea con la humillación que han sufrido los líderes eclesiásticos Sh'íes. Desde Muhammad Sháh hasta el último y débil monarca de esa dinastía, se negó a la Fe de Bahá'u'lláh la consideración imparcial, el trato limpio y desinteresado que su causa, con justicia, había reclamado. Por el contrario, fue atrozmente hostigada, y persistentemente 20 s traicionada y perseguida. El martirio del Báb; el destierro de Bahá'u'lláh; la confiscación de Sus posesiones terrenales; Su encarcelación en Mázindaran; el reinado de terror que Lo confinó en la más pestilente de las mazmorras; las intrigas, las protestas y las calumnias que en tres oportunidades hicieron que se lo enviara al exilio y a Su última prisión en la más desolada de las ciudades; las ignominiosas sentencias dictadas contra la persona, los bienes y el honor de Sus inocentes seguidores, con la complicidad de las autoridades judiciales y eclesiásticas -todos éstos se destacan como los actos más tétricos por los cuales la posteridad hará responsable a esta sanguinaria dinastía. Otra barrera más que había tratado de obstruir la marcha progresista de la Fe quedaba así suprimida. Aunque Bahá'u'lláh había sido desterrado de Su tierra natal, la marea de calamidades que asolaba ferozmente a Él y a los seguidores del Báb no se había detenido aún. Bajo la jurisdicción del Sultán de Turquía, el archienemigo de Su Causa, un nuevo capítulo en la historia de Sus repetidos tormentos había comenzado. El derrocamiento del Sultanato y el Califato, los dos pilares del Islam Sunní, no puede ser considerado sino como la consecuencia inevitable de la feroz, sostenida y deliberada persecución que los monarcas de la vacilante Casa de `Uthmán, la reconocida sucesora del Profeta Mahoma, había lanzado contra ella. Desde la ciudad de Constantinopla, asiento tradicional del Sultanato y el Califato, los gobernantes de Turquía, por un período de casi tres cuartos de siglo, se esforzaron, con sostenido empeño, para detener los embates de una Fe por ellos temida y aborrecida. Desde el mo 21 mento en que Bahá'u'lláh puso pie en suelo turco y se convirtió en virtual prisionero del más poderoso potentado del islam hasta el año de la liberación de Tierra Santa del yugo turco, los sucesivos Califas, y particularmente los Sultanes 'Abdu'1`Azíz y 'Abdu'1-Hamíd, en pleno ejercicio de las facultades espirituales y temporales que su elevado rango les confería, infligieron al Fundador de nuestra Fe y al Centro de Su Convenio, dolores y tormentos tales que nadie puede imaginar ni pluma ni lengua describir. Solamente ellos pudieron medirlos y soportarlos. De esos dolorosos tormentos Bahá'u'lláh ha testimoniado repetidamente: "¡Por la rectitud del Todopoderoso! Si yo fuese a relatarte las cosas que me acaecieron, el alma y la mente del hombre serían incapaces de soportar su peso. El Mismo Dios es Mi testigo". Dirigiéndose a los reyes de la Cristiandad, Él ha escrito: "Veinte años han pasado, durante los cuales, día a día, hemos probado la agonía de una nueva tribulación. Ninguno de los que fueron antes que Nosotros ha soportado las cosas que Nosotros hemos soportado. ¡Fuera que pudieses comprenderlo! Aquellos que se levantaron contra Nosotros, Nos han muerto, han vertido Nuestra sangre, han saqueado Nuestra propiedad, y violado Nuestro honor". En otro pasaje, Él revela: "Recuerda Mis penas, Mis sufrimientos y ansiedades, Mis infortunios y pesares, el estado de Mi cautiverio, las lágrimas que he derramado, la amargura de Mi angustia, y ahora Mi encarcelación en esta tierra lejana ... Si te relatasen lo que sufrió la Antigua Belleza, huirías al desierto y llorarías con gran dolor... Cada mañana al levantarme del lecho encontraba las huestes de un sinnúmero de tribulaciones frente a mi puerta; y cada noche al acostarme, ay, Mi corazón se desgarraba de agonía por lo que había sufrido por la perversa crueldad de sus enemigos". Las órdenes que estos enemigos impartían, los destierros que ellos decretaban, las indignidades que infligían, los planes que trazaban, las investigaciones por ellos conducidas, las amenazas que pronunciaban, las atrocidades que estaban preparando, las intrigas y las vilezas a las cuales ellos, sus ministros, sus gobernadores y sus jefes militares se habían rebajado, constituyen un testimonio del cual casi no es posible hallar paralelo en la historia de otra religión revelada. La simple mención de los aspectos salientes de este tema siniestro alcanzaría para llenar un libro. Ellos conocían muy bien que el Centro espiritual y administrativo de la Causa que habían tratado de erradicar se había trasladado ahora a sus dominios, que sus líderes eran ciudadanos turcos, y que todos los recursos de que éstos disponían estaban a merced de ellos. Que esta tiranía, por un período de casi setenta años, estando todavía en la plenitud de su incuestionada autoridad, apoyada por las inagotables maquinaciones de las autoridades civiles y eclesiásticas de una nación vecina, y contando con el apoyo de aquellos seguidores de Bahá'u'llah que se habían rebelado contra Su Causa y se habían separado de ella, haya finalmente fracasado en extirpar a un simple puñado de sus condenados súbditos, debe resultar para todo observador imparcial, uno de los episodios más significativos y misteriosos de la historia contemporánea. La Causa de la que Bahá'u'lláh era aun el líder visible, pese a las maquinaciones de un enemigo de 22 23 poca visión, incuestionablemente triunfaba. Ninguna mente imparcial que penetrase las apariencias de las condiciones que rodeaban al Prisionero de `Akká podía ya confundirlo o negarlo. Aunque la tensión que había estado controlada, aumentó durante un tiempo luego de la ascensión de Bahá'u'lláh y los peligros de una situación aún agitada reaparecieron, se hacía cada vez más evidente que las insidiosas fuerzas del derrumbe, que durante mucho tiempo estuvieron carcomiendo los órganos vitales de una nación enferma, trepaban ahora hacia el clímax. Una serie de convulsiones internas, cada una más devastadora que la anterior, había sido ya desencadenada y estaba destinada a provocar uno de los sucesos más catastróficos de los tiempos modernos. El asesinato de ese déspota arrogante en el año 1876; el conflicto ruso-turco que pronto le siguió; las guerras de liberación que le sucedieron; el comienzo del movimiento de los jóvenes Turcos; la Revolución Turca de 1909 que precipitó la caída de `Abdu'1-Hamíd; las guerras Balcánicas con sus calamitosas consecuencias; la liberación de Palestina guardando en su seno las ciudades de 'Akká y Haifa, centro mundial de una Fe emancipada; el adicional desmembramiento dispuesto por el Tratado de Versalles; la abolición del Sultanato y la caída de la Casa de `Uthmán; la extinción del Califato; la supresión de la Religión del Estado; la derogación de la Ley Sharí'ah y la promulgación de un Código Civil universal; la supresión de varias órdenes, creencias, tradiciones y ceremonias que se consideraban intrincadamente entretejidas con las fibras de la Fe Musulmana -todo esto sucedió con una rapidez tal que ningún hombre hubiera podido imaginar. En estos golpes devastadores, dados por igual por amigos y enemigos, por naciones cristianas y por musulmanes devotos, los seguidores de la perseguida Fe de Bahá'u'lláh reconocieron las evidencias de la Mano rectora del desaparecido Fundador de su religión, Quien, desde el Reino invisible estaba desatando un aluvión de bien merecidas calamidades sobre una religión y una nación rebeldes. Comparen las evidencias de la retribución Divina que acaeció a los perseguidores de Jesucristo con estos castigos históricos que, en la última parte del primer siglo de la Era Bahá'í, han derribado al principal adversario de la religión de Bahá'u'lláh. rAcaso el Emperador Romano, en la segunda mitad del primer siglo de la Era Cristiana, tras el penoso sitio de Jerusalén, no devastó la Ciudad Sagrada, no destruyó el Templo, no profanó y robó los tesoros del Santo de los Santos, y los transportó a Roma, no erigió una colonia pagana en el monte Sión, no masacró a los judíos y exilió y dispersó a los sobrevivientes? Comparen más aún, las palabras que el perseguido Cristo, ratificadas en el Evangelio, dirigió a Jerusalén con las que Bahá'u'lláh apostrofó a Constantinopla, reveladas cuando yacía en Su lejana Prisión y registradas en Su Libro Más Sagrado: "¡Oh Jerusalén, Jerusalén, tú que mataste a los Profetas y apedreaste a quienes te fueron enviados, cuán a menudo hube de juntar a tus criaturas, como la gallina reúne a sus polluelos bajo sus alas!" Y nuevamente, mientras Él lloraba por la ciudad: "¡Si tú hubieras sabido, por lo menos en éste tu día, de las cosas que pertenecen a tu paz! Pero ahora están ocultas a tus ojos. Pues te llegarán los días en que tus enemigos abrirán un surco en ti, y te rodearán, y te mantendrán a cada 24 25 lado, y te derribarán y a tus criaturas contigo; y no dejarán de ti piedra alguna; porque tú no supiste de la hora de tu visita". "¡Oh Sitio que estás situado a orillas de los dos mares!" así apostrofa Bahá'u'lláh a la Ciudad de Constantinopla, "El trono de la tiranía, ciertamente, se ha establecido en ti y la llama del odio se ha encendido en tu seno, de modo tal que el Concurso en lo alto y quienes rodean al Trono Sublime han llorado y lamentado. Contemplamos en ti el reinado del necio sobre el sabio, y la penumbra proyectándose sobre la luz. Estás verdaderamente henchida de manifiesto orgullo. Tu externo esplendor, ¿te vanagloria? ¡Por Él, Quien es el Señor de la humanidad! Pronto perecerá, y tus hijas y tus viudas y todos los que moran en ti se lamentarán. Así te informa el Omnisciente, el Más Sabio". Al Sultán `Abdu'1-`Azíz, el monarca que ordenó los tres destierros de Baha'u'lláh, el Fundador de nuestra Fe, mientras era prisionero en la capital del Sultán, dirigió estas palabras: "Atiende, oh Rey, la palabra de Aquel Quien habla la verdad, Quien no te pide que Le recompenses con las cosas que Dios ha escogido conferirte, Quien, sin errar, holla el Recto Sendero ... Pon ante tus ojos la infalible Balanza de Dios, y, como alguien que está en Su Presencia, pesa en esa Balanza tus acciones cada día, cada momento de tu vida. Haz un examen de conciencia antes de que seas llamado a rendir cuentas, en el día en que ningún hombre tendrá fuerzas para sostenerse por temor a Dios, el día en que los corazones de los desatentos se harán estremecer". A los Ministros del Estado Turco Él, en la misma Tabla, reveló: "Os incumbe, oh Ministros de Estado, 26 observar los preceptos de Dios, abandonar vuestras propias leyes y reglamentos y ser de aquellos que son guiados correctamente ... Pronto descubriréis las consecuencias de lo que habéis hecho en esta vana existencia y se os pagará por ello ... ¡Cuán grande ha sido el número de aquellos quienes, en edades pasadas, han cometido las mismas acciones que vosotros habéis cometido, y quienes, a pesar de ser superiores a vosotros en rango, finalmente han regresado al polvo y han sido relegados a su inevitable ruina! ... Seguiréis su huella y se os hará entrar en una habitación en la que no encontraréis a nadie que os dé su amistad o su ayuda ... Los días de vuestra vida pasarán y todas las cosas de que os ocupáis y de las que os jactáis, perecerán, y vosotros, muy ciertamente, seréis emplazados por una compañía de Sus ángeles a comparecer en el lugar en que los miembros de toda la creación temblarán y la carne de todo opresor se estremecerá ... Este es el día que llegará inevitablemente sobre vosotros, la hora que nadie puede postergar". A los habitantes de Constantinopla, mientras vivía exiliado entre ellos Bahá'u'lláh, en esa misma Tabla, les dirigió estas palabras: "Temed a Dios, vosotros, habitantes de la Ciudad, y no sembréis las semillas de la disensión entre los hombres ... Vuestros días se acabarán como se han acabado los días de los que os han precedido. Al polvo retornaréis, como vuestros antecesores retornaron". "Encontramos", anota además, "a Nuestra llegada a la Ciudad, a sus gobernantes y a sus mayores cual niños reunidos jugando con barro ... Amargamente lloramos por ellos, y por sus faltas y por su total desprecio por aquello para lo que habían sido creados ... El día se apro 27 xima cuando Dios habrá creado un pueblo que recordará Nuestros días, que relatará la historia de Nuestras penurias, que pedirá la restitución de Nuestros derechos a quienes, sin ningún indicio de prueba, Nos han tratado con manifiesta injusticia. Dios, por cierto, domina las vidas de los que Nos han hecho daño, y conoce bien sus acciones. Sin duda Él los aprehenderá por sus pecados. Él, ciertamente, es el más fiero de los vengadores". Él bondadosamente exhortó a ellos: "Por lo tanto, escuchad Mis palabras, y volved a Dios, y arrepentíos para que Él por su gracia tenga piedad de vosotros, y lave vuestros pecados, y perdone vuestras transgresiones. La grandeza de Su bondad sobrepasa la furia de Su ira, y Su gracia abarca a todos los que han sido creados y ataviados con el manto de vida, sean ellos del pasado o del futuro". Finalmente, en el La-svh-i-Ra'ís encontramos estas palabras proféticas: "Atiende, Oh jefe ... a la Voz de Dios, el Soberano, el Que Ayuda en el Peligro, el Que Subsiste por Sí Mismo. .. Oh Jefe, has cometido aquello que hizo gemir a Mahoma, el Apóstol de Dios, en el Más Exaltado Paraíso. El mundo tanto te ha ensoberbecido que te has apartado del Rostro con Cuyo esplendor el Concurso en lo alto se ha iluminado. Pronto te encontrarás en evidente perdición ... El día se aproxima cuando la Tierra del Misterio (Adrianópolis) y lo que está a su lado será cambiado, y escapará de las manos del Rey, aparecerán conmociones, y la voz de la lamentación se alzará, y las evidencias del daño serán reveladas en todas partes, y la confusión se extenderá debido a aquello que a estos cautivos les ha sucedido en manos de las huestes de la opresión. El curso de las 28 cosas será alterado, y las condiciones se volverán tan lamentables que hasta las arenas en las sierras desoladas gemirán, y los árboles de la montaña llorarán y manará sangre de todas las cosas. Entonces contemplarás al pueblo en dolorosa angustia". Mil trescientos años hubieron de pasar desde la muerte del Profeta Mahoma para que la ilegitimidad de la institución del Califa, cuyos fundadores habían usurpado la autoridad de los legítimos sucesores del Apóstol de Dios, fuera plena y públicamente demostrada. Una institución que en sus comienzos había hollado derecho tan sagrado y desencadenado las fuerzas de un cisma tan penoso, una institución que, en sus últimos días, había asestado un golpe tan cruel a una Fe Cuyo Precursor era Él Mismo un descendiente de los propios Imanes y cuya autoridad esa institución había repudiado, merecía plenamente el castigo que había sellado su destino. El texto de ciertas tradiciones mahometanas, cuya autenticidad es reconocida por los propios musulmanes, y que ha sido citado extensamente por los destacados eruditos y autores Bahá'ís orientales servirá para corroborar el argumento e iluminar el tema que he tratado de exponer: "En los últimos días una angustiosa calamidad sobrevendrá a Mi pueblo en manos de su gobernante, una calamidad que ningún hombre jamás vio superada. Tan violenta será que nadie podrá hallar refugio. Dios entonces enviará a Uno de Mis descendientes, Uno salido de Mi familia, Quien llenará la tierra de equidad y justicia, así como había sido colmada de injusticia y tiranía". Y nuevamente: "Un día será presenciado por Mi pueblo cuando habrá quedado del Islam tan sólo el nombre, y del Corán tan sólo una mera apariencia. Los doc 29 tores religiosos de ese tiempo serán lo más perverso que el mundo jamás ha visto. El mal surgirá de ellos y a ellos regresará". Y nuevamente: "En esa hora Su maldición descenderá sobre vosotros y vuestro maleficio os pesará, y vuestra religión será una palabra hueca en vuestras lenguas. Y cuando estos signos aparezcan entre vosotros, aguardad el día cuando el viento ardiente pasará sobre vosotros, o el día cuando habréis sido desfigurados, o cuando piedras caerán sobre vosotros". "Oh pueblo del Corán", afirma significativamente Bahá'u'lláh, dirigiéndose a las fuerzas combinadas del Islám Sunní y del Islám _Shí`ih, "ciertamente, el Profeta de Dios, Mahoma, derrama lágrimas ante vuestra crueldad. Habéis continuado decididamente con vuestros malignos y corruptos deseos, y habéis apartado vuestro rostro de la luz de guía. Pronto veréis el resultado de vuestras acciones; pues el Señor, Mi Dios, aguarda y vigila vuestra conducta ... ¡Oh concurso de religiosos musulmanes! Por vuestras acciones la sublime condición del pueblo se ha envilecido, el emblema del Islám se ha mancillado, y su majestuoso trono ha caído". El Deterioro de las Instituciones Cristianas Hasta aquí lo referente al Islám y a los mutilantes golpes que han recibido -y recibirán aún- sus líderes e instituciones en éste, el primer siglo de la Era Baha'í. Si me he detenido demasiado en este tema, si he citado, en forma desmedida, los escritos sagrados en defensa de mi argumento, sólo ha sido por mi firme convicción de que estas merecidas ca tástrofes que han llovido sobre el máximo opresor de la Fe de Bahá'u'lláh deben figurar nw sólo entre los sucesos conmovedores de esta Era de Transición, sino como algunos de los más alarmantes y significativos eventos de la historia contemporánea. Tanto el Islám Sumí como el Islám _Shí'ih, mediante las convulsiones que se han apoderado de ellos, han contribuido a la aceleración del proceso destructivo al que me he referido previamente -proceso que, por su propia naturaleza, ha de preparar la senda para esa completa reorganización y unificación que el mundo, en todos los aspectos de su vida, debe lograr. ¿Qué decir del Cristianismo y de las denominaciones con las que está identificado? ¿Puede decirse que este proceso de deterioro que atacó las fibras de la Religión de Mahoma no ha logrado extender su perniciosa influencia a las instituciones asociadas con la Fe de Jesucristo? ¿Han experimentado ya estas instituciones el impacto de esas fuerzas amenazadoras? ,Son sus cimientos tan firmes y su vitalidad tan grande como para permitirles resistir esta embestida? ¿Caerán, a su vez, presas de su violencia, a medida que la confusión de un mundo caótico se extienda y aumente? ¿Los más ortodoxos entre ellos se han alzado ya, y de no ser así, se alzarán para repeler la acometida de una Causa que, habiendo derribado las barreras de la ortodoxia musulmana, está ahora avanzando dentro del corazón del Cristianismo, en los continentes europeo y americano? ¿Sembrará esta resistencia las semillas de una mayor discordia y confusión y, por consiguiente, servirá indirectamente para precipitar el advenimiento del Día prometido? Sólo podemos responder en parte a estas pregun 30 31 tas. El tiempo únicamente podrá revelar la naturaleza del papel que las instituciones directamente asociadas con la Fe Cristiana están destinadas a asumir en éste, el Período Formativo de la Era Bahá'í, esta oscura era de transición a través de la cual la humanidad entera está pasando. Los sucesos que ya se han manifestado son, sin embargo, de una naturaleza tal que pueden indicar la dirección en que estas instituciones se están moviendo. Podemos evaluar hasta cierto grado el efecto probable que ejercerán en ellas las fuerzas que operan tanto dentro como fuera de la Fe Baha'í. Que las fuerzas de la irreligión, de filosofía puramente materialista y de un desencubierto paganismo han sido desatadas, que están ahora expandiéndose y, como consecuencia de su consolidación, están comenzando a invadir algunas de las más poderosas instituciones cristianas del mundo occidental, es algo que ningún observador imparcial puede dejar de admitir. Que estas instituciones están tornándose cada vez más inquietas; que unas cuantas ya, apenas se han percatado de la penetrante influencia de la Causa de Bahá'u'lláh; que, a medida que su fuerza intrínseca se deteriora y su disciplina se relaja, contemplarán con profunda desazón el surgimiento de Su Nuevo Orden Mundial y gradualmente se decidirán a atacarlo; que dicha oposición, a su vez acelerará su decadencia, sólo algunos, si acaso existen, de entre quienes están atentamente observando el progreso de Su Fe, podrían sentirse proclives a cuestionar. "La vitalidad de la fe de los hombres en Dios", Bahá'u'lláh ha atestiguado, "está extinguiéndose en todos los países; nada que no sea Su saludable me 32 dicina podrá jamás restaurarla. La corrosión de la impiedad está carcomiendo las entrañas de la sociedad humana; ¿qué otra cosa, sino el Elixir de Su potente Revelación, puede limpiarla y revivirla?" Y continúa: "El mundo está doliente, y su agitación crece día a día. Su rostro se ha vuelto hacia el descarrío y la incredulidad. Tal será su situación, que describirla ahora no sería apropiado ni correcto". Esta amenaza de secularismo que ha atacado al Islam y que está socavando sus restantes instituciones, que ha invadido a Persia, que ha penetrado en la India, y que alzó su cabeza triunfante en Turquía, ya se ha manifestado tanto en Europa como en América y, en distinto grado y bajo formas y nombres diversos, desafía la base de todas las religiones establecidas, y en particular a las instituciones y comunidades identificadas con la Fe de Jesucristo. No sería una exageración decir que estamos adentrándonos en un período que los futuros historiadores considerarán como uno de los más críticos en la historia del Cristianismo. Por lo pronto, algunos de los protagonistas de la Religión Cristiana reconocen la gravedad de la situación que afrontan. Este es el testimonio de sus misioneros, tal como lo expresa el texto de sus informes oficiales: "Una oleada de materialismo está recorriendo el mundo. La tendencia y la presión de la industrialización moderna, que están penetrando hasta en las selvas del Africa Central y en las llanuras del Asia Central, hacen que los hombres de todas partes dependan y se preocupen por las cosas materiales. En el orden interno, la Iglesia ha hablado, quizá con demasiada ligereza, desde el púlpito o el estrado, de la amenaza de la secularización; pero 33 hasta en Inglaterra podemos ver lo que ha querido significar. Mas, para la Iglesia en el exterior, estas cosas son tristes realidades, enemigos con los que debe enfrentarse ... La Iglesia tiene un nuevo peligro que afrontar en un lugar tras otro; se trata del ataque decidido y hostil. Desde la Rusia Soviética, un comunismo definidamente antirreligioso está avanzando en Europa y en América por el oeste, y por el este, en Persia, India, China y Japón. Es una teoría económica, definidamente asociada con el desconocimiento de Dios. Es una religión irreligiosa ... Tiene un apasionado sentido de misión, y prosigue en su campaña anti-Dios en la base misma de la Iglesia, al mismo tiempo que lanza su ofensiva contra su frente en tierras no cristianas. Este ataque consciente, manifiesto y organizado contra la religión en general y el Cristianismo en particular es algo nuevo en la historia. Igualmente deliberada en algunas tierras en su determinada hostilidad al Cristianismo es otra forma de fe social y política: el nacionalismo. Pero el ataque nacionalista al Cristianismo, a diferencia del comunismo, está a menudo ligado con alguna forma de religión nacional -con el Islám en Persia y Egipto, con el Budismo en Ceilán- mientras que la lucha por los derechos comunales en la India está aliada con un resurgimiento tanto del Hinduismo como del Islám,'. No es necesario que, en relación a esto, haga una exposición detallada acerca del origen y características de aquellas teorías económicas y pensamientos políticos del período de posguerra que, directa e indirectamente, hayan ejercido y que todavía están ejerciendo su perniciosa influencia en las instituciones y creencias relacionadas con uno de los más difundidos y mejor organizados sistemas religiosos del mundo. Mi principal interés está más relacionado con su influencia que con su origen. El excesivo crecimiento del industrialismo y sus males derivados -tal como lo documenta la cita antes mencionada- las agresivas políticas iniciadas y los persistentes esfuerzos ejercidos por los inspiradores y organizadores del movimiento comunista; la intensificación de un nacionalismo militante, asociado en ciertos países con un sistematizado trabajo de difamación contra todas las formas de influencia eclesiástica, todos han contribuido a la descristianización de las masas y han sido responsables de una notable declinación en la autoridad, prestigio y poder de la Iglesia. Los hostigadores de la Religión Cristiana han proclamado insistentemente: "Toda la concepción de Dios es una concepción derivada de los antiguos despotismos orientales. Es una concepción indigna del hombre libre". "La religión", uno de sus líderes ha afirmado, "es el opio del pueblo". "La religión", establece el texto de sus publicaciones oficiales, "es una brutalización del pueblo. La educación debe tender a borrar de la mente del pueblo esta humillación y esta idiotez". La filosofía Hegeliana que, en otros países y bajo la forma de un intolerante y militante nacionalismo, insistió en endiosar al estado, ha inculcado el espíritu bélico, e incitado a la animosidad racial, ha conducido igualmente a un marcado debilitamiento de la Iglesia y a una grave disminución de su influencia espiritual. En contraste con la audaz ofensiva que un movimiento reconocidamente ateo ha preferido lanzar contra ella tanto dentro como fuera de la Unión Soviética, esta filosofía nacionalista, sostenida por di 34 35 rigentes y gobernantes cristianos, es un ataque contra la Iglesia de quienes fueran devotos suyos, una traición a su causa por sus propios amigos y semejantes. Ha sido apuñalada por un extraño y militante ateísmo desde el exterior y por los predicadores de una doctrina herética desde adentro. Estas dos fuerzas, cada una operando en su propia esfera de acción y usando sus propias armas y métodos, han sido además apoyadas y alentadas por el espíritu reinante del modernismo, el cual con su énfasis en una filosofía puramente materialista y a medida que se difunde, tiende en forma creciente a divorciar a la religión de la vida cotidiana del hombre. El efecto combinado de estas doctrinas extrañas y corruptas, de estas filosofías peligrosas y traicioneras, como es natural, ha sido severamente sentido por aquellos cuyos dogmas alimentaban un espíritu y un principio opuesto y totalmente irreconciliable. Las consecuencias del choque que inevitablemente sucedió entre estos intereses en conflicto fueron, en algunos casos desastrosas, y el daño que ha causado ha sido irreparable. La separación y el desmembramiento de la Iglesia Ortodoxa Griega en Rusia, a continuación del golpe asestado a la Iglesia de Roma como resultado de la caída de la monarquía AustroHúngara; la conmoción que posteriormente se apoderó de la Iglesia Católica y que culminó con su separación del Estado en España; la persecución de la misma Iglesia en México; la represión, los arrestos, la intimidación y el terrorismo de que son objeto en el corazón de Europa católicos y luteranos por igual; la agitación en la que ha caído otra rama de la Iglesia como resultado de la campaña militar en Africa; la declinación de las fortunas de las Mi siones Cristianas, anglicanas y presbiterianas en Persia, Turquía y el Lejano Oriente; los signos siniestros que presagian serias complicaciones en las equívocas y precarias relaciones existentes entre , La Santa Sede y ciertas naciones en el continente europeo -todos estos se destacan como los rasgos sobresalientes de los reveses que en casi todas partes del mundo, los miembros y dirigentes de las instituciones eclesiásticas cristianas han sufrido. El hecho de que la integridad de algunas de estas instituciones haya sido irremediablemente sacudida es demasiado evidente como para que pueda equivocarlo o negarlo un observador inteligente. La fisura entre fundamentalistas y liberales entre sus adherentes está continuamente ensanchándose. Sus credos y dogmas se han diluido y, en ciertos casos, han sido ignorados y descartados. Su vigencia en la conducta humana está perdiéndose, y el personal de sus ministerios se reduce en número e influencia. La timidez y falta de sinceridad de sus predicadores han quedado evidenciadas en varios casos. Sus bienes han desaparecido en algunos países y ha declinado el vigor de su adiestramiento religioso. Sus templos han sido parcialmente abandonados y destruidos, y el olvido de Dios, de Sus enseñanzas y de Su Propósito los ha debilitado y los ha abrumado de humillación. Esta tendencia desintegradora, por la que tanto sufrieron el Islám Sumí y el Islám Shí'ih, ¿podría desatar, al llegar a su clímax, aun más calamidades sobre las distintas denominaciones de la Iglesia Cristiana? En qué manera y con cuánta rapidez se ha de desarrollar este proceso ya iniciado es algo que sólo el futuro podrá revelar. Por el momento, no es posible calcular hasta qué punto los ataques que un clero todavía poderoso pueda lanzar contra las fuerzas de la Fe de Bahá'u'lláh en Occidente, habrán de acentuar esta declinación y aumentar el margen de desastres inevitables. Si el Cristianismo desea y espera servir al mundo en la presente crisis, deberá, según un ministro de la Iglesia Presbiteriana en los Estados Unidos, "retornar a través del Cristianismo a Cristo, retornar a través de la religión milenaria de Jesús a la religión original de Jesús". "De otro modo", agrega significativamente, "el espíritu de Cristo vivirá en otras instituciones que no serán las nuestras". *»Tan acentuada declinación en la fuerza y cohesión de los elementos que constituyen la sociedad cristiana ha conducido, a su vez, bien podemos anticipar, al surgimiento de un crecido número de oscuros cultos, de nuevos y extraños ritos, de ineficaces filosofías, cuyas sofisticadas doctrinas han intensificado la confusión de una época turbulenta. Puede decirse que en sus dogmas y objetivos ellas reflejan y testimonian la rebelión, el descontento, y las confusas aspiraciones de las masas desilusionadas que han abandonado la causa de las iglesias cristianas y han dejado de pertenecer a ellas. Un paralelo casi podría trazarse, entre estos sistemas de ideas confundidos y confusos que son el resultado directo del desamparo y el desconcierto reinantes en la Fe Cristiana y la gran variedad de cultos populares, de filosofías evasivas y de moda que florecieron en los primeros siglos de la Era Cristiana y que intentaron absorber y pervertir a la religión oficial del pueblo romano. Los adoradores paganos que en esa época constituían el grueso de la población del Imperio Romano de Occidente, se vie ron rodeados, y amenazados en ciertos casos, por la predominante secta de los Neoplatónicos, por los seguidores de religiones primitivas, por los filósofos Gnósticos, por el Filonismo, el Mitraísmo, los adeptos al culto Alejandrino, y un sinnúmero de sectas y credos semejantes, del mismo modo que los defensores de la Fe Cristiana, la religión preponderante del mundo occidental, están advirtiendo, en el primer siglo de la Era Bahá'í, como su influencia está siendo socavada por un torrente de credos en conflicto, de prácticas y tendencias que su misma bancarrota ha ayudado a crear. Sin embargo, fue esta misma Religión Cristiana, ahora en tal estado de impotencia, la que eventualmente demostró ser capaz de barrer con las instituciones paganas y de hostigar y suprimir los cultos que habían florecido en esa época. Tales instituciones, al haberse desviado del espíritu y enseñanzas de Jesucristo, al mismo tiempo que el embrionario Orden Mundial de Bahá'u'lláh adquiere forma y se desenvuelve, deberán necesariamente retroceder a la base y dejar paso al progreso de las instituciones divinamente ordenadas que se encuentran íntimamente ligadas a Sus enseñanzas. El arraigado Espíritu de Dios que, en la Era Apostólica de la Iglesia, animó a sus miembros, la prístina pureza de sus enseñanzas, la brillantez primitiva de su luz, todos indudablemente renacerán y revivirán como consecuencia inevitable de esta redefinición de sus verdades fundamentales y la clarificación de su original propósito. La Fe de Bahá'u'llah -si la valoramos debidamente -jamás ha de diferir, en ningún aspecto de sus enseñanzas, y mucho menos entrar en conflicto, con el propósito que anima a la Fe de Jesucristo ni 38 39 con la autoridad investida en ella. Este vehemente tributo que El Mismo Bahá'u'llah ha rendido al Autor de la Religión Cristiana es testimonio suficiente de la verdad de este principio central de la creencia Bahá'í: "Sabe que cuando el Hijo del Hombre rindió Su aliento a Dios, la creación entera lloró con gran llanto. Al sacrificarse a Sí Mismo, sin embargo, una nueva capacidad fue infundida en todas las cosas creadas. Sus efectos, de los cuales dan testimonio todos los pueblos de la tierra, están manifiestos ahora ante ti. La más honda sabiduría que los eruditos hayan expresado, los más profundos conocimientos que mente alguna haya descifrado, las obras de arte que las manos más diestras han producido, la influencia ejercida por el más potente de los gobernantes, no son sino manifestaciones de la fuerza vivificadora liberada por Su resplandeciente y trascendente Espíritu que todo lo penetra. Atestiguamos que cuando Él vino al mundo, derramó el esplendor de Su gloria sobre todas las cosas creadas. Mediante Él, el leproso se restableció de la lepra de la perversidad e ignorancia. Por Él, el impuro y el descarriado fueron curados. Mediante Su poder, nacido de Dios Todopoderoso, los ojos del ciego fueron abiertos y el alma del pecador fue santificada ... Es Él Quien purificó al mundo. Bendito el hombre que con la faz radiante se ha vuelto hacia Él". Signos de Decadencia Moral Creo que no es necesario decir más acerca de la declinación de las instituciones religiosas, cuya desintegración constituye un aspecto muy importante del Período Formativo de la Era Bahá'í. Como resultado de la creciente ola de secularización y como consecuencia directa de su hostilidad declarada y persistente a la Fe de Bahá'u'lláh, el Islám se ha hundido en un nivel de degradación raramente alcanzado en su historia. En forma similar y debido a causas no del todo distintas de las que actuaron en el caso de su Fe hermana, el Cristianismo se ha debilitado constantemente, contribuyendo, con su aporte en forma creciente, al proceso de general desintegración -un proceso que debe necesariamente preceder a la reconstrucción fundamental de la sociedad humana. Los signos de decadencia moral, considerados independientemente de las pruebas de la declinación en las instituciones religiosas, parecerían ser no menos notables y significativos. La declinación que han sufrido las instituciones islámicas y cristianas puede decirse que ha tenido su contraparte, en la vida y conducta de los individuos que las componen. En cualquier dirección en que dirijamos nuestra mirada y por muy precipitada que sea nuestra observación de los dichos y hechos de la generación actual, no podemos dejar de impresionarnos ante las evidencias de decadencia moral que en su vida individual no menos que en su función colectiva exhiben los hombres y las mujeres que nos rodean. No puede dudarse que la declinación de la religión como fuerza social, de la cual el deterioro de las instituciones religiosas es sólo un fenómeno externo, es la principal responsable de tan grave y conspicuo mal. "La religión", escribe Bahá'u'llah, "es el más grande de todos los medios para el establecimiento del orden en el mundo y para la pacífica satisfacción de todas los que en él habitan. El debilitamiento de 40 41 los pilares de la religión ha fortalecido las manos del ignorante y lo ha hecho audaz y arrogante. En verdad digo, cualquier cosa que haya rebajado la sublime posición de la religión, ha aumentado el descarrío del perverso, y el resultado no puede ser otro que anarquía". En otra Tabla, f ha afirmado: "La religión es una luz radiante y una fortaleza inexpugnable para la protección y el bienestar de los pueblos del mundo, pues el temor a Dios hace que el hombre se aferre a lo bueno, y eluda todo mal. Si la lámpara de la religión fuera oscurecida, el caos y la confusión sobrevendrán, y las luces de la honradez, de la justicia, de la tranquilidad y de la paz dejarán de brillar". Y en otra relación, Él ha escrito: "Haz de saber que quienes son realmente sabios han asemejado al mundo con el templo humano. Así como el cuerpo del hombre necesita ropas para vestirse, el cuerpo de la humanidad necesita ser adornado con el manto de la justicia y la sabiduría. Su vestidura es la Revelación concedida por Dios". k 0 No nos sorprende entonces que cuando la luz de la religión, como resultado de la perversidad humana, se extingue en el corazón de los hombres, y el Manto divino destinado a adornar el templo humano es deliberadamente descartado, comience inmediatamente una deplorable declinación en la suerte de la humanidad trayendo consigo todos los males que es capaz de revelar un alma descarriada. La perversión de la naturaleza humana, la degradación de la conducta humana, la corrupción y la disolución de las instituciones humanas, revelan ellas mismas, en tales circunstancias, sus peores y más repugnantes aspectos. Se envilece el carácter humano, la confianza vacila, los nervios de la disciplina se relajan, la 42 voz de la conciencia humana es acallada, el sentido de la decencia y la vergüenza se oscurece, las concepciones del deber, de la solidaridad, de la reciprocidad y de la lealtad se distorsionan, y hasta el sentimiento de paz, de alegría y de esperanza gradualmente se extingue. 19 Podemos bien admitir que tal es el estado al cual se están aproximando por igual los individuos y las instituciones. Al lamentar el infortunio de una humanidad descarriada, Rahá'u'lláh ha escrito: "No pueden encontrarse ni dos hombres de los que pueda decirse que están unidos interior y exteriormente. Las evidencias de la discordia y de la malicia son manifiestas en todas partes, aunque todos han sido creados para la armonía y la unión". En la misma Tabla, Él exclama: "¿Hasta cuándo la humanidad persistirá en su descarrío? ¿Hasta cuándo continuará la injusticia? ¿Hasta cuándo reinarán entre los hombres el caos y la confusión? ¿Hasta cuándo la discordia ha de agitar la faz de la sociedad? Los vientos de la desesperación están soplando, lamentablemente, de todas direcciones, y la contienda que divide y aflige a la raza humana está creciendo día a día". El recrudecimiento de la intolerancia religiosa, de la hostilidad racial, y de la arrogancia patriótica; las crecientes evidencias de egoísmo, de sospecha, de miedo y de engaño; el auge del terrorismo, del desorden, del alcoholismo y del crimen; la sed insaciable y la búsqueda febril de vanidades, riquezas y placeres terrenales; el debilitamiento de la solidaridad familiar; el relajamiento del control paterno; la caída en la indulgencia del lujo; la actitud irresponsable para con el matrimonio y la consiguiente ola creciente de divorcios; la degeneración del arte y de la 43 música, la corrupción de la literatura y de la prensa; la extensión de la influencia y las actividades de esos "profetas de la decadencia" quienes abogan por el matrimonio de compañerismo, quienes predican la filosofía del nudismo, quienes llaman a la modestia una ficción intelectual, quienes rehusan considerar a la procreación como el propósito sagrado y primario del matrimonio, quienes denuncian a la religión como un opio de los pueblos, quienes, si se les diera rienda suelta, harían retroceder a la raza humana a la barbarie, al caos y a la extinción final -éstas aparecen como las características sobresalientes de una decadente sociedad, de una sociedad que deberá renacer o perecer. El Derrumbe de la Estructura Política y Económica Políticamente una declinación similar, una no menos notable evidencia de desintegración y confusión, puede ser descubierta en la época que vivimos, la época que un futuro historiador podrá muy bien reconocer que ha sido el preámbulo de la Gran Era cuyos dorados días apenas podemos vislumbrar. Los sucesos apasionados y violentos que, en los últimos años,' casi han forzado al punto de completo derrumbe a la estructura política y económica de la sociedad, son harto numerosos y complejos para permitirnos, dadas las limitaciones de esta reseña general, llegar a una estimación adecuada de su índole. ' Escrito en 1936. Penosas como han sido, estas tribulaciones, no parecen haber alcanzado su clímax ni desplegado toda la fuerza de su poder destructivo. Por doquier y como sea que lo observemos, el mundo entero nos ofrece el triste y lastimoso espectáculo de un vasto, un enfermo y moribundo organismo, que está siendo desgarrado políticamente y estrangulado económicamente por fuerzas a las que ha dejado de controlar o comprender. La Gran Depresión, el desagradable resultado de las penurias más severas que la humanidad ha vivido, la desintegración del sistema de Versalles, el recrudecimiento del militarismo en sus aspectos más amenazadores, el fracaso de vastos experimentos y de flamantes instituciones en la tarea de asegurar la paz y la tranquilidad de los pueblos. las clases y las naciones, todo ello ha desilusionado profundamente a la humanidad y ha postrado su espíritu. En general, sus esperanzas se ven frustradas, merma su vitalidad, su vida se encuentra en extraño desorden, su unidad aparece severamente comprometida. En el continente europeo, una vez más, el odio inveterado y las crecientes rivalidades hacen que sus sufridos pueblos y naciones formen alianzas destinadas a precipitar las tribulaciones más horrendas e implacables que la humanidad en toda su larga trayectoria de, martirio ha padecido. En el continente norteamericano la zozobra económica, la desorganización industrial, el muy difundido descontento frente a; los fracasados experimentos llevados a cabo para reajustar una economía desequilibrada, y la inquietud y el miedo inspirados por la posibilidad de enredos políticos en Europa y Asia, presagian la proximidad de lo que puede muy bien ser una de 44 45 las fases más críticas en la historia de la República Norteamericana. Asia, que en mayor medida se encuentra pasando por uno de los momentos más severos que ha vivido en su historia reciente, se ve amenazada en sus fronteras orientales por la embestida de fuerzas que intentan agravar las luchas que ha de engendrar finalmente el nacionalismo y la industrialización creciente de sus razas emancipadas. En el corazón de Africa, arde el fuego de una guerra atroz y sangrienta -una guerra que, cualquiera que sean sus resultados, está destinada a ejercer, mediante su repercusión mundial, una influencia muy inquietante en las razas y naciones de color de la humanidad. Con no menos de diez millones de personas en armas, ejercitadas y adiestradas en el uso de las máquinas de destrucción más abominables que la ciencia haya inventado; con tres veces esa cifra de gente inquieta e irritada ante el mando de razas y gobiernos extranjeros; con un ejército igualmente enorme de amargados ciudadanos, incapaces de procurarse los artículos y las necesidades materiales que otros están deliberadamente destruyendo; con una masa aun mayor de seres humanos que gimen bajo el peso de armamentos en constante aumento, y empobrecidos por el virtual colapso del comercio internacional -con males como éstos, la humanidad parece internarse definitivamente en el límite de la fase más agonizante de su existencia. Es sugestivo que durante un reciente discurso pronunciado por uno de los más destacados Ministros de Europa, se haya formulado deliberadamente esta advertencia: "Si nuevamente se declarase una guerra en gran escala en Europa, ello traería consigo el co lapso de la civilización que conocemos. Según palabras del desaparecido Lord Bryce: `Si no ponéis fin a la guerra, la guerra pondrá fin a vosotros'." "La pobre Europa se encuentra en estado de neurastenia . . . ", es el testimonio de una de las figuras más destacadas entre sus actuales dictadores. "Ha perdido su poder de recuperación, su fuerza vital de cohesión, de síntesis. Otra guerra nos destruiría". Uno de los dignatarios más eminentes y eruditos de la Iglesia Cristiana dice: "Es probable que tenga que haber otro gran conflicto en Europa para que de una vez por todas se establezca una autoridad internacional. Este conflicto será el más horrendo de todos, y posiblemente a esta generación le toque sacrificar cientos de miles de vidas". El desastroso fracaso de las Conferencias sobre desarme y economía; los obstáculos con que se enfrentan las negociaciones para la limitación del armamento naval; el retiro de dos de las naciones más poderosas y fuertemente armadas del mundo, de las actividades y de la nómina de miembros de la Liga de las Naciones; la ineficacia del sistema parlamentario de gobierno verificada en recientes acontecimientos en Europa y América; la incapacidad de los líderes y representantes del movimiento comunista para reivindicar el tan alardeado principio de la Dictadura del Proletariado; los riesgos y las privaciones a que los gobernantes de los estados totalitarios han expuesto a sus súbditos durante los últimos años -todo ello demuestra sin la menor sombra de duda, la impotencia de las instituciones actuales para impedir las calamidades que en forma creciente amenazan a la sociedad humana. ,Qué otra cosa queda?, se preguntará una generación perpleja, ¿que pueda 46 47 restaurar la fisura que se ensancha constantemente y que en cualquier momento puede tragársela? Rodeados por todas partes por acumuladas evidencias de desintegración, de agitación y de ruina, los hombres y mujeres responsables, en todos los aspectos de la vida, comienzan a dudar si la sociedad, tal como está organizada y mediante los esfuerzos que haga por sí misma, pòdra salir del pantano en el que está progresivamente hundiéndose. éTodos los sistemas, salvo el de la unificación de la raza humana, han sido ensayados, repetidamente, y han demostrado ser deficientes. Han habido guerras y más guerras, e innumerables conferencias se han organizado y desarrollado. Los tratados, pactos y acuerdos han sido cuidadosamente negociados, concluidos y revisados. Los sistemas de gobierno han sido pacientemente probados y han sido continuamente reformados y reemplazados. Los planes económicos de reconstrucción han sido cuidadosamente elaborados y meticulosamente ejecutados. Y aun así, a una crisis le ha sucedido otra, y la rapidez con que un mundo peligrosamente inestable está declinando, se ha acelerado en correspondencia. Un abierto golfo amenaza con envolver en un común desastre tanto a naciones conformes como disconformes, a democracias y dictaduras, a capitalistas y asalariados, a europeos y asiáticos, a judíos y gentiles, a la gente blanca y de color. &El cínico diría que una encolerizada Providencia ha abandonado a, su suerte a un desventurado planeta, y ha decretado irrevocablemente su ruina. Herida y desilusionada, sin duda la humanidad ha perdido su rumbo, y parece haber perdido también su fe y su esperanza. Está vacilando sin guía ni visión, al borde del desastre. Una sensación de fa talidad parece invadirla. Una penetrante tenebrosidad está apoderándose de su fortuna a medida que se aleja y aleja de la periferia de la zona más oscura de su agitada vida y penetra en el propio corazón. Y pese a que las sombras se están oscureciendo constantemente, ¿no podríamos acaso afirmar que por momentos aparecen destellos de esperanza, brillando intermitentemente en el horizonte internacional, pareciendo mitigar por momentos las tinieblas que envuelven a la humanidad? ¿Sería falso sostener que, en un mundo de fe incierta e ideas alteradas, en un mundo de armamentos que aumentan constantemente, de inextinguibles rencores y rivalidades, puede ya ser advertido el progreso, aunque dificultoso, de las fuerzas que trabajan de acuerdo con el espíritu de la época? A pesar de que el clamor que originó el nacionalismo de posguerra está tornándose más agudo e insistente día a día, la Liga de las Naciones se encuentra todavía en su estado embrionario, y las tormentosas nubes en formación pueden eclipsar por un tiempo sus poderes y destruir su mecanismo; mas la dirección en que acciona la propia institución es muy significativa. Las voces que se han alzado desde su formación, los esfuerzos que se han realizado y el trabajo que ya ha cumplido, presagian los triunfos que ha de lograr esta institución actualmente constituida, o cualquier otro organismo que haya de sucederle. 48 49 Un pacto general de seguridad ha sido el propósito central hacia el cual han tratado de convergir estos esfuerzos desde el nacimiento de la Liga. El Tratado de Garantía, estudiado y discutido por sus miembros en la etapa inicial de su desarrollo; el debate del Protocolo de Ginebra, cuya discusión, en una etapa posterior despertó una feroz controversia entre las naciones tanto dentro como fuera de la Liga; la subsiguiente proposición de constituir los Estados Unidos de Europa y de lograr la unificación económica de ese continente; y por último, pero no menos importante, la política de sanciones iniciada por sus miembros, todos estos pueden considerarse como los hitos más significativos de su agitada historia. El hecho de que no menos de cincuenta naciones del mundo, todas integrantes de la Liga de las Naciones, tras arduas deliberaciones hayan reconocido y hayan pronunciado su veredicto contra un acto de agresión que a su criterio fuera deliberadamente cometido por uno de sus colegas miembros, una de las primeras potencias de Europa, que en su mayoría hayan acordado imponerle sanciones colectivas al condenado agresor, y que en gran medida, hayan logrado llevar a cabo su decisión, constituye sin duda un suceso sin paralelo en la historia humana. Por primera vez en la historia de la humanidad el sistema de seguridad colectiva anunciado por Bahá'u'lláh y explicado por `Abdu'1-Bahá, ha sido seriamente visualizado, discutido y ensayado. Por primera vez en la historia se ha reconocido oficialmente y se ha declarado públicamente que la fuerza 50 El Principio de Seguridad Colectiva de Bahá'u'lláh y la elasticidad son esenciales para que este sistema de seguridad colectiva sea establecido efectivamente -fuerza que implica un poder adecuado para asegurar la eficacia del sistema propuesto, y elasticidad para permitir que la maquinaria que ha sido diseñada satisfaga las legítimas necesidades y aspiraciones de sus afligidos defensores. Por primera vez en la historia humana las naciones del mundo han realizado tentativas para asumir la responsabilidad colectiva y para complementar sus promesas verbales con una efectiva preparación para la acción colectiva. Y nuevamente, por primera vez en la historia, un movimiento de opinión pública ha manifestado su apoyo en el veredicto que los líderes y representantes de las naciones han pronunciado, y en garantía de una acción colectiva para el cumplimiento de tal decisión. Cuán claras, cuán proféticas resultan las palabras pronunciadas por Bahá'u'llah, a la luz de los últimos acontecimientos internacionales: "Sed unidos, oh concurso de soberanos del mundo, pues con ello la tempestad de la discordia será acallada entre vosotros y vuestros pueblos hallarán descanso. Si uno de entre vosotros se alzare en armas contra otro, levantaos todos contra él, pues esto no es sino justicia manifiesta". Vaticinando las tentativas que ahora se están llevando a cabo, Él ha escrito: "Debe llegar el tiempo cuando la imperativa necesidad de tener una concentración vasta y omnímoda de los hombres será universalmente comprendida. Los gobernantes y reyes de la tierra deben necesariamente concurrir a ella y, participando en sus deliberaciones, deben considerar los procedimientos y medios que establezcan los fundamentos de la Gran Paz mundial entre los 51 los hombres ... Si algún rey tomare armas contra otro, todos deberán levantarse unidos e impedírselo". `Abdu'1-Baha, elaborando este tema, escribe: "Los soberanos del mundo deben concertar un tratado obligatorio, y firmar un convenio cuyas disposiciones han de ser claras, inviolables y definitivas. Deben anunciarlo a todo el mundo,, y obtener para él la ratificación de toda la raza humana. .. Todas las fuerzas de la humanidad deben ser movilizadas para asegurar la estabilidad y la permanencia de este Más Grande Convenio ... El principio fundamental que subyace en este solemne pacto ha de ser tan firme que si algún gobierno violase luego alguna de sus disposiciones, todos los gobiernos de la tierra deberán alzarse para reducirlo y someterlo, más aún, la raza humana en su totalidad, con todo el poder a su disposición, deberá decidirse a destruir ese gobierno". No cabe ninguna duda que cuanto ya se ha logrado, pese a ser significativo y sin igual en la historia de la humanidad, es extraordinariamente insignificante frente a los requerimientos esenciales del sistema anunciado por esas palabras. La Liga de las Naciones, objetan sus opositores, carece aun de universalidad, requisito previo para el éxito perdurable en el arreglo eficaz de las disputas internacionales. Los Estados Unidos de América, sus creadores, la han repudiado y se mantienen apartados, a la vez que Alemania y Japón, otrora sus más fuertes sostenedores, han abandonado su causa y se han retirado de ella. Otros opinarán que las decisiones adoptadas y las acciones hasta ahora asumidas no deben ser consideradas más que un gesto magnífico, en lugar de contribuir una prueba concluyente de solidaridad interna 52 cional. Otros podrán afirmar que aunque tal veredicto haya sido pronunciado y se hayan hecho tales promesas, la acción colectiva por último fallará en su propósito final, y que la misma Liga perecerá y quedará sumergida por la ola de tribulaciones que ha de asolar a toda la raza. Aunque así fuere, la importancia de los pasos ya dados no puede ser ignorada. Cualquiera que sea el status actual de la Liga o el resultado de su histórico veredicto, cualesquiera que sean las penurias y reveses que pueda enfrentar y soportar en un futuro inmediato, debe admitirse que una decisión tan importante señala uno de los mojones más distintivos en el camino largo y arduo que la ha de llevar a su meta, la etapa en la cual la unicidad de todo el conjunto de naciones será el principio rector de la vida internacional. Este histórico paso, sin embargo, es sólo una tenue luz en la tiniebla que envuelve a una humanidad agitada. Bien puede llegar a ser tan sólo un destello, un fulgor fugaz en medio de una confusión cada vez mayor. El proceso de desintegración debe continuar inexorablemente y su corrosiva influencia debe penetrar más y más dentro del mismo centro de una era que se hunde. Mucho sufrimiento todavía será requerido para que las naciones rivales, los credos, las clases y las razas de la humanidad se fundan en el crisol de la congoja universal, y sean forjados, por los fuegos de un tormento feroz, en una comunidad orgánica, un vasto, unificado sistema que funciona armoniosamente. Adversidades inimaginablemente aterradoras, crisis y trastornos, guerras, hambre y pestes jamás soñadas, todo podría combinarse para grabar en el alma de una negligente generación aquellas verdades y principios que ha desdeñado ad 53 mitir y obedecer. Una parálisis más dolorosa que ninguna que haya experimentado deberá avanzar y afectar la fibra de una sociedad arruinada hasta que sea reconstruida y regenerada. "La civilización", dice Bahá'u'lláh, "tan a menudo preconizada por los doctos representantes de las artes y ciencias, traerá, si se le permite sobrepasar los límites de la moderación, gran daño sobre los hombres ... Si es llevada al exceso, la civilización resultará ser una fuente de maldad tan prolífica como lo fue de bondad cuando era mantenida dentro de las restricciones de la moderación... Se aproxima el día cuando su llama devorará las ciudades, cuando la Lengua de Grandeza proclamará: `¡El Reino es de Dios, el Todopoderoso, el Todo Alabado!"' Además, Él explica:VDesde el momento en que el Súriyi-Ra'ís (Tabla a Ra'ís) fue revelada, hasta el presente día, ni el mundo se ha apaciguado, ni los corazones de sus pueblos han tenido descanso ... Su dolencia se aproxima al estado de extrema desesperación, por cuanto el verdadero Médico está privado de administrar el remedio, mientras que practicantes inhábiles son mirados con aprobación y se les concede completa libertad para actuara El polvo de la sedición ha nublado los corazones de los hombres y cegado sus ojos. Dentro de poco percibirán las consecuencias de lo que sus manos han forjado en el Día de Dios". "Este es el Día", Él nuevamente ha escrito, "en que la tierra dará a conocer sus nuevas. Los que obran con iniquidad son su carga... El Pregonero ha exclamado y los hombres han sido lacerados, tan grande ha sido la furia de Su ira. La gente de la siniestra suspira y se lamenta. La gente de la diestra mora en nobles habitaciones; beben de las manos del Todo 54 Misericordioso el Vino que es en verdad la vida, y son, ciertamente, los bienaventurados". La Comunidad del Más Grande Nombre ¿Quiénes otros pueden ser los bienaventurados sino la comunidad del Más Grande Nombre, cuyas actividades mundiales, que se consolidan continuamente, constituyen el único proceso integrador en un mundo cuyas instituciones, tanto seculares como religiosas, están en su mayoría en disolución?E Son, ciertamente, "la gente de la diestra", cuya "noble habitación" se halla en los fundamentos del Orden Mundial de Bahá'u'lláh -el Arca de salvación eterna en este más penoso Día. De todos sus congéneres en la tierra, sólo ellos pueden reconocer, en medio del tumulto de una era tempestuosa, la Mano del Divino Redentor que traza su curso y controla su destino. sSólo ellos tienen conciencia del silencioso crecimiento de ese orden mundial, cuyas fibras están tejiendo ellos mismos. Concientes de su elevada misión, confiados en el poder que posee su Fe para construir una sociedad, avanzan, sin miedo y sin pausa, en sus esfuerzos por crear y perfeccionar los instrumentos necesarios con los cuales el embrionario Orden Mundial de Bahá'u'lláh pueda madurar y desarrollarse. Es este proceso de construcción, lento y modesto, al que está consagrada por entero la vida de la Comunidad Mundial Bahá'í, el que constituye la única esperanza para una sociedad agobiada.P*Pues este proceso es impulsado por la influencia generadora del inmutable Propósito 55 de Dios, y está evolucionando dentro del marco del Orden Administrativo de Su Fe. En un mundo en el que la estructura de sus instituciones políticas y sociales está deteriorada, cuya visión está empañada, cuya conciencia está aturdida, cuyos sistemas religiosos se han vuelto anémicos y han perdido su virtud, esta Acción curativa, este Poder modificador, esta Fuerza cohesiva, intensamente viva y penetrante, ha venido formándose, se cristaliza en instituciones, moviliza sus fuerzas y está preparándose para la conquista espiritual y la completa redención de la humanidad.,o Pese a ser pequeña la sociedad que encarna sus ideales, y pese a que son insignificantes sus beneficios directos y palpables, el potencial con que ha sido dotada, y mediante el cual habrá de regenerar al individuo y reconstruir un mundo quebrantado, es incalculable.¡ En medio del ruido y el tumulto de una época aturdida, y a pesar de las incesantes persecuciones de que fueran objeto sus líderes, instituciones y seguidores, durante casi un siglo ha logrado conservar su identidad, reforzar su estabilidad y su fuerza, mantener su unidad orgánica, preservar la integridad de sus leyes y de sus principios, erigir sus defensas y extender y consolidar sus instituciones. Innumerables y poderosas han sido las fuerzas que han planeado extinguir su luz y abolir su santo nombre, tanto desde adentro como desde afuera, en tierras lejanas o cercanas. Algunos han renegado de sus principios y han traicionado ignominiosamente a su causa. Otros han lanzado contra ella los anatemas más feroces que los amargados líderes de cualquier institución eclesiástica han podido pronunciar. Y otros aun la han colmado de aflicciones y humillaciones que sólo una 56 autoridad soberana, en la plenitud de su poderío; puede infligir. Sus enemigos declarados o secretos lo máximo que podían esperar lograr era retardar su crecimiento y oscurecer momentáneamente su propósito. Lo que en realidad alcanzaron a hacer fue limpiar y purificar su vida, hacerla llegar a profundidades aun mayores, galvanizar su alma, expurgar sus instituciones y cementar su unidad. Un cisma, una hendidura permanente en el vasto cuerpo de sus adherentes, nunca pudieron crear. Quienes traicionaron su causa, sus tibios y débiles sostenedores, se marchitaron y cayeron cual hojas muertas, imposibilitados de nublar su brillantez o de poner en peligro su estructura. Sus adversarios más implacables, quienes la agredieron desde afuera, fueron desalojados del poder y encontraron su ruina, en la forma más sorprendente. Persia había sido la primera en reprimirla y oponérsele. Sus monarcas habían caído miserablemente, se había desplomado su dinastía, su nombre fue execrado, y la jerarquía que había sido su aliada y que había fomentado su declinación, fue completamente desacreditada. Turquía, que había desterrado a su Fundador en tres oportunidades e impuesto un cruel encarcelamiento a perpetuidad, ha pasado a través de las penurias más severas y las más grandes revoluciones que recuerda su historia, habiendo sido uno de los imperios más poderosos, ha empequeñecido transformándose en una pequeña república asiática, su Sultanato derruído, su dinastía derrocada y su Califato, la más importante institución del Islám, abolido. Mientras tanto, la Fe que fuera objeto de traiciones tan monstruosas y blanco de tan funestos ata 57 ques, crecía en intensidad, avanzando sin temor e intacta pese a las injurias que había recibido. En medio de las desgracias, había inspirado a sus leales seguidores con una resolución tal que ningún obstáculo, por formidable que fuera, podía socavar. Había inspirado en sus corazones una fe que ningún infortunio, por tétrico que fuera, podía extinguir. Había infundido en sus corazones una esperanza tal que ninguna fuerza, por firme que fuera, podía quebrantar. Una Religión Mundial Dejando de lado designaciones tales como movimiento, asociación y otras que perjudicaron su sistema en constante desarrollo, disociándose de tales denominaciones como secta Bábí, culto Asiático, y vástago del Islám _Shí'ih, con que los ignorantes y los maliciosos solían describirla, rehusando ser tildada de mera filosofía de la vida, o código ecléctico de conducta ética, o aun de nueva religión, la Fe de Bahá'u'lláh ya está logrando visiblemente demostrar su aspiración y su derecho a ser considerada como una Religión Mundial, destinada a alcanzar, en la plenitud del tiempo, la posición de una Mancomunidad mundial, a la vez instrumento y guardián de la Más Grande Paz anunciada por su Autor. Lejos de sentirse deseosa de sumarse a los tantos sistemas religiosos, cuyas fidelidades en conflicto han alterado la paz de la humanidad durante muchas generaciones, esta Fe está inculcándoles a cada uno de sus adherentes un nuevo amor por las distintas religiones representadas en su sociedad, y una genuina valoración de su unidad fundamental. 58 "Es como un amplio abrazo", es el testimonio de la Realeza a su aspiración y a su posición, "uniendo a todos aquellos que han buscado palabras de esperanza. Acepta a todos los grandes Profetas del pasado, no destruye a ningún otro credo y deja todas las puertas abiertas". "La enseñanza Bahá'í", ella escribe además, "trae paz al alma y esperanza al corazón. Para quienes buscan seguridad, las palabras del Padre son como una fuente en el desierto después de mucho caminar". En otra declaración referida a Bahá'u'llah y `Abdu'1-Bahá, afirma: "Sus escritos son un gran llamado por la paz, que traspasa todos los límites de las fronteras y las diferencias de ritos y dogmas ... Es un maravilloso mensaje que nos han dado Baha'u'lláh y Su hijo 'Abdu'1-Bahá. No lo han presentado en forma agresiva, sabiendo que el germen de eterna verdad que yace en su núcleo no puede menos que echar raíces y extenderse". "Si alguna vez el nombre de Bahá'u'lláh o 'Abdu'1-Bahá" -concluye diciendo- "llama la atención de ustedes, no aparten sus escritos. Busquen sus libros, y dejen que sus gloriosas palabras y lecciones, portadoras de paz y creadoras de amor, penetren en sus corazones como lo han hecho en el mío". La Fe de Bahá'u'lláh, ha asimilado, en virtud de sus creadoras, reguladoras y ennoblecedoras energías, a las diversas razas, nacionalidades, credos y clases que han buscado su sombra y que han jurado completa fidelidad a su causa. Ha cambiado los corazones de sus adherentes, destruido sus prejuicios, aquietado sus pasiones, enaltecido sus concepciones, ennoblecido sus propósitos, coordinado sus esfuerzos y transformado sus actitudes. Mientras conservan su patriotismo y salvaguardan sus menores lealtades, los 59 ha convertido en amantes de la humanidad y en decididos defensores de sus mejores y más legítimos intereses. A la vez que mantienen intacta su creencia en el origen Divino de sus respectivas religiones, les ha permitido visualizar el propósito fundamental de esas religiones, descubrir sus méritos, reconocer su secuencia, su interdependencia, su integridad y su unidad, y advertir el lazo que las une vitalmente a ella. Este universal, este trascendente amor que los seguidores de la Fe Baha'í sienten por sus congéneres de cualquier raza, credo, clase o nación, no es misterioso ni ha sido tampoco estimulado artificialmente. Es al mismo tiempo espontáneo y genuino. Quienes tienen el corazón encendido por la energizante influencia del amor creativa de Dios, quieren a Sus criaturas por amor a ÉI, y reconocen en todo rostro humano un signo de Su gloria reflejada. De tales hombres y mujeres puede decirse con certeza que para ellos "todo país extranjero es una patria, y toda patria, un país extranjero". Pues, debemos recordar que su ciudadanía está en el Reino de Bahá'u'lláh. $ Aunque deseosos de compartir al máximo los beneficios pasajeros y las fugaces alegrías que esta vida terrenal puede conferirles, aunque ansiosos de participar en cualquier actividad que conduzca a la riqueza, felicidad y paz de esa vida, en ningún momento pueden olvidar que no constituye más que una transitoria y muy breve etapa de, su existencia, que quienes viven son tan sólo peregrinos y viajeros cuya meta es la Ciudad Celestial, y cuyo hogar el País de la felicidad y el esplendor eternos. Pese a ser leales a sus respectivos gobiernos, pese a estar profundamente interesados en todo lo que afecte a su seguridad y bienestar, pese a su anhelo 60 de participar en todo lo que promueva sus mejores intereses, los seguidores de Bahá'u'lláh creen firmemente que a la Fe con la. que están identificados, Dios la ha elevado por encima de las tormentas, las divisiones y controversias del campo político. Conciben a su Fe como algo esencialmente apolítico, supranacional en carácter, estrictamente no partidaria y enteramente disociada de ambiciones, fines y propósitos nacionalistas. Esta Fe no conoce división de clase o de partido. Sin lugar a duda o error, subordina todo interés particular, sea personal, regional o nacional, a los intereses supremos de la humanidad, firmemente convencida que en un mundo de pueblos y naciones interdependientes, la ventaja de cada parte se logra mejor por la ventaja del todo, y que no puede otorgarse ningún beneficio permanente a las partes componentes si, al hacerlo, se ignoran o se relegan los intereses generales de la entidad misma. No debe sorprendernos que la Pluma de Bahá'u'lláh haya revelado estas fecundas palabras, anticipando el estado actual de la humanidad: "No debe enaltecerse quien ama a su patria, sino quien ama al mundo entero. La tierra es un solo país, y la humanidad, sus ciudadanos". Y dice nuevamente: "Es de hecho un hombre, quien hoy se dedica al servicio de toda la raza humana". "Mediante el poder liberado por estas exaltadas palabras", explica, "Él ha dado nuevo impulso,. y fijado un nuevo rumbo a las aves de los corazones de los hombres, y ha borrado todo rastro de restricción y de limitación del Libro Sagrado de Dios". Los Bahá'ís sostienen firmemente que su Fe además es no sectaria y está totalmente divorciada de cualquier sistema eclesiástico, cualquiera sea su for 61 ma, origen o actividad. No hay organización eclesiástica, con sus credos, sus tradiciones, sus limitaciones y su criterio exclusivista, podría decirse que se ajuste en todos sus aspectos a los principios cardinales de la creencia Baha'í (y tal es también el caso de todas las facciones políticas, los partidos, sistemas y programas existentes). Todo seguidor concienzudo de la Fe de Bahá'u'lláh sin duda podrá adherirse a alguno de los principios e ideales que animan a instituciones políticas y eclesiásticas. Con ninguna de estas instituciones, sin embargo, podrá identificarse, ni podrá apoyar sin reservas los credos, los principios y programas en que ellas se han basado. a Además debe tenerse en cuenta, ¿cómo puede una Fe, cuyas instituciones divinamente ordenadas han sido establecidas dentro de la jurisdicción de por lo menos cuarenta países distintos', las políticas e intereses de cuyos gobiernos están continuamente chocando y volviéndose más complejos y confusos cada día, cómo podría dicha Fe permitir a sus adherentes, ya sea individualmente o mediante sus instituciones organizadas, involucrarse en actividades políticas y lograr al mismo tiempo preservar la integridad de sus enseñanzas y salvaguardar la unidad de sus seguidores? ¿Cómo podría asegurar el vigoroso, ininterrumpido y pacífico desarrollo de sus instituciones en expansión? ¿Cómo podría una Fe, cuyas ramificaciones la han puesto en contacto con sistemas religiosos mutuamente incompatibles, con sectas y con credos, estar en posición de demandar lealtad incondicional de aquellos a quienes trata de incorporar a su sistema divina 1 Escrito en 1936. Actualmente hay Bahá'ís en más de 320 países y territorios. mente ordenado, si permite que sus adherentes se suscriban a ritos y doctrinas obsoletos? ¿Cómo podría evitar la fricción constante, los malentendidas y controversias que inevitablemente engendra la afiliación formal, tan diferente a la asociación? Los sostenedores de la Causa de Bahá'u'lláh se sienten obligados, a medida que su Orden Administrativo se expande y consolida, a mantener y aplicar atentamente estos principios directivos y reguladores de la creencia Baha'í.e Las exigencias de una Fe en lenta cristalización les impone un deber que no pueden evitar y una responsabilidad que no pueden eludir. 6 Tampoco están desatendiendo la imperiosa necesidad de defender y ejecutar las leyes ordenadas por Bahá'u'lláh, consideradas independientemente de los principios, todos los cuales constituyen la base de las instituciones sobre las que ha de descansar finalmente la estructura de Su Orden Mundial. Para demostrar su utilidad y su eficacia, para llevarlos a cabo y aplicarlos, para proteger su integridad, para entender su significado, y para facilitar su propagación, las comunidades Baha'ís de Oriente, y ahora de Occidente, realizan los máximos esfuerzos y están decididas, si fuera necesario, a hacer todos los sacrificios exigidos. Tal vez no esté lejano el día cuando en ciertos países de Oriente, en los cuales las comunidades religiosas tienen jurisdicción en cuestiones de índole personal, las Asambleas Bahá'ís puedan ser llamadas a asumir los deberes y las responsabilidades transmitidas a cortes Bahá'ís oficialmente constituidas. Serán competentes, en cuestiones tales como matrimonio, divorcio, y sucesiones, para ejecutar y aplicar, en sus respectivas jurisdicciones y con la sanción de autoridades civi 62 63 les, las leyes y ordenanzas que han sido expresamente estipuladas en su Libro Más Sagrado. La Fe de Baha'u'lláh, además de estas tendencias y actividades que su evolución está ahora revelando, ha demostrado, en otras esferas y por doquiera que ha penetrado el esplendor de su luz, la fuerza de su poder de cohesión, de su potencia de integración, de su invencible espíritu. En la erección y consagración de su Casa de Adoración en el corazón del continente norteamericano; en la construcción y multiplicación de sus centros administrativos en su país de origen y en países vecinos; en la creación de los instrumentos legales destinados a proteger y regular la vida colectiva de sus instituciones; en la acumulación de recursos adecuados, tanto materiales como culturales, en todos los continentes del globo; en las dotaciones que ha creado para sí en los alrededores inmediatos de sus Santuarios en su centro mundial; en los esfuerzos que se están realizando para la recopilación, la verificación y la sistematización de los escritos de sus Fundadores; en las medidas que se están adoptando para la adquisición de lugares históricos relacionados con las vidas de su Precursor y su Autor, sus héroes y mártires; en los basamentos que están siendo trazados para la gradual formación y el establecimiento de sus instituciones educacionales, culturales y humanitarias; en los vigorosos esfuerzos que se están realizando para salvaguardar el carácter, estimular la iniciativa y coordinar las actividades mundiales de sus jóvenes; en la extraordinaria vitalidad con que sus valientes defensores, sus representantes electos, sus maestros viajeros y sus pioneros administradores abogan por su causa, extienden sus límites, enriquecen su literatura y fortalecen la base de sus con M quistas y triunfos espirituales; en el reconocimiento que en ciertos casos las autoridades civiles han debido otorgar al cuerpo de sus representantes locales y nacionales, permitiéndoles lograr la personería jurídica de sus asambleas, establecer sus instituciones subsidiarias y resguardar sus patrimonios; en las facilidades que estas mismas autoridades han aceptado acordar a sus Santuarios, edificios sagrados e instituciones educacionales; en el entusiasmo y determinación con que ciertas comunidades que han sido severamente golpeadas y castigadas están reanudando sus actividades; en los espontáneos tributos brindados por reyes, príncipes, estadistas e intelectuales a la sublimidad de su causa y a la posición de sus Fundadores, en éstos, como en muchos otros aspectos, la Fe de Baha'u'lláh está demostrando, sin lugar a dudas, su virilidad y capacidad para contrarrestar las influencias desintegradoras de las cuales están siendo objeto los sistemas religiosos, las pautas morales y las instituciones políticas y sociales. Desde Islandia a Tasmania, desde Vancouver al Mar de la China, se difunde el esplendor y se extienden las ramificaciones de este Sistema que envuelve al mundo, de esta Fraternidad de muchas tonalidades y firme textura, infundiendo dentro de todo hombre y mujer ganado a su causa, una fe, una esperanza y un vigor que una generación descarriada ha perdido hace mucho tiempo y que ya no puede recuperar. Quienes presiden los destinos inmediatos de este perturbado mundo, quienes son los responsables de su caótica condición, de sus temores, de sus dudas, de sus miserias, harán bien, en su perplejidad, en dirigir su mirada, reflexionando en sus corazones, sobre las evidencias de esta gracia sal 64 65 vadora que el Todopoderoso pone a su alcance, una gracia que puede aliviarlos de su carga, disipar sus perplejidades e iluminar su senda. El Castigo Divino La humanidad toda está gimiendo, ansiosa de ser conducida a la unidad y de terminar con su largo martirio. Y sin embargo, se resiste tercamente a abrazar la luz y a reconocer la soberana autoridad del único Poder que puede arrancarla de sus complicaciones y conjurar la funesta calamidad que amenaza devorársela. Ominosa es, por cierto, la voz de Bahá'u'lláh que resuena en estas proféticas palabras: "¡Oh vosotros, pueblos del mundo! Sabed en verdad que una calamidad imprevista os persigue, y un doloroso castigo os aguarda. No penséis que las acciones que habéis cometido han sido ocultadas a Mi vista". Y nuevamente: "Tenemos un tiempo fijado para vosotros, oh pueblos. Si a la hora señalada no os volvéis hacia Dios, El en verdad os asirá violentamente y hará que penosas aflicciones os acosen de todas direcciones. ¡Cuán severo es, en verdad, el castigo con que entonces vuestro Señor os castigará!" ¿Debe la humanidad, atormentada como lo está ahora, ser castigada por penurias más severas aun hasta que su influencia purificadora pueda prepararla para entrar al Reino celestial que ha de establecerse sobre la tierra? La inauguración de tan vasta, tan única, tan luminosa era en la historia humana, ¿debe ser anunciada por una catástrofe tan grande en los asuntos humanos que recuerde, o incluso sobrepase, 66 al espantoso colapso de la civilización romana en las primeras centurias de la Era Cristiana? ¿Una serie de profundas convulsiones debe agitar y estremecer a la raza humana hasta que Bahá'u'llah pueda ser entronizado en los corazones y las conciencias de las masas, hasta que Su indiscutida ascendencia sea reconocida universalmente y el noble edificio de Su Orden Mundial sea erijido y establecido? 0 Los largos períodos de infancia y niñez por los cuales la raza humana ha pasado, han quedado atrás. La humanidad está ahora experimentando las conmociones invariablemente asociadas con la más turbulenta etapa de su evolución, la etapa de la adolescencia, cuando la impetuosidad de la juventud y su vehemencia alcanzan su punto culminante, y deben ser gradualmente seguidas por la calma, la sabiduría y la madurez que caracterizan a la edad adulta. Entonces la raza humana alcanzará ese nivel de madurez que le permitirá adquirir todos los poderes y capacidades de los cuales ha de depender su desarrollo final. La Unidad Mundial es la Meta La unificación de toda la humanidad es el distintivo de la etapa a la cual la sociedad se está ahora aproximando. La unidad de la familia, de la tribu, de la ciudad-estado y de la nación han sido intentadas sucesivamente y establecidas por completo. La unidad mundial es la meta hacia la cual se está esforzando una humanidad hostigada. La erección de naciones ha llegado a su fin. La anarquía inherente a la soberanía del estado está moviéndose hacia su 67 clímax. Un mundo en camino hacia la madurez debe abandonar este fetiche, reconocer la unicidad y la integridad de las relaciones humanas, y establecer de una vez por todas el mecanismo que mejor pueda encarnar este principio fundamental de su vida. Bahá'u'lláh proclama: "En esta era, una nueva vida se agita en todos los pueblos de la tierra y, sin embargo, ninguno ha descubierto su causa o percibido su motivo". Así se dirige Él a Su generación: "¡Oh vosotros, hijos de los hombres! El propósito fundamental que anima a la Fe de Dios y su Religión es proteger los intereses de la raza humana y promover su unidad... Este es el sendero recto, el cimiento fijo e inamovible. Todo lo que sea erigido sobre este cimiento, los cambios y azares del mundo no podrán nunca menoscabar su resistencia, ni el transcurso de incontables siglos podrá socavar su estructura". "E1 bienestar de la humanidad", Él declara, "su paz y seguridad son inalcanzables hasta tanto su unidad sea firmemente establecida". "Tan poderosa es la luz de la unidad", además testimonia, "que puede iluminar a toda la tierra. El Dios único y verdadero, Quien conoce todas las cosas, Él Mismo atestigua la verdad de estas palabras... Esta meta supera a toda otra meta y esta aspiración es la reina de todas las aspiraciones". "Él, Quien es vuestro Señor, el Todo Misericordioso", además ha escrito, "acaricia en Su corazón el deseo de contemplar a toda la raza humana como una sola alma y un solo cuerpo. Apresuraos a ganar vuestra parte de la buena gracia de Dios y de Su misericordia en este Día que eclipsa a todos los otros días creados". ^ La Unidad de la raza humana, vista por Bahá'u'lláh, implica. el establecimiento de una mancomunidad mundial en la que todas las razas, credos y clases estén estrecha y permanentemente unidas, en que la autonomía de sus estados miembros, la libertad personal y la iniciativa de los individuos que la componen estén definitiva y completamente resguardadas. Esta mancomunidad debe, tal como podemos visualizarla, consistir en una legislatura mundial, cuyos miembros, en calidad de albaceas de toda la humanidad, controlarán definitiva y enteramente los recursos de todas las naciones que la compongan y formularán aquellas leyes que sean requeridas para reglamentar la vida, satisfacer las necesidades y ajustar las relaciones de todas las razas y pueblos. Un ejecutivo mundial respaldado por una fuerza internacional, llevará a cabo las decisiones a que se haya llegado, y aplicará las leyes aprobadas por esta legislatura mundial, y resguardará la unidad orgánica de toda la mancomunidad. Un tribunal mundial adjudicará y dictaminará su veredicto obligatorio y final en todas y cualesquiera disputas que surjan entre los varios elementos constituyentes de este sistema universal. Un mecanismo de intercomunicación mundial, será ideado, el cual abarcará a todo el planeta, liberado de las trabas y restricciones nacionales, funcionando con maravillosa rapidez y perfecta regularidad. Una metrópolis mundial, actuará como el centro nervioso de una civilización mundial, el foco hacia el cual las fuerzas unificadoras de la vida han de convergir y del cual sus energizantes influencias serán radiadas. Un idioma mundial será inventado o elegido de entre los idiomas existentes y enseñado en las escuelas de todas las naciones federadas como un auxiliar del idioma materno. Una escritura mundial, una literatura mundial, un sistema 68 69 monetario, de pesas y medidas uniforme y universal, simplificará y facilitará el intercambio y entendimiento entre las naciones y razas de la humanidad. En semejante sociedad mundial, la ciencia y la religión, las dos fuerzas más potentes de la vida humana, se reconciliarán, cooperarán, y se desarrollarán armoniosamente. La prensa, bajo tal sistema, en tanto que dará plena libertad a la expresión de los diversos puntos de vista y convicciones de la humanidad, cesará de ser perversamente manipulada por intereses creados, sean éstos privados o públicos, y será liberada de la influencia de gobiernos y pueblos contendientes. Los recursos económicos del mundo serán organizados, sus fuentes de materias primas serán explotadas y totalmente utilizadas, sus mercados serán coordinados y desarrollados y la distribución de sus productos, será equitativamente regulada. Las rivalidades, odios e intrigas nacionales cesarán, y la animosidad y prejuicio raciales serán reemplazados por amistad, entendimiento y cooperación racial. Las causas de lucha religiosa serán definitivamente eliminadas, las barreras y restricciones económicas serán completamente abolidas y la excesiva distinción entre clases será suprimida. Pobreza extrema por una parte, y exagerada acumulación de bienes por otra, desaparecerán. La enorme energía disipada y derrochada en la guerra, ya sea económica o política, será consagrada a aquellos fines que extiendan el alcance de las invenciones humanas y del desarrollo tecnológico, al aumento de la productividad de la humanidad, al exterminio de las enfermedades, a la extensión de la investigación científica, a la elevación del nivel de salud física, a la agudización y refinamiento del cerebro humano, a la explotación de los inusitados e insospechados recursos del planeta, a la prolongación de la vida humana, y al fomento de cualquier otro agente que pueda estimular la vida intelectual, moral y espiritual de toda la raza humana. Un sistema federado mundial, gobernando toda la tierra y ejerciendo irrefutable autoridad sobre sus vastos e inimaginables recursos, que armonice y encarne los ideales del Este y Oeste, liberado de la maldición de la guerra y sus miserias y dedicado a la explotación de todos los recursos disponibles de energía sobre la superficie del planeta, un sistema en el cual la Fuerza es transformada en siervo de la Justicia, cuya vida es sostenida por el reconocimiento universal de un solo Dios, y por su lealtad a una Revelación común, tal es la meta hacia la cual la humanidad, impelida por las fuerzas unificadoras de la vida, está avanzando. po `Abdu'1-Bahá afirma: "Uno de los grandes acontecimientos que ha de ocurrir en el Día de la manifestación de esa incomparable Rama es el izamiento del Estandarte de Dios en todas las naciones. Con esto se quiere decir que todas las naciones y los seres se reunirán juntos a la sombra de esta Divina Insignia, que no es otra que la misma Noble Rama, y se convertirán en una sola nación. El antagonismo religioso y sectario, la hostilidad de razas y pueblos, y las diferencias entre naciones serán eliminados. Todos los hombres se adherirán a una. religión, tendrán una fe común, se mezclarán en una sola raza y se convertirán en un solo pueblo. Todos habitarán una patria común, que es el planeta mismo". "Ahora bien, en el mundo de la existencia", Él además ha explicado, "la Mano del poder Divino ha colocado firme 70 71 mente los cimientos de esta sublime gracia y de este maravilloso obsequio. Todo lo que está latente en lo más recóndito de este santo Ciclo gradualmente aparecerá y se hará manifiesto, pues ahora nos encontramos sólo en el comienzo de su crecimiento y en la aurora de la revelación de sus signos. Antes del fin de este siglo y de esta era, se hará claro y evidente cuán maravillosa fue esa primavera y cuán celestial fue esa dádiva". No menos fascinante es la visión de Isaías, el más grande de los Profetas hebreos, al vaticinar hace casi dos mil quinientos años el destino que la humanidad alcanzaría en su etapa de madurez: "Y Él (el Señor) juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra... Y saldrá una vara del tronco de Isaí, y un Vástago retoñará de sus raíces... Y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidora de su cintura. Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; y el becerro y el león y la bestia doméstica. andarán juntos... Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento del Señor, como las aguas cubren el mar". El autor del Apocalipsis, anticipando la gloria milenaria que habría de presenciar una humanidad redimida y jubilosa, ha atestiguado de modo similar: "Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: `He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Y enjugará Dios toda lagrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas ya pasaron ¿Quién puede dudar de que tal consumación -la madurez de la raza humana- habrá de señalar, a su vez, el comienzo de una civilización mundial que ningún ojo mortal nunca ha contemplado o mente humana concebido? ¿Quién puede imaginar el excelso rango que dicha civilización, a medida que se desarrolle, habrá de alcanzar? ¿Quién puede valorar las alturas a que habrá de remontarse la inteligencia humana, liberada de sus ataduras? ¿Quién puede vislumbrar los dominios que el espíritu humano, vitalizado por la radiante luz de Bahá'u'lláh, brillando en la plenitud de su gloria, puede llegar a descubrir? ¿Qué conclusión más adecuada a este tema que estas palabras de Bahá'u'lláh, escritas en espera de la, edad de oro de Su Fe, la edad en que la faz de la tierra, de polo a polo, habrá de reflejar el inefable esplendor del Paraíso de Abhá?: "Este es el Día en que nada puede ser visto excepto los esplendores de la Luz que brilla desde el rostro de Tu Señor, el Munífico, el Más Misericordioso. Verdaderamente, Nosotros hemos hecho expirar a cada alma por virtud de Nuestra irresistible soberanía que todo lo sojuzga. Luego hemos hecho surgir una nueva creación 72 73 como signo de Nuestra gracia hacia los hombres. Soy, en verdad el Todo Misericordioso, el Antiguo de los Días. Este es el Día en que el mundo invisible proclama: `Grande es tu bendición, oh tierra, porque has sido hecha el escabel de tu Dios y has sido escogida como el asiento de Su poderoso trono'. El Reino de gloria exclama: `Ojalá pudiera sacrificarte mi vida, porque 0, Quien es el Bienamado del Todo Misericordioso, ha establecido Su soberanía sobre ti, mediante la fuerza de Su Nombre que ha sido prometido a todo lo que existe, tanto en el pasado " como en el futuro .» Haifa, Palestina, 11 de marzo de 1936. 1 ESTE LIBRO SE TERMINO DE IMPRIMIR EL 22 DE NOVIEMBRE DE 1972 EN MACAGNO, LANDA Y CIA. S. R. L., ARAOZ 164, BUENOS AIRES
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